Samoa, la isla jardín de la Polinesia

Categorías: Oceanía | Samoa

En Rutas 10 siempre buscamos destinos impactantes y únicos. Hemos dado con uno espectacular: Samoa, la isla jardín. Este vergel rodeado por el mar Pacífico es un pequeño paraíso que permanece virgen y a salvo de la masificación. Sus casas, llamadas fales, son viviendas sin paredes, pero techadas para escapar del calor. Un destino para un descanso bien merecido.

Las ‘fales’ son viviendas sin paredes para escapar del calor.

Aloha viajeros

Su extraordinaria belleza y exotismo despiertan el deseo de aventura. Samoa, la isla jardín se encuentra en las antípodas, forma parte de Oceanía, un continente que siempre ha ejercido de imán para los aventureros más osados. Este pequeño país del Pacífico sur pertenece a la Polinesia y tiene dos islas principales: Savai’i es la más grande, pero en Upolu se encuentra su capital, Apia.

Aunque a comienzos del siglo XVIII se produjeron los primeros contactos con los europeos, es alrededor de 1830 cuando se intensifica con la llegada de comerciantes y misioneros británicos. La huella religiosa y arquitectónica que dejaron en la isla es uno de sus atractivos, pero hay otros muchos que te invitamos a descubrir. Si tu objetivo es desconectar e imprimirle un ritmo pausado a tu vida, alejado de responsabilidades, este es tu destino.

Se puede disfrutar de playas paradisíacas en soledad.

Playas paradisíacas en Samoa

El tópico de encontrase en el paraíso, aquí puede hacerse realidad. Un mar turquesa de aguas poco profundas, fondos de coral de espectacular belleza, playas solitarias de arena blanca son la norma en Samoa, la isla jardín.

Las mejores playas se localizan en la parte este tanto de la isla de Savai’i como en la de Upolu. Su acceso por carretera es fácil y la experiencia inigualable. Por un lado, suele haber pocos turistas, por otro, los samoanos no suelen disfrutar de la playa como lo hacemos los occidentales. Y esta conjunción es idónea para encontrarse disfrutando de estos lugares paradisíacos en soledad.

Pero, ojo, para poner el pie en algunas playas hay que pagar. Algunos enmarcan esta curiosa práctica en las costumbres ancestrales y aseguran que afecta por igual a samoanos y foráneos. Otros, sin embargo, lo enmarcan en un peaje para los turistas extranjeros que quieran pisar la dorada arena.

qué ver en Samoa

El colorido del interior de las iglesias es impactante.

Qué hacer en Samoa

A lo largo del siglo XIX, Estados Unidos, Gran Bretaña y Alemania se disputaron estas islas. Las tres naciones llegaron finalmente a un acuerdo, por el que Alemania pasó a administrar las dos principales: Savai’i y Upolu. La isla jardín fue el primer país del Pacífico en restaurar la independencia en 1962, pero el largo periodo colonizador dejó muestras de su influencia. De aquí las numerosas iglesias que se alzan en los recorridos.

Una recomendación: Detenerse y explorar estos templos de gran simplicidad será una grata sorpresa. Su interior nada tiene que ver con la tradición occidental y más que espacios de recogimiento, se vive una explosión de color de gran belleza.
Samoa es un país profundamente religioso, cuya población es predominantemente cristiana. El domingo es el día de descanso y se observa con diligencia. Es probable encontrar comercios y restaurantes cerrados, sin embargo se puede aprovechar para vivir la experiencia de conocer una de sus iglesias durante la misa.

Una maravilla de la naturaleza ubicada en Upolu.

To Sua Ocean Trench, la visita estrella

Pero si hay un lugar especial en Upolu es To Sua Ocean Trench. Esta maravilla de la naturaleza se localiza cerca del pueblo de Latofaga. En medio de frondosos jardines, aparece un agujero a 30 metros de profundidad al que se puede acceder por una escalera para darse un baño que se recordará toda la vida. Desde luego, merece la pena ir con tiempo para disfrutar de este paraje mágico.

Con el mar de frente como referencia, hacia la derecha se encuentra una bonita playa que, a primera vista, parece inaccesible. Si se opta por la a izquierda, aparecen pequeños acantilados y piscinas naturales con impresionantes corales. Por supuesto, nuestra recomendación es realizar ambos caminos y dejarse llevar.

