---------------------Experiencias de un viaje por la Ruta de la Seda--------------------------

Eterna y global, más Ruta de la Seda que nunca

Es un gran viaje que no se conforma sólo con atravesar la geografía, sino que también transcurre a través de la historia, la cultura, la política y la religión.

 

Día 0 – Algún día de finales de julio. Los preparativos

Si no me llamase Daniel, probablemente me hubiese llamado Marcos. En la pugna que tuvieron mis padres por elegir el nombre de su segundo hijo, ganó mi madre y mi hermano mayor que se alió con ella. Mi padre quería llamarme Marcos como San Marcos y como Marco Polo, uno de sus héroes. Al final me llamo Daniel como San Daniel o Daniel Boom pero quizá por aquella razón entre tanto santo, Marco Polo es también santo de mi devoción y ha sido junto con Tintín y el Willy Fog de Julio Verne los impulsores de haberme convertido en el viajero, periodista y hasta guía de viajes que hoy soy.

Estoy volviendo a casa, a Madrid, ahora vivo en Birmania, para preparar mi próxima gran expedición. Cuando mi amigo Salva, un compañero de batallas de cuando trabajamos en la televisión en China, me propuso la idea de hacer de guía para una expedición a través de la Ruta de la Seda ni me lo pensé dos veces. Sabía que él lo había hecho el año anterior y lo hubiese vuelto a hacer si no fuera porque está trabajando en otra cosa en medio del Pacífico, en la isla de Fiji, y de donde desgraciadamente para él y afortunadamente para mí, no se podía escapar. De todas formas Fiji suena como un buen lugar para no poderse escapar.

Gracias a Dios, a Marco Polo, a Buda, a Tao, a Allah, a Confucio, a Gengis Khan, a los gusanos de seda o a quien más le pueda agradecer, me lo he podido montar para esquivar mis obligaciones profesionales (además de las lluvias pues es tiempo de monzón) en Birmania durante el tiempo que dura el viaje y... ¡voy a hacer de guía acompañante en el viaje de la Ruta de la Seda Plus de la agencia Rutas 10!

Al llegar a mi casa de Madrid lo primero que hago es buscar el libro de Los Viajes de Marco Polo. Fue durante un tiempo uno de mis libros de cabecera y seguramente todavía hoy me inspira la forma en que se escribió. Es mucho más que un libro de viajes. Es casi un tratado etnográfico y algo por donde comenzar a prepararme para la que se me avecina.

La Ruta de la Seda puede ser para un viajero como la confirmación de ese título. Hay míticos grandes viajes como el Camino de Santiago, el Transiberiano, atravesar la Gran Carretera del Centro de Australia o la Ruta 66, y junto a ellos todavía la Ruta de la Seda por extensión y significado se queda corta.

Encuentro por fin Los Viajes de Marco Polo y cual es mi sorpresa cuando hojeando el libro me encuentro con 16.000 de las antiguas pesetas. ¡Guauuuu, esto es un buen augurio! Hubo una época en la que guardaba los ahorros en mis libros, utilizándolos de hucha. Cuando llegó el euro vivía en Francia y en la primera oportunidad que tuve al llegar a España, cambié todas las pesetas que tenía. Éstas se me pasaron inadvertidas. Hoy más que nunca el libro hace honor a como también se le conoce “El libro de las maravillas”.

Para preparar mi Ruta de la Seda enseguida pensé en Los Viajes de Marco Polo y Salva me recomendó el libro de un popular autor británico “La sombra de la Ruta de la Seda” de Colin Thubron. Lo estuve buscando durante un tiempo sin éxito y cuando lo encontré en una vieja librería de viajes de Madrid, el libro valía 43¤, lo que en aquel momento me pareció excesivo.

Unos días antes de partir tenía que pasar por la oficina de Rutas 10 en Madrid para recoger mi pasaporte con los visados necesarios y toda la información que necesitaba para el viaje. Tras el hallazgo de las pesetas comencé a considerar el libro como un regalo del destino.

Mientras viajaba a la oficina de la agencia de viajes en Madrid pensaba en la mejor combinación de transportes posible para antes ir al Banco de España a cambiar las pesetas. Hasta las 11 no había quedado en la oficina. Me monté en el autobús. Me puse el curso de idiomas que llevaba en el mp3 y comencé el escucha y repite que el curso me ordenaba. Me sonaba a chino. Después de haber vivido 5 años en China, ya llevaba casi dos en Birmania y tenía el chino un poco oxidado. Pero con el viaje de la Ruta me había propuesto refrescarlo. En el fondo la mayor parte del trayecto trascurriría en China y si me habían elegido como guía también había sido sobre todo por los conocimientos de la lengua.

Llegué al centro de la ciudad. Cogí un taxi. Y pensé las contadas ocasiones en las que utilizaba ese medio de transporte en mi ciudad. Yo soy de bici y de andar. Me sorprendí de lo exagerado del precio de la carrera que comparé recordando los reducidos precios de Pekín, la ciudad en donde concluiría nuestra Ruta y en la que durante cinco años sí había abusado de aquel medio de transporte. Las distancias en la capital china no son ni para andar ni para ir en bici.

El taxi me dejó en la boca del metro. Me apresuré por las escaleras mecánicas. En el camino iba calculando el viaje que me disponía a hacer. No había sido nunca bueno en matemáticas pero era un lince calculando trayectos, mi especialidad. Me conocía además el Metro de Madrid como la palma de la mano. A pesar de que en mi ausencia – llevo mucho tiempo viviendo fuera – el Metro había crecido mucho y habían surgido multitud de nuevas estaciones. Las nuevas eran periféricas. No las necesitaba hoy.

Mi cabeza sabía exactamente adónde y como ir. De Arturo Soria a Goya, en Goya línea 2 y hasta Banco de España.

Mientras me acercaba al banco, pensaba en el deseo de que aquellas no fueran mis últimas pesetas olvidadas. Ya en otro momento, en otro tránsito, había encontrado otros billetes de pesetas forrando algún libro escogido de mi librería al azar o por capricho.

Al entrar vi el detector de metales. Antes de que el de seguridad se dirigiera a mí ya me había quitado hasta el cinturón. Tenía experiencia también en esto de los detectores de metales. En ocasiones pasaba más a menudo por detectores de metales de aeropuertos que por la puerta de mi casa.

Por dieciséis mil pesetas me dieron noventa y seis euros con algunos céntimos. Al salir, con el bolsillo repleto de los euros más nuevos que había visto en mi vida, comencé a subir la calle Alcalá. Me apresuraba para alcanzar la oficina y volver a salir pitando para comprarme el bendito libro.

Ese día volví a casa no sólo con mi nuevo ejemplar de la “Sombra de la Ruta de la Seda” y la información del viaje que la agencia me proporcionó, sino que allí también me regalaron un ejemplar de la mítica Embajada a Tamerlán de Ruy González de Clavijo, el embajador español que viajó a Samarkanda; y el número especial de la revista Altaïr, mi revista de viajes favorita, sobre la Ruta de la Seda.

Hubo un tiempo en el que viajaba cargado de libros, sin embargo últimamente voy con un ebook y una tableta y allí llevo incluso una mayor biblioteca que la que antes nunca podía transportar. A pesar de todo parece que entre el equipaje para la Ruta de la Seda vuelvo a contar en papel con una pequeña gran biblioteca sobre el tema. Y no me cabe duda. ¡Es lo primero que meto en la maleta!

Día 1. 3 de agosto. ¡Allá Vamos! ¡Y que vaya como la seda!

He tenido unos días para familiarizarme con la ruta y comenzar a leer la revista y los libros que compré y me regaló Rutas 10. Según se acerca el día de la partida me cuesta dormir pero he comenzado sin embargo a soñar. Los sueños me transportan a épocas pasadas, al tiempo de Marco Polo, de Gengis Khan, del propio Ruy González de Clavijo, de Alejandro Magno... Sueño con diversos personajes pero siempre en un mismo escenario: la Gran Ruta de la Seda.

La mítica y grandiosa Ruta de la Seda. Una expresión que permanece en la memoria como evocadora de grandes aventuras y como escenario maestro de la literatura de viajes. Fue la ruta a través de la que llegaron a Europa las más exóticas mercancías conocidas hasta la época; ricos manjares, nuevos materiales como el tan preciado y delicado tejido que posteriormente le dio nombre, la seda. Con ella se empezó a vestir a emperadores romanos y a reyes bárbaros. ¡Los únicos que podían pagarla!

Pero ¿Porqué es tan importante la Ruta de la Seda?... La respuesta es tan compleja y exuberante como el propio trazado de la misma. Esa complejidad es la que asegura su eterna continuidad. En realidad la ruta no fue una sola sino una enmarañada red de caminos. Más bien una dirección. En ambos sentidos. Y ninguna caravana la recorrió en su totalidad... Los comerciantes recorrían el tramo de una ciudad a otra donde pasaban el testigo de su mercancía que inundaba los bazares y continuaba persiguiendo el horizonte en ambas direcciones.

Aquel recuerdo de la historia volvió a finales de 2013 cuando yo todavía vivía en China y su nuevo presidente, Xi Jinping, anunció su intención de despertar las antiguas y gloriosas rutas comerciales marítimas y terrestres del aletargado dragón asiático. Poco después, en 2014 zarpa con ese cometido el tren Yixinou. Durante 21 días recorre la distancia que separa la ciudad china de Yiwu, en la más oriental provincia de Zhejiang y su puerto final en Occidente: Madrid, la capital española.

Algunos ven en la Ruta de la Seda el origen de la globalización, lo que la convierte en un concepto básico para comprender la moderna idea del mundo. Esto podría explicar por ejemplo porqué nuestro plato nacional la paella tiene tanto en común con el plato típico de Asia Central, el plov; o el pilau de India, con los que comparte no sólo ingredientes sino cierta proximidad fonética.

Aquel entramado de la Ruta de la Seda nos sugiere también la red de redes que es hoy Internet y con la que comparte una función básica como transmisor de información. ¿Entonces como no va a ser importante la Ruta de la Seda?... Aquellos originales planteamientos y sus modernas conexiones sirven para explicar de nuevo el interés y el potencial del renacimiento que experimenta la Ruta de la Seda. Y no sólo como destino turístico. Los países de Asía Central cada vez más protagonistas en el desarrollo del mundo del siglo XXI, también están ayudando a configurar esa nueva Ruta de la Seda. Turkmenistán, Uzbekistán, Tayikistán, Kirguistán, Armenia, Georgia, Azerbaiyán o el inmenso Kazajistán vuelven a estar en el mapa. Por no citar a China que a finales de la década de los 70 del siglo pasado despertó de su letargo y se vuelve a convertir a velocidad de vértigo en la potencia mundial que ya fue cuando surgió la Ruta de la Seda.

No hay una fecha concreta del surgimiento de la Ruta de la Seda, ni siquiera del invento de la seda como material. Pero se han encontrado rastros de seda en yacimientos arqueológicos en Turkmenistán que podrían datar del tercer milenio antes de Cristo y en tumbas de faraones egipcios de los siglos XVI y XV antes de nuestra era. Incluso antes, en cuevas neolíticas chinas han aparecido gusanos de seda grabados en roca, lo que sugiere que ya por entonces se conocerían las posibilidades del tejido.

Por otro lado hay vestigios que demuestran que la Ruta o rutas comerciales que dieron lugar al concepto de la Ruta de la Seda ya se utilizaban de una manera más que frecuente, casi continúa, durante los últimos siglos antes de nuestra era. Sin embargo el nombre de Ruta de la Seda como tal fue acuñado por el viajero, geógrafo y científico alemán Ferdinand von Richthofen quien realizó hasta siete expediciones a China entre 1868 y 1872.

Tan ambigua como su aparición, fue su declive. En realidad la Ruta de la Seda nunca desapareció, siempre se mantuvo latente inspirando historias y siendo uno de los viajes más deseados por los grandes aventureros. Esa importancia ha crecido con el tiempo, reflejo del renovado interés geopolítico en la zona. En el siglo XIX Rusia y el Reino Unido convirtieron Asia Central en un tablero de ajedrez, desafiándose con el denominado Gran Juego, para ver quien establecía su dominio en las rutas comerciales terrestres a las indias orientales.

Tras la caída de la Unión Soviética y la independencia de las repúblicas del Turkestán occidental, la influencia rusa se desvaneció. Sin embargo, ahora Rusia ha vuelto, lo que los historiadores denominan el Nuevo Gran Juego, en el que además de Rusia y Europa, también participan Estados Unidos y China.

Sin duda se trata de una región con un importante interés estratégico. Es además una bonita zona del mundo con un infinito patrimonio histórico y cultural que convierte cualquier viaje a través de ella en una increíble lección de historia, la continúa sensación de viajar visitando un museo; y un paseo por maravillas naturales únicas. Y yo me dispongo a vivir en primera persona la experiencia de la Ruta. Yo como guía acompañante y otros 14 viajeros, todos picados por la curiosidad de la historia y las ganas de descubrir.

Kavafis pedía en su Ithaca que “tu camino sea largo, rico en experiencias, en conocimientos”, y esto es precisamente lo que ofrece la mítica Ruta de la Seda. Desde luego el camino es largo. En nuestro caso la caravana comienza en Madrid desde donde volamos via Estambul a Tashkent, la capital de Uzbekistán, para terminar 28 días después en Pekín, la capital de la República Popular China. Son algo más de 4,000 kilómetros en los que mirando de cerca da la sensación de que aquí, hasta muy el último tramo, no ha pasado el tiempo.

Enfrascado en estos pensamientos, a veces sueños, llego al aeropuerto de Madrid y mientras espero leyendo ya en la puerta de embarque, alguien me hace señas en la distancia. Salgo del ensimismamiento. Ese alguien pronto descubro que es Marian, una profesora asturiana de Bellas Artes, que después de presentarse me presenta al resto del grupo que ya se ha ido formando. Marian y Juancar de Asturias, Javier y Maripaz de Madrid, Alberto y María José de Valencia, el trío de salmantinas: María José, Ana y Miriam; y Consu, la gallega independiente, estamos a punto de embarcar.

Según se acercaba la fecha de partida hemos estado en contacto a través de emails y habíamos quedado en encontrarnos aquí. Evidentemente viajamos juntos. Nos estamos todos todavía. Pero comienza nuestra Ruta. ¡Y que vaya como la seda!

Dia 1. II parte. ¡Hola Asia!

De Madrid a Estambul y de Estambul a Tashkent.

Los viajes son siempre una aventura. Es principalmente para eso para lo que viajamos. Bueno pues La Ruta de la Seda Plus no va a ser para menos y cuando todavía no nos hemos dado cuenta si quiera de haber partido ya empieza la diversión.

Sobrevolamos la Estambul europea cuando se termina de poner el sol. Ya hemos comenzado el descenso y con las últimas luces del día se puede apreciar la belleza del Estrecho del Bósforo y la majestuosidad de la Estambul asiática con la cúpula de Santa Sofía y sus icónicas 4 torres dando la bienvenida desde el horizonte al vecino continente. ¡Que suerte aterrizar en Estambul a esta hora del día!

Sin embargo ese ratito de calma fue fugaz. Me habían avisado en Rutas 10 que la conexión de vuelo que teníamos en Estambul estaba muy ajustada pues tendríamos menos de una hora para el transbordo. Pero era algo contra lo que no podíamos hacer nada. ¡Salvo correr! Y eso es lo que nos tocó hacer al llegar al aeropuerto. Tocamos tierra casi al mismo tiempo que estaba programado nuestro segundo vuelo. Y desde que aterrizamos hasta que el avión aparcó y pudimos desembarcar se hizo una eternidad. ¡Al menos para mí!

Menos mal que estamos acostumbrados a los códigos de los aeropuertos y a pesar de ser todos diferentes, suelen ser bastante intuitivos lo que hace relativamente fácil navegar por sus terminales.

Nada más bajar busco la pantalla con las conexiones de vuelos. ¡Ya vamos tarde! ¡Y además somos nada más y nada menos que 11 pasajeros que se resisten a perder un avión! Luego nos daríamos cuenta que en realidad eramos más, pues había muchos más pasajeros con destino final Tashkent.

Uzbekistán se ha convertido en los últimos años en uno de los destinos turísticos estrella de Asia Central. No es para menos. Además de los vestigios de la Ruta de la Seda, que no son pocos, cuenta también con atractivos naturales que hacen que la visita valga mucho la pena. Tashkent, la capital, es la principal puerta de entrada, especialmente para los viajeros que llegan al país en vuelos internacionales.

Cuando uno está nervioso, es definitivamente más torpe. ¡Y el tiempo corre más deprisa! Hubo un momento en el que corriendo para alcanzar la puerta de embarque del vuelo a Tashkent, ya daba por perdida la conexión...

Pero al igual que buscamos aventuras, también esperamos magia. En los viajes se produce. Y nuestra Ruta de la Seda no iba a ser menos. Al llegar a la puerta de embarque nos damos cuenta de que el avión nos está esperando. ¡Yuhuuuuuuuuuu! Claro no iban a dejar a la mitad de los pasajeros en tierra, cuando la propia compañía sabe de su conexión tan ajustada.

Una vez en el avión, volvemos a dejarnos caer por la loma de la montaña. Los viajes son como una montaña rusa en el que se pasa de momentos de inaguantable estrés a esa dulce sensación que nos provoca el haber segregado tanta adrenalina. Y ese proceso que se repite tan constantemente es lo que a nivel fisiológico probablemente tanto engancha. Bueno pues de esos momentos en esta Ruta de la Seda vamos a tener a gogó.

Volamos toda la noche, aunque se hizo cortísima. ¡Claro volamos en dirección contraria al sol, al encuentro del día! Y éste nos está ya esperando al llegar a Tashkent. Son algo más de las 6 de la mañana y hace ya un calor tremendo. Parece que se ha estropeado la rueda del termostato y se les ha ido de las manos. ¡42 grados de buena mañana es una gran sorpresa!

¡Otra sorpresa! ¡Nos faltan algunas maletas! ¡Oh noooooooo!

Ya nos habían avisado que al tener un vuelo tan ajustado, se suelen perder las maletas. Más bien retrasar. A nosotros en Estambul nos dio tiempo a correr. Parece que a algunas maletas no.

La llegada a Uzbekistán es un poco caótica. El vuelo venía lleno y no somos los únicos que hemos perdido maletas. Tras formalizar los trámites de llegada y responder a las infinitas cuestiones que supone el formulario de entrada al país, ya oficialmente en Uzbekistán, allí nos está esperando Madina, nuestra guía uzbeka que nos ayuda a reclamar las maletas que faltan.

Como ella bien nos explicará después en perfecto español, Madina es uzbeka, aunque sólo de pasaporte ya que en realidad es tártara. Esto se explica debido a la política demográfica y de migraciones internas que hubo en esta región durante la época de la Unión Soviética e incluso antes.

De hecho el mismo Uzbekistán, así como el resto de las repúblicas de Asia Central son una invención soviética. Lenin consciente del monstruo que estaba creando, dividió aleatoriamente el territorio y a las divisiones resultantes las obligó a convertirse en repúblicas para poder unirse a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, la antigua URSS.

A lo largo de nuestro viaje nos daremos cuenta de que aquella división dejó a naciones de pueblos divididas con fronteras de por medio. Por este motivo existen uzbekos en Kirguistán, en Tajikistán y hasta en la provincia china de Xinjiang; así como tajikos en Uzbekistán, Kirguistán, Afganistán y Xinjiang; o kirguises también distribuidos por todos los países vecinos de Kirguistán.

Efectivamente la medida del zar de los soviets no fue tan aleatoria como la división del territorio sino que se hizo con el claro objetivo de reducir su influencia dividiéndolos. “Divide y vencerás” decían los romanos, algo de lo que también era consciente Lenin, así como muchos otros gobernantes todavía hoy en día.

De igual modo aunque por otros motivos, de variada índole, otros pueblos eslavos, persas y túrquicos habitan también Uzbekistán. Cosacos, sartos, karakalpakos, baskires, armenios y hasta koreanos además de kirguises, tajikos y kazajos  se cuentan entre los grupos étnicos del país.

Ese fue el caso de los antepasados no tan lejanos de Madina, nuestra simpática guía, cuyo físico la delata. Es alta, rubia y con los ojos miel claros, bastante diferente del prototipo de mujer centroasiática que genéticamente se encuentran más próximos de los turcos, dado que provienen de ancestros comunes.

Vaya jaleo de pueblos, regiones, naciones, países... y esto acaba de comenzar. Sin duda esta Ruta de la Seda Plus es mucho más que un simple viaje, es toda una inmersión a una clase magistral de geografía, historia, cultura, demografía, política, relaciones internacionales y hasta meteorología. Ésta última bastante presente pues el calor nada más llegar nos ha dejado tumbados. Y al salir del aeropuerto a eso vamos, a desayunar y a echarnos un rato en el hotel.

Dia 2 – Al tantán de Uzbekistán

De Tashkent a Jiva (4 agosto)

El viaje desde el aeropuerto de Tashkent al hotel es un paseo por grandes y largas avenidas pobladas de mastodónticos edificios de estilo soviético. Se nota la impronta que los rusos dejaron aquí, una marca que se extiende por todas las repúblicas de la esfera soviética desde el Rhin en Europa hasta Vladivostok en el extremo oriente, y países como Mongolia y China, que también estuvieron, y hasta continúan, en la órbita “comunista”.

Yo había leído que Uzbekistán era uno de los países más pobres y expoliados de Asia Central. Sin embargo este primer paseo a través de la capital me da la impresión de ser una ciudad grandiosa, majestuosa, amplia. Las iglesias ortodoxas se entremezclan con las mezquitas, mucho más numerosas. Las cúpulas doradas se combinan con alminares decorados con coloridos mosaicos, ofreciendo un cierto aire kitch a la ciudad. Numerosos momentos decoran este primer decorado uzbeko en el que no faltan árboles y jardines. Me sorprende que haya tantos espacios verdes.

En poco tiempo estamos en el hotel, un edificio que hace honor al estilo soviético. Es una mole gigantesca de granito con un interior, como descubriremos poco después, cubierto de mármoles. ¡Es grandioso! ¡Tanto como el viaje que acabamos de emprender! Aunque antes de entrar nos llama la atención la algarabía que hay formada a las puertas. Un numeroso grupo de personas, en atuendo de domingo, aguardan a lo largo de un provisional dosel alargado en forma de arco decorado con globos que se encuentra a la entrada del hotel.

Madina nos explica que se trata de una ceremonia que forma parte de una boda. Se denomina el “Plov de la mañana” y al que sólo suelen asistir los hombres. Nos enteramos que la boda es uno de los acontecimientos más importantes de la cultura uzbeka. Tradicionalmente las uniones eran decididas por los padres aunque hoy en día, sobre todo en las grandes ciudades, los cónyugues tienen cada vez más libertad para elegir a sus consortes. En este momento Madina baja el tono y nos confiesa que es por eso que ella todavía no se ha casado. Y tiene 27 años, cuando la edad para casarse en la mayoría de lo casos no supera los 25 para las chicas. Ella espera a casarse por amor.

El plov de la mañana se realiza después de la primera plegaria el mismo día o un día antes de la boda. En Uzbekistán las bodas pueden llegar a durar varios días. A esa plegaria que se realiza en la mezquita sólo acuden los hombres. El plov es un guiso, generalmente de cordero y ternera, con una base de arroz y verduras. ¡Una especie de paella uzbeka vaya! Tradicionalmente el plov de la mañana lo cocinaba la familia de la novia y se servía en la casa del novio. Sin embargo actualmente, especialmente en las grandes ciudades y entre la gente pudiente, se organiza en hoteles o restaurantes.

Toparnos con la ceremonia al llegar al hotel nos ha animado ya que después del largo viaje estamos tan cansados que sólo queríamos ir a dormir. También nos ha abierto el apetito. Tras dejar las maletas en la habitación bajamos a desayunar. Allí nos encontramos a Mayte y a Joan.

Ya había comentado que al salir de Madrid no estábamos todos. Aquí en Tashkent ampliamos el grupo con una pareja que también participará de esta aventura de la Ruta de la Seda Plus. Esta pareja de burgalesa y catalán salieron desde Barcelona un poquito antes que nosotros y han pasado la noche en el hotel. Están frescos y Mayte enseguida nos da la bienvenida con una hiperactiva personalidad. Se intuye desde ya que va a ser la gran animadora del grupo. O una de ellas.

Degustando el sabor de una taza del famoso té uzbeko les ponemos al día de nuestra aventura en el aeropuerto de Estambul. Ellos han volado primero a Moscú. A pesar del cansancio, el grupo está animado con la energía y la excitación del comienzo de algo grandioso. No obstante tras el desayuno nos retiramos a descansar un par de horas mientras que Mayte y Joan salen a pasear por Tashkent.

El descanso se nos hizo corto pues a mediodía tenemos el vuelo a Urgench, el aeropuerto más cercano de la mítica Jiva, el primer gran destino para nuestra caravana. Tashkent se va a quedar como un pequeño aperitivo, aunque no para todos...

Después de cambiar dinero, una pequeña gran odisea en la que nos sentimos pequeños agentes de la mafia participando del mercado negro de divisas en Uzbekistán, salimos para el aeropuerto. Cual sería nuestra sorpresa al llegar al mostrador de facturación y darnos cuenta de que hay un pequeño contratiempo. ¡De nuevo los mecanismos de defensa se ponen alerta!

- Pero ¿Cómo es posible?

- ¡Debe haber un error!

La azafata de tierra nos confirma que sólo hay 11 reservas.

- ¡Pero si ahora somos 13!

 

Intentamos negociar para poder embarcar todos juntos pero por algún malentendido Marian y Juan Carlos tienen billete para el siguiente avión que sale en la tarde. Después de intentar todas las opciones, nos confirman que el vuelo está completo y debemos esperar hasta la hora del embarque para saber si hay plazas libres, algo que no ocurrió con lo que nuestra pareja de asturianos se va a dar una vuelta por Tashkent hasta la hora de su vuelo.

Como nos contarían después la pequeña excursión que la agencia local les organizó, les ha gustado mucho. Además ellos ya han estado en Uzbekistán e incluso conocen Jiva de modo que contentos con la posibilidad de descubrir un poco más de Tashkent, nosotros nos despedimos para esperarles luego en Jiva.

Si en Tashkent hace calor, en Jiva es para derretirse. Sin embargo el decorado es tan bonito que ni nos molesta y nada más llegar al hotel, la mayoría de miembros del grupo nos vamos a descubrir la ciudad. Eso sí después de reponernos de la gran sorpresa que supone el llegar al hotel en donde nos vamos a alojar.

Hemos llegado a Jiva rodeando la muralla y parece que hemos entrado por la puerta de atrás. Sin embargo al llegar al hotel estamos en el medio de la escena. Se diría que la ciudad ha estado construida alrededor de nuestro hotel. No en vano el Orient Star  era la madraza o medersa Mohammed Amin Khan recovertida y renovada. Fue la mayor madraza no sólo de Jiva o Uzbekistán sino de toda Asia Central y es una verdadera joya de la arquitectura islámica de esta región.

El exterior cuenta con todos los elementos de una madraza o escuela coránica monumental. El pórtico de la entrada con su arco de medio punto y las preciosas mayólicas da paso a una sencilla recepción por la que no se adivinaría el espectacular patio interior alrededor del que se organizan las habitaciones.  Sus 125 celdas divididas en dos plantas podían acoger hasta 260 escolares. Hoy esas celdas convertidas en habitaciones todavía guardan el aura misterioso de cuando eran pacíficos refugios dedicados al estudio del Corán.

Se encuentra nada más cruzar la puerta oeste de la muralla que divide la ciudad, dando lugar a las dos secciones en las que está divida Jiva: Itchan-Qala y Dichon-Qala. Intramuros es la zona más monumental, ¡como si fuera el casco antiguo vaya! Y la zona exterior de la muralla en donde se produce el verdadero espectáculo de la vida local al asentarse la mayoría de la población.

Consciente de que el Intramuros lo visitaríamos al día siguiente con una visita guiada, sin dudarlo ni un momento y aprovechando que tenemos la tarde libre, yo junto con otra pareja que no quiere dormir la siesta, como una bala nos lanzamos directos al más allá, al otro lado de las murallas.

Pasear por la periferia de Jiva nos regala esquinas desiertas donde perros cansados de no hacer nada dormitan a la sombra; sombras desde donde señoras vigilan la levedad del paso del tiempo y a turistas perdidos como nosotros; alguien se cruza en bicicleta por nuestro camino acercándose para vernos más de cerca; y cuando comenzábamos a pensar que Jiva era un decorado en el que hoy no había rodaje, nos topamos con una escena de chicos peleando mordiendo el polvo.

Ellos casi tan emocionados como nosotros de vernos, nos dan la bienvenida para explicarnos que practican Kurash, la famosa lucha libre uzbeka, aunque también popular con distintas variaciones en todo Asia Central. Después averiguaríamos que en realidad procede de los turcos y por eso es común a todos los pueblos turcomanos de la región.

 

Con ese primer encuentro nos damos cuenta de lo amigables que son los uzbekos. Poco después caeríamos en la cuenta de que ellas aunque un poco más tímidas en un principio, son igual de extrovertidas. Sin embargo en su cultura hay drástica distinción de géneros y no está bien visto que las chicas hablen y se relacionen con extraños, especialmente chicos, que no sean de la familia.

Jiva estoy seguro que es una ciudad acostumbrada a los turistas, pero no muchos se deben aventurar tan lejos fuera de las murallas. Al pasear por los estrechos callejones sentimos la curiosidad, nos apunta desde todas direcciones. Ha comenzado a caer el sol y la ciudad comienza a mostrar que hay vida. Mujeres y niñas hacen cola en la fuente, otras ya han comenzado a baldear agua alrededor de la puerta de sus casas, un hábito bastante común al que se dedican siempre ellas al principio de la tarde. Niños juegan en las calles transportándome a mi infancia cuando en verano, ya en vacaciones, esperaba ansioso el final del mediodía para poder escaparme a la calle a jugar, pretendiendo que ya no hacía calor.

Pero poco más podemos disfrutar del espectáculo – ¡Vaya ahora que había comenzado la película! – Sin embargo se acerca la puesta de sol y hemos quedado para verla todos juntos antes de ir a cenar. De todas formas la película continúa y sólo acaba de comenzar. Hoy es todavía sólo el primer día de esta Ruta de la Seda Plus y nos quedan otros 27.

La puesta de sol desde las alturas de Jiva es sublime. Hay siempre algo de misterioso en el desierto y más en un oasis donde se combina con la magia de la vida y la música que produce el agua. Mientra miro al sol poniéndose tras las dunas en el horizonte, vuelve a mí el sonido de las niñas baldeando agua alrededor de la puerta de sus casas y me deleito pensando que Jiva efectivamente es un oasis en el medio del desierto.

A la hora de la cena, de nuevo estamos todos. Marian y Juan Carlos han llegado de Tashkent y nos cuentan su excursión por la ciudad. Nos ponen un poco los dientes largos pero no tanto como los manjares que los camareros nos ponen sobre la mesa. Ya hablaremos sobre la comida uzbeka... De momento sólo decir que si el restaurante de la primera noche en Jiva ofrecía un escenario incomparable, la cena no fue para menos.

Dia 3 – ¡Jiva, por ti no pasa el tiempo!

La visita a Jiva (5 agosto)

El día anterior pudimos intuir porqué Jiva es esa legendaria ciudad-oasis en el medio del desierto y con la visita de hoy confirmaremos porqué es una de las tres joyas uzbekas de la Ruta de la Seda.

Incrustada en medio de los desiertos del Kyzulkum y el Karalkum, topónimos en donde kum significa desierto, en una esquinita de Uzbekistán casi ya en Turkmenistán, cuenta la leyenda que Jiva fue fundada hace 2.500 años cuando un hijo de Noel descubrió un pozo en medio del desierto exclamando “Khi-mal" que se traduciría por “agua dulce”. A pesar de encontrarse entre desiertos la zona recibe la influencia del poderoso río Amur Darya que en sus mejores tiempos desembocaba en el Mar de Aral.

Desgraciadamente debido a la política hidrológica de los soviéticos en primer lugar y actualmente del gobierno uzbeko, el Mar de Aral se seca debido a que el río ya no consigue verter sus aguas en el mar. El caudal del río se ha canalizado hasta la extenuación, aunque por otro lado continúa formando un pequeño valle tremendamente fértil que influencia la formación del oasis sobre el que se asienta Jiva.

 

Por otro lado es curioso que a partir de las 6 de la tarde cuando el sol comienza a caer, la temperatura baja drásticamente. Hay lugares en los que el calor es perenne. En Jiva al estar rodeada por desierto, después de la primera noche hemos comprobado que al ponerse el sol baja la temperatura y en la madrugada hasta puede hacer fresco. Un frescor que se prolonga hasta las 8 de la mañana, la hora en que hemos quedado para iniciar la visita. ¡Hoy salimos con la fresca!

Como estamos en todo el meollo, no acabamos de dejar el hotel cuando a la salida enfrente ya encontramos la primera visita del día: el Palacio de Kukhna Ark, la residencia de los gobernantes de Jiva. Desde el momento en que entramos en el palacio, que es casi una fortaleza, la jornada fue un recorrido por el laberinto de callejones que recorre la ciudadela y que en algunos casos me recordaba vagamente a las juderías que existen en algunas ciudades andaluzas o a esos zocos interminables de algunos países árabes, pero en miniatura.

El paseo por la ciudad nos llevó a otros palacios, madrazas, mezquitas, de invierno y de verano, mausoleos... Tuvimos la oportunidad de subir a las torres de algunos edificios desde donde contemplar a contraluz la silueta de la ciudad dominada por esbeltos minaretes recubiertos de cerámicas vidriadas de vivos colores. En algún momento antes de que el cansancio nos venciera paramos en algún caravasar, las antiguas casas de huéspedes donde las caravanas descansaban varios días antes de retomar el camino.

Impresionante es la visita al caravasar de Allah-Kuli-Khan. Está perfectamente conservado así como el mercado adyacente y la madraza. Según descubriremos, como la mayoría de los caravasares tiene planta rectangular y en este caso todavía se aprecian las 105 habitaciones destinadas a los comerciantes en el primer piso, mientras que los espacios de la planta baja se reservaban como almacenes y cuadras para animales.

En otro caravasar, mucho más moderno y modesto, con un ambiente totalmente familiar, comimos. El menú del almuerzo se pareció bastante a la cena del día anterior. Ensaladas frescas variadas con ingredientes cuya combinación de colores en algunos momentos me recordó a las mayólicas que recubren las portadas en forma de arco – los famosos pistach de influencia persa –  de las madrazas que por la mañana habíamos visitado. ¡Un tentempié refrescante!

Si la mañana estuvo dedicada a los monumentos, el mediodía se centró más en descubrir a los personajes históricos de la ciudad, aquéllos que realmente convirtieron a Jiva en grandiosa, como Pahlavon Mahmud , el santo patrón de la ciudad. Fue un poeta, filósofo y legendario guerrero. Su mausoleo destaca como uno de los edificios más bonitos de Jiva. Las paredes y la cúpula de la sala donde se encuentra la tumba están completamente cubiertas de arabescos vegetales azules y blancos e igualmente decorados con poemas escritos por el propio santo.

La sensación de paz que le invade a uno al entrar en este lugar es directamente proporcional a su gran belleza. Se puede considerar un lugar mágico, místico. Así lo pensamos todos los miembros de nuestro grupo. Según avanzaría el viaje nos daríamos cuenta de que como esté hay infinidad de lugares por descubrir a lo largo de toda la Ruta de la Seda.

 

Como no podía ser menos, el exterior de la cúpula del Mausoleo de Pahlavon Mahmud del color azul turquesa tan típico en esta zona para este tipo de edificaciones, destaca sobre los ocres de las mamposterías que dominan la ciudad, convirtiéndolo en la referencia más fácilmente reconocible del cielo en la tierra de Jiva.

Para terminar la visita de Jiva, después de comer Madina nos regala algo que no está en el programa pero que ella también considera un diamante en bruto de la ciudad. Se encuentra a las afueras de la muralla de modo que tenemos un paseo, algo que bajo el potente sol de esta ciudad y a esta hora, a algunos les hace dudar. Sin embargo ella nos convence de que merece mucho la pena.

Efectivamente el Palacio de Nurullaboy es una maravilla de la arquitectura rusa de estilo europeo aunque con numerosos elementos del arte islámico oriental que nos trasladan de nuevo al lugar donde estamos. En algunos casos es una preciosidad de la fusión de ambas estilos artísticos, el ruso y el islámico centroasiático, y es la manera de Madina de devolvernos al presente.

Nos hemos pasado todo el día abstraídos por la historia, transportados hacia un tiempo que sucedió hace mucho pero que aquí en Jiva da la impresión que continúa. Jiva, Khiva o Xiva como se puede ver también algunas veces escrito dependiendo de como se realice la transcripción, es una ciudad modesta, es casi un pueblo. Al menos en el interior de sus murallas. Sin embargo por la gran cantidad de mezquitas, madrazas y palacios se puede intuir lo próspera que llegó a ser.

El Kanato de Jiva – donde gobierna el kan o soberano – era el más antiguo de la zona, se fundó en el 1512 y junto con los kanatos de Qoqan y de Bujara que incluía a Samarkanda, fue una de las tres potencias de la región hasta que fueron absorbido por el dominio ruso. Aunque en un principio Jiva no era la capital, el máximo esplendor del kanato llegó cuando la ciudad ostentó esa titularidad. Fue conocida como el mayor mercado de esclavos de Asia Central y uno de los más importantes centros del mundo islámico. En algunos aspectos quiso rivalizar con Bujara, el khanato más próximo. Esa rivalidad la llevó a querer construir un minarete más alto que el del famoso conjunto Poi Kalyan de Bujara, una auténtica maravilla del arte islámico en la zona. Ese intento es el minarete Kalta Minor, la pintoresca torre de color azul turquesa, que a veces se ve verde mar, con forma de chimenea que se encuentra a las puertas de nuestro hotel y hasta donde nos acompaña Madina para despedirse hasta la hora de la cena.

Tenemos unas horitas libres hasta la cena y mientras algunos deciden retirarse al hotel, otros optamos por ir a descansar a una famosa chaikhana o casa de té uzbeko. Paseando por la ciudad anteriormente nos habían seducido de lejos los tapchanes y nos hemos quedado con las ganas. La casa de té a la que nos dirigimos es una espacio abierto al aire libre en el que se sitúan numeroso tapchanes, las típicas estructuras de madera recubiertas de cojines que bien podrían confundirse con camas y que se encuentran a la puerta de la mayoría de las casas uzbekas. Son el núcleo de la vida familiar y vecinal en Uzbekistán y otros países de esta región del mundo. Para nosotros hoy va a ser el lugar perfecto para echarnos una pequeña siesta o simplemente ver la vida pasar en este especial y nuevo lugar del mundo.

Yo me hubiese tirado en el tapchán el resto de la tarde pero hemos quedado de nuevo para ver la puesta de sol e ir a cenar. Después de la experiencia de ayer, esa puesta de sol es para no perdérsela. Con igual de ilusión esperamos la cena. Después de haber cenado fuera en el medio de una plaza la noche anterior, mis compañeros de caravana quieren volver a repetir la experiencia. En esta ocasión Madina nos lleva a un restaurante nuevo en el que para mí sorpresa cenamos al lado de una fuente. Esa música de agua me devuelve a la memoria la imagen de las mujeres de Jiva baldeando agua. Inevitablemente en el desierto relacionamos agua con los oasis y creo que es este el recuerdo más intenso que me llevo de Jiva, ese vergel en medio del desierto que nos ha puesto sin marcha atrás en la senda de esta Ruta de la Seda Plus.

Dia 4 – En el desierto también hay vida.

De Jiva a Bujara (6 agosto)

Cuarto día de viaje. Hemos podido ya descansar dos noches enteras después de la primera noche de viaje y los ánimos están tranquilos, incluso algo melancólicos por tener que dejar esta ciudad de cuento que es Jiva.  Nos vamos con un muy buen sabor de boca y la pequeña desazón enseguida se compensa con la ilusión de viajar a Bujara, la mística Bujara, esa otra perla de la Ruta de la Seda Plus que por capricho del destino también se encuentra en territorio uzbeko.

Ese siguiente destino de nuestra caravana se encuentra a 450 kilómetros aunque la carretera parece no estar en muy buenas condiciones con lo que se prevee un largo día de trayecto. Viajamos en autobús y según sabemos, gracias a las fuentes de información privilegiada con que contamos, la ruta es un bonito trayecto principalmente a través del desierto. De paso también vamos a parar de nuevo en el aeropuerto de Urgench pues han llegado las maletas que se habían extraviado. Javier y Maripaz después de haber vivido con lo mínimo este primer par de días van a poder contar con su equipaje.

Al salir de Jiva volvemos a toparnos con el desierto, pero es realmente desde que salimos de Urgench, una vez ya con todos los equipajes, cuando el camino se vuelve más inhóspito. No hay nada. La carretera va vacía. Pero espera ahí...

La primera parada la realizamos en un mirador que hay para contemplar el río Amur Darya en su camino hacia lo poco que queda del Mar de Aral. El espectáculo es impresionante. La mayoría de los ríos en Asia Central desembocan en mares interiores – principalmente en el mar Caspio y el Mar de Aral – y en sus últimos tramos suelen formar fértiles deltas.

Las cuencas de los ríos Amur Darya y Syr Darya (Darya en las lenguas túrquicas significa río)  que delimitan el territorio uzbeko forman una de las zonas más fertiles de Asia Central a pesar de contar con un clima muy seco. Eso hizo a los rusos introducir cultivos de regadío que necesitaban gran cantidad de agua como el algodón. Tras el éxito de las primeras cosechas se intensificó la producción y el algodón se convirtió en el monocultivo de los campos uzbekos. Tras la independencia del país de la Unión Soviética en 1991, el gobierno uzbeko ha continuado el modelo que desde hace años se ha demostrado insostenible.  Uzbekistán es uno de los principales productores mundiales de algodón, y de una gran calidad.

Con todo y con eso a estas alturas y ese poderoso río Amur Darya aquí frente a nosotros todavía conserva unas considerables dimensiones, muy a pesar del abuso que se le infringe durante todo su trascurso. Sorprende ver como un río de tales dimensiones se hace paso a través de un paisaje tan seco. Es una de esas imágenes contradictorias que se graban en la memoria para siempre. La belleza de la desolación.

Continuamos nuestro viaje y a mediodía hacemos otro alto en el camino para almorzar en una fonda en el medio de la nada. Sorprendentemente allí nos encontramos con otro grupo de españoles que van en dirección contraria. Vienen de Bujara y se dirigen a Jiva. Intercambiamos impresiones mientras esperamos nuestras raciones de pinchos morunos de cordero y ternera, lo único que Madina nos recomienda comer y que resultaron deliciosos. De postre nos ofrecen unas tajadas de las que probablemente sean las mayores sandías que yo he visto en mi vida. Y de las más dulces también.

Volvemos a ponernos en marcha. Mientras algunos dan una cabezadita en el autobús, a mí la belleza del paisaje me hace soñar despierto. Los desiertos son esos lugares proclives a las aventuras. Mientras pienso en ello nos topamos con un grupo de turistas haciendo autostop. ¡Aquí está nuestra aventura del día! Después descubriríamos que son daneses y se les ha averiado su autobús. Van en la misma dirección que nosotros y como nuestro autobús va medio vacío, les hacemos un hueco y viajamos el resto del trayecto todos juntos.

Da la casualidad que los daneses también se hospedan en nuestro mismo hotel de manera que al llegar a Bujara desembarcamos todos juntos. El bus nos deja en la famosa Plaza Lyaby Hauz que tenemos que atravesar para llegar al hotel. ¡Es como la plaza del pueblo! Rodeada de impresionantes edificios es un lugar que vibra con una intensa vida propia. Un bazar cubierto con cúpulas, la mezquita con su fachada recubierta de azulejos de vivos colores y diseños  que no puede faltar y que en estas ciudades está casi siempre enfrentada a una madraza, delimitan el espacio de la plaza.

Allí se asientan en la tarde las terrazas de algunas casas de té, cuyos tapchanes son testigos de las animadas conversaciones de los mayores mientras que pequeñas atracciones de feria entretienen a los más pequeños. Vendedores  ambulantes, de recuerdos turísticos y deliciosos caprichos. Señoras que ya tienen todo hecho y vienen a comer pipas mientras comentan la jornada. La primera impresión de esa plaza nos va a cautivar. Y a ofrecer la mejor bienvenida a Bujara. Se está poniendo el sol y el almuecín desde su alminar llama por quinta y última vez al rezo mientras la plaza continúa su actividad.

¡Estamos en Bujara! Otra de esas ciudades que nos convierten en personajes de algún cuento de las Mil y una noches... Otra ciudad de mitos y leyendas que en este siglo XXI hace que el visitante se convierta en héroe de una gran epopeya con ansias de aventura. Pero a estás horas, son cerca de las 6 de la tarde, tenemos hambre así que sin perder mucho tiempo dejamos las maletas, nos damos una ducha y en un par de horas salimos a descubrir Bujara comenzando por algún buen restaurante.

Creo que ya he mencionado que la comida de Uzbekistán es riquísima. Cada noche, durante el alto de nuestra caravana en este país, fue un ágape, pero donde realmente disfrutamos de la comida fue en Bujara. Y no sólo por la comida sino por los restaurantes donde cenamos. Esta primera noche Madina nos sorprende con un restaurante a la altura de la ciudad, nunca mejor dicho, pues tenemos una vista aérea privilegiada de los principales monumentos.

El restaurante Minjifa se encuentra al aire libre, en la terraza del ático de un edificio histórico exquisitamente renovado y que ofrece unas vistas desde el aire igual de exquisitas en el centro de Bujara, a muy poca distancia de la plaza Lyaby Hauz. Desde aquí atisbamos por primera vez el omnipresente alminar Kalon o Kalyan, el icono de Bujara y con el que pretendió competir el minarete Kalta Minor de Jiva del que nos habíamos despedido esa misma mañana.

De los numerosos platos que cenamos esta primera noche en Bujara, recuerdo especialmente los mandi, una especie de raviolis hechos de masa y jugosamente rellenos de carne de cordero y verduras y la ensalada de zanahorias y remolacha aliñada con diferentes especias.

Recuerdo que todas las noches en Bujara, y estuvimos 3 noches en la ciudad, comimos mucho pero quizá esta primera fue en la que con más ganas lo cogí, y terminé bastante lleno. No suelo cenar demasiado porque luego no puedo dormir bien. Esa noche no lo pude evitar. 

 

Pero como muestra de su gratitud, los daneses nos habían regalado un par de botellas de alcohol local, una de vino y otra de vodka que los uzbekos llaman no'kis. Uzbekistan es principalmente un país musulmán, sin embargo los muchos años de influencia soviética han hecho al pueblo uzbeko tolerante e incluso consumidor de alcohol.

Al llegar de vuelta al hotel, después de la gran comilona, nos tomamos un chupito digestivo o dos, mientras departíamos sentados en los tapchanes del patio del hotel. Llevamos ya 4 días juntos y el sentimiento de estar viajando con amigos comienza a sentirse más intensamente entre nosotros. Creo que después de los brindis con el vodka local de esta noche nuestra caravana va a tener ya su propia identidad como grupo de amigos, que da la sensación a veces que hasta se conocen de toda la vida.

Día 5 – Mística pero señorial Bujara.

Visita a Bujara (7 de agosto)

Bujara comenzó siendo la capital de un emirato samánida, una dinastía persa de gobernantes que destacaron especialmente como importantes mecenas del arte y la literatura, allá por finales del primer milenio. Era ya por entonces un importante enclave comercial de la Ruta de la Seda. Su influencia se extendía desde Mongolia hasta los límites del actual Pakistán. Incluso la ciudad de Samarkanda se incluía en este territorio aunque la grandeza de esta última llegaría mucho después con la dinastía de los timúridas.

Cuando Bujara comienza a destacar en el mapa es la época de la expansión del islam por está región que en aquella época se conocía como Transoxiana o Serindia y suponía la fusión del mundo “turco-persa”. Hoy genéricamente se conoce como Asia Central, Eurasia Central, Asia Interior o el Turquestán Occidental, una región actualmente dividida en los seis países cuyos topónimos terminan en -tán: Turkmenistán, Tayikistán, Afganistán, Kazajistán, Kirguistán, parte de Pakistán y Uzbekistán, en donde como sabemos actualmente se encuentra la ciudad de Bujara, a donde llegamos anoche.

Con la llegada del islam Bujara se convirtió en un eminente centro religioso y cultural. Llego a contar con más de un centenar de mezquitas y muchas más madrazas coránicas. La ciudad albergaba a los escolares por miles y a los maestros que impartían sus enseñanzas por cientos. Uno de estos maestros fue el famoso médico y filósofo Ibn Siná – Avicena – quien nació en Bujara en el año 980.

Pero no todo fue gloria en Bujara. Después de la dinastía samánida, llegaron los mongoles. Gengis Khan arrasó la ciudad a comienzos del siglo XII y cuenta la leyenda que lo único que se salvó fue la torre Kalon o Kalyan. El terrible guerrero mongol se apiadó de la belleza de la torre y gracias a eso, como ya pudimos observar desde el restaurante donde cenamos anoche,  continúa en pié como símbolo de la ciudad.

El brillo volvió a Bujara durante la dinastía timúrida aunque desde entonces siempre a la sombra de la grandiosa Samarkanda, que Timur convirtió en la nueva capital del reino, mientras que Bujara hacia las huestes de capital religiosa y eso a pesar de que Timur o Tamerlán, como se le conocía en Europa, nunca basó su gobierno en la religión, aunque sí la utilizó a su favor cuando le convino.

Como ya sabemos Bujara, junto a nuestra querida Jiva, que hacía apenas 24 horas que habíamos dejado, y Samarkanda a donde llegaríamos en dos días, ya en el siglo XVII, se convirtieron en capitales de ricos khanatos musulmanes. Son mayormente de esta época, aunque bastante renovados, los caravasares, bazares, mezquitas, madrazas y principales monumentos que nos encontramos durante nuestra visita a la ciudad.

 

Al igual que en el caso de Jiva, la ciudad comenzó a ser renovada durante la última época soviética, una labor que el gobierno del Uzbekistán independiente intensificó cuando la ciudad fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1993, apenas dos años después de la declaración de independencia.

Comenzamos nuestra visita por los caravasares que nos encontramos alrededor de la plaza Lyaby Hauz, nada más salir del hotel. En ellos nos damos cuenta de que actualmente se han convertido en comunidades de artesanos. Lo que antes eran habitaciones para los viajeros que necesitaban reposo después y antes de varios días continuos de viaje, hoy han pasado a ser tiendas.

Los caravasares recuperados de Bujara de hoy en día funcionan de hecho como un antiguo gremio, pero con diversidad de artesanos. En ellos se mezclan pintores, ceramistas, bordadores, latoneros, peleteros, orfebres y algunas profesiones manuales más que principalmente aunque no sólo se dedican a fabricar recuerdos turísticos.

Sí, inevitablemente los nuevos caravasares tienen un carácter principalmente turístico. Sin embargo Bujara a pesar de la extrema renovación de su centro, sigue siendo una ciudad, a diferencia de Jiva, que bulle de actividad, y no es simplemente un decorado turístico como se apreciaba más claramente en aquélla.

Si Jiva es bonita... ¡Bujara tiene más carácter!

Aunque estos modernos caravasares han heredado la principal función de los bazares, éstos también siguen existiendo y en Bujara, al igual que habíamos visto en Jiva, se encuentran cubiertos de monumentales cúpulas.

El mercado, la ciudadela, los caravasares, las mezquitas, las madrazas, los bazares... Bujara es realmente una ciudad grandiosa con infinitos atractivos y cada cual más interesante que el anterior. El día estuvo cargadito de momentos inolvidables. Entre ellos la mezquita de verano fue sin duda uno de los momentos más conmovedores del día. Hoy es viernes y es día grande en las mezquitas pues se produce la mayor plegaria.

Cuando llegamos a la mezquita de verano se está preparando para esa gran oración del viernes. Hay un gran alboroto. Las mezquitas de verano además son abiertas de modo que se puede observar desde fuera todo el interior. Digamos que son como un escenario en el que como en el teatro mirando al mihrab los fieles son la cuarta pared.

Algunos voluntarios terminan de colocar las alfombras por el suelo en las zonas más exteriores, mientras que otros ya han comenzado las abluciones que requiere el protocolo del rezo. A la mezquita principalmente son varones los que acuden, aunque en la mezquita de verano de Bujara está permitida la oración del viernes también a las mujeres, eso sí, ambos sexos se colocan en lugares distintos. Los hombres generalmente delante y las mujeres detrás.

La mayoría de creyentes viste sus mejores galas. Entre ellos abunda el sempiterno tubeteika, el gorro cuadrado típico de los uzbekos que aunque con una forma similar suele mostrar diferentes estampados según la región del país de la que proceda. Ellas generalmente visten una camisa larga casi hasta la media pierna y se abre a los costados desde la cintura. La blusa se complementa con unos pantalones anchos abombados que se ciñen hacia los tobillos. Es imprescindible una bufanda – sí, sí, muy a pesar del calor – sobre todo hoy viernes, y más para entrar en la mezquita, pues sirve para cubrirse obligatoriamente la cabeza si es que no se lleva pañuelo.

 

¡La verdad es que es un espectáculo precioso y otro de esos momentos de magia que nos ofrece esta Ruta de la Seda Plus!

Otra de las visitas estrella del día es al mercado del oro. Se encuentra a las afueras de la imponente ciudadela amurallada. Algo que me llama tremendamente la atención en el mercado es que la mayoría de los clientes son mujeres, tanto las vendedoras como la mayoría de compradoras son ellas.

Ya me había dado cuenta de que en Uzbekistán a las mujeres les gusta empastarse los dientes con oro. Lo había visto también en otras culturas, como la uygur de la provincia de Xinjiang – hacia donde también nos dirigiríamos – que también son un pueblo turco. De hecho conocidos son los expolios que se hacían, sobre todo antiguamente, a los cementerios de estos países en busca de las dentaduras de oro de las personas fallecidas. Bueno pues en el mercado del oro de Bujara se puede remarcar más notoriamente esta práctica. La mayoría de vendedoras tiene si no todos, la mayoría de sus dientes recubiertos del precioso metal. Es un orgullo y seguramente que forma parte de su código de belleza. ¡A mi particularmente me da cierta impresión! ¡Eso sí cuando se ríen tienen una sonrisa brillante!

De nuevo ha sido un día largo e intenso. Después de las visitas no tenemos mucho tiempo y llegamos al hotel para darnos una ducha y descansar sólo un ratín antes de volver a salir para por fin, algo que hemos estado esperando desde que llegamos a Uzbekistán y oímos hablar de él, probar el plov, pilov, palov or pilaf pues con todas esas grafías la he visto escrito.

Madina nos ha prometido que en Bujara es el más rico y famoso. Quizá como la paella en Valencia. Además nuestra guía se conoce un restaurante familiar que es una casa en la que la señora lo cocina. Hay que ir pronto pues aunque ya tenemos reservado, los uzbekos cenan temprano así que a las 7 ya estamos sentados a la mesa.

El restaurante es precioso, una casa típica uzbeka, bastante decorada pero no de manera excesiva y con muy buen gusto. Y el plov resulta estar a la altura de nuestras expectativas o incluso más. Yo me había hecho una idea pero al verlo cocinar, me he sorprendido gratamente y mucho más después al ser servido pues se acompaña con ajos asados, ciruelas pasas y agracejos.

La cocina es abierta y se encuentra en un gran recinto de la casa junto a lo que podría considerarse un patio. El salón está en el interior del edificio principal y luego el baño se sitúa en otras dependencias separadas del edificio principal y para llegar hasta allí hay que atravesar el patio que incluye la cocina. El restaurante al ser una casa familiar no es muy grande y está completamente reservado para nosotros.

Después de ver como cocinan el plov y antes de que se sirva me dedico a curiosear entre los objetivos que sirven de decoración. Hay una potpurri de elementos que me recuerdan a la cultura rusa como muñecas matrioscas junto a ojos nazars, esos amuletos islámicos para el mal de ojo, y alguna palma de la mano de Fátima. Igualmente hay una pequeña pero, adivino, valiosa colección de fotografías de antepasados no muy lejanos y de los miembros de la familia en momentos especiales de sus vidas.

La cena de plov de Bujara fue todo un acontecimiento privilegiado, no sólo por degustar el plato nacional de Uzbekistán y de muchos otros países de Asia Central sino también por el lugar donde lo hicimos. Entrar en la casa de esta familia y sentirnos como si visitáramos a unos parientes lejanos a los que todavía nunca habíamos conocido fue todo un acierto y uno de los recuerdos que seguramente mejor se nos han grabado en la memoria.

Yo que como ya había dicho, soy un gran fan de Marco Polo, esta noche en casa de esta familia uzbeka me he sentido exactamente como el mercader veneciano cuando describe alguna de las muchas visitas que realiza a lo largo de su viaje desde Venecia a Mongolia; y en el que consta que también va a pasar por Bujara aunque no escribió, o no se ha conservado la descripción. Si por el contrario se conserva la descripción que hace de Samarkanda, así como se conservan notas del paso de los hermanos Polo, el padre y el tío de Marco Polo, por Bujara en donde se quedaron comerciando nada más y nada menos que 3 años.

En definitiva el plov nos satisfizo a todos muy mucho. Para terminar de ponerle la guinda al pastel del día como sobremesa la familia nos enseñó algunos manteles y telas bordadas que hacen las mujeres de la casa, ellas mismas a mano. Según apreciaba la calidad de los tejidos, me acordaba de uno de mis poemas favoritos, la epopeya Ítaca del poeta griego Constantino Kavafis:

“...y adquiere hermosas mercancías,

madreperla y coral, y ámbar y ébano,

perfumes deliciosos y diversos,

cuanto puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes...”

Alguno de aquellos manteles que nos enseñaron en la casa restaurante de Bujara, hoy se encuentra en España.

Día 6 – El corazón con Dios y con Bujara

Excursiones alrededor de Bujara (8 de agosto)

Desde la independencia de Uzbekistán en 1991 Bujara por su parte ha vuelto a encerrarse sobre sí misma como ciudad mística del islam. Los estudiantes del Corán como pudimos comprobar el día anterior continúan aquí poblando madrazas llegados de Persia, Medio Oriente y toda Asia Central.

Los artesanos perviven, no en gremios como en la época de esplendor de la Ruta de la Seda, sino entremezclados en los caravanserais. Orfebres, zapateros y estampadores, carpinteros y latoneros, plateros, modistas, bordadores y ceramistas, pintores y escultores se codean unos con otros.

Las mezquitas, palacios y fortalezas, hoy en día completamente renovadas, son reflejo del antiguo esplendor. Las visitas del día anterior son experiencias que ya forman parte de nuestra privilegiada memoria.

No hemos terminado de visitar todos los atractivos de Bujara, pero antes de continuar, Madina nos ha propuesto realizar algunas excursiones para visitar los alrededores y así llevarnos una mejor impresión de lo que fue el khanato de esta ciudad. ¡Por unanimidad decidimos que nos vamos de excursión!

Las visitas exteriores a la ciudad son el Palacio de Verano Sitorai Mohi Hosa, una construcción de la época rusa, que en algunos aspectos nos recuerda al Palacio Nurullaboy de Jiva, aunque éste es mucho más amplio e impresionante.

Después de la visita al palacio y pasear por los jardines, nos dirigimos a la necrópolis Chor Bakr, un recinto sagrado que también es Patrimonio de la Humanidad y en el que está sepultado Abu-Bakr-Said, uno de los primeros descendientes del profeta Mahoma.

Bujara la mística como se la conoció en su momento de auge, tuvo ese aura de ciudad religiosa que se ganó con su fé y que de alguna manera se está reviviendo actualmente. A esta idea contribuyen la visita a la necrópolis Chor Bakr,  donde ese ambiente místico continúa vivo. El recinto recibe a numerosos peregrinos que vienen a rezar y a beber de un manantial del que brota un agua sagrada que según se cree es buena para curar enfermedades mayores.

Con la tercera excursión del día el misticismo continúa... la necrópolis de Bahauddin Naqshbandi, es también uno de los más importantes lugares sagrados de esta región. Está situado a 12 kilómetros de la ciudad y si me ha impresionado ha sido por el ambiente que crean los peregrinos que hasta aquí llegan. Numerosos fieles locales procedentes de entornos rurales del país se congregan aquí para rezar, cantar y rendir homenaje a la tumba del filósofo sufí. Bahauddin Naqshbandi fue un gran filósofo cuya máxima “el corazón con Dios y las manos trabajando” creó escuela dando lugar a una de las ordenes de sufíes o místicos musulmanes más importantes del Islam y que lleva su nombre.

De vuelta a la ciudad, las visitas que nos quedan se centran alrededor de los monumentos que cercan la Plaza Lyaby Hauz, el todavía corazón de la moderna Bujara. Visitamos la Madraza Kukeldash, la casa Jonako Nadir Devan Begui y la Madraza Nadir Devan Begui a donde más tarde en la noche volveremos a ver un espectáculo.

La Madraza Nadir Devan Begui acoge actualmente a la asociación de artesanos. Al igual que los reconvertidos caravasares, esta madraza también está llena de tiendas. Las que en su época fueron celdas de estudio hoy son bonitos comercios que venden artículos de la región, en su mayoría hechos a mano. También hay una tetería y un restaurante. Poder sentarse a tomar un te a cualquier hora del día es aquí un gusto. El placer es mayor si se viene a cenar y a disfrutar del espectáculo de música y trajes tradicionales uzbekos que nos ha recomendado Madina y que resulta muy bonito y el mejor “grand finale” para nuestra estancia en la ciudad. 

Y no es que no esté disfrutando del viaje, pero esta noche me voy a dormir con cierta ansiedad. Jiva y Bujara me han encantado pero mañana es un día grande pues llegaremos por fin a la legendaria Samarkanda.

Día 7 -  Te presento al temido Amir Timur

De Bujara a Shakhrisabz y a Samarkanda (9 agosto)

Como era de esperar no he dormido muy bien. Para algunas cosas soy como un niño, sobre todo para esto de los viajes y es que hoy es un gran día pues viajamos a Samarkanda. Ya sé que en un viaje lo importante no es el destino sino el viaje en sí, y lo estoy disfrutando pero hoy no lo puedo evitar, tengo ganas de llegar a nuestro destino, la ciudad turquesa.

Pero para eso vamos a tener un largo día de viaje. A Samarkanda viajamos de nuevo en autobús y en el camino visitamos Shakrisabz, la que fue la primera capital de lo que se conocía como Mogalia y en donde nació el sanguinario Timur, fundador de la dinastía con la que esta región volvió a prosperar tras haber sido devastada por las hordas mongolas de Gengis Khan.

Shakrisabz se encuentra en medio de un fértil valle rodeado de montañas. De hecho desde Bujara hay que dar una gran vuelta para salvar las montañas Zerafshan ya que la carretera que las atraviesa es comarcal y a los vehículos grandes como nuestro autobús no les está permitido circula por ella, de modo que hay que viajar por la nacional dando una mayor vuelta. A pesar de todo el viaje es precioso. Ver la vida pasar en este lugar del mundo aunque sea desde el autobús es un privilegio. Recorremos llanuras de rabiosos verdes que contrastan con otros tramos más áridos y pálidos. Por primera vez podemos ver los campos de algodón. Infinitos, ubicuos, culpables.

A lo lejos antes de rozar el horizonte se dibujan campesinos doblándose sobre sí mismos, otros más cercanos a la carretera acompañados de sus burros transportando la cosecha del día, pastores que van, que vienen, que descansan a la sombra de las moreras, esos árboles sin los cuales los gusanos de seda no podrían alimentarse, y la seda por tanto no sería seda, ni posiblemente hubiese habido una razón para estar aquí.

Shakrisabz significa en uzbeko “ciudad verde” y al igual que me pasó en Tashkent, al llegar también me sorprende la gran cantidad de espacios verdes que hay. Fue cuando Timur se convirtió en gobernante de la ciudad, a sus 25 años, que le puso tal nombre. Una gigantesca estatua del que llegó a ser conquistador de uno de los mayores imperios de la historia nos da la bienvenida. Se dice que el gran conquistador uzbeko nació aquí. En realidad lo hizo en una pequeña aldea a quince kilómetros al sur de Shakrisabz, pero siempre presumió de ser originario de aquí y su voluntad, aunque no fue respetada, era ser enterrado en ella con dos de sus hijos en el complejo Dorus-Siadat que para eso mandó construir.

Hoy desgraciadamente no queda mucho de ese conjunto que según está documentado debió ser soberbio, al igual que tampoco se ha conservado el descomunal Ak-Saray, el Palacio Blanco, que se adivina al fondo tras la gran estatua de Timur que nos ha dado la bienvenida.

La guía nos cuenta que lo que queda, parecen ser sólo restos de unas torres, todavía decoradas de azulejos y cerámica, que se alzan nada más y nada menos que 40 metros de altura, son simplemente parte de la portada con lo que es imposible realmente imaginarse el verdadero tamaño de la  construcción que se convirtió en el mayor Palacio de Verano de todo el mundo. Cuando nos acercamos a los restos, hay vendedores que ofrecen postales que muestran los restos y dibujan una proyección de lo que en realidad fue el edificio completo. ¡Nos quedamos simplemente atónitos!

Rui González de Clavijo, el embajador español que vino a buscar en una misión diplomática los favores del gran Tamerlán, cuenta en su famosa descripción “Embajada a Tamorlán”, ese libro que me regaló Rutas 10 antes de partir para esta