Un prolífico cronista de viajes

Los amantes de la literatura tienen una parada obligatoria en Apia, la capital de Samoa. Esta ciudad, con sus almacenes, el mercado de los sábados y blancas iglesias conserva el aspecto de los antiguos puestos comerciales de los mares del sur. Sobre ella se alza el monte Vaea, que entre su exuberante vegetación acoge el descanso eterno del escritor escocés Robert Louis Stevenson, autor de la célebre La isla del tesoro. Aquí se retiró y falleció el literato en busca de un clima que beneficiara a sus delicados pulmones. En su lápida quedó grabado el nombre de Tusitala (contador de historias), apodo que le dieron los samoanos.

Un lugar de ensueño para los amantes del buceo.

Bancos de coral en Savai’i

Una travesía en barco permite saltar desde Apia a la isla de Savai’i, un viaje que conduce a los orígenes más remotos. La isla más grande también es la que más guarda las tradiciones, sobre todo, porque aún no se ha volcado al turismo.

Aquí la naturaleza se muestra en todo su esplendor, las montañas son volcanes cubiertos de denso bosque tropical. En Samoa se pueden poner en práctica actividades para disfrutar del medio como el buceo para observar los maravillosos bancos de coral o los blow holes (bufaderos). Se trata de un fenómeno que produce el agua al entrar por los conductos internos de la roca porosa y salir disparada a gran velocidad. Cuentan que si se lanza un coco, saldrá volando impulsado por la fuerza del agua.

Además, en todo el país se pueden encontrar numerosas cataratas, piscinas naturales y preciosos atardeceres que colmarán las mayores expectativas.

Probar las habitaciones tipo bungaló sobre el agua es otra experiencia fantástica. Sobre todo, despertarse cada mañana rodeado de un mar cristalino o disfrutar de los increíbles amaneceres y puestas de sol. Del mismo modo que es recomendable degustar la comida tradicional y no limitarse a la oferta de los restaurantes más estándar.

Palafitos para dormir y despertar en el Pacífico.

Con suerte, gracias a la hospitalidad de los samoanos, podrás compartir una de sus abundantes comidas de domingo. Comienza con la preparación de una hoguera con piedras volcánicas en la base y diferentes tipos de plantas como hojas de banano o conchas de coco, sin prisa se van asando bananas, cochinillo, pescado o pollo.

Eso sí, en cualquiera de los casos hay que armarse de paciencia porque el servicio no será rápido. Los samoanos tienen su propio ritmo y habrás de adaptarte.

Los amaneceres en la isla son todo un espectáculo de color.

Datos útiles para viajar a Samoa

– Merece la pena alquilar un coche, aunque ten en cuenta que se conduce por la izquierda. El precio ronda los 40 euros por día.
– Las carreteras están pavimentadas, pero no hay autopistas ni doble carril. Es seguro porque se circula muy despacio. La red de carreteras es simple, pero efectiva. Una salvedad: es preferible evitar la conducción nocturna. El coche se puede llevar en el ferry.
– El sistema de ferry es básico, pero se tarda una hora en ir de una isla a otra.
– Los días en el verano austral son largos. Oscurece más tarde de las 20:00 h.
– Los paisajes son francamente espectaculares.
– Los samoanos están orgullosos de sus jardines, así que los cuidan con suma dedicación.
– Las islas están limpias y suelen ser seguras para moverse.
– La isla de Savai’i es incluso más tranquila y más bonita que Upolu.
– La comida no es barata y es poco variada. La fruta es orgánica y el pescado abundante.
– La moneda nacional es el tala y se habla inglés.
– Desde Samoa hay vuelos directos a Fiji, Hawaii, Australia y Nueva Zelanda.

Nuestro agradecimiento a Juan Salvador, guía de Rutas 10, por transmitirnos su experiencia para poder contarla en este blog y por las impactantes fotos que ha realizado para conocer un poco más Samoa, la isla jardín. Aquí podréis ver más imágenes.

Fotos y presentación: Rutas 10 (Juan Salvador Martínez)

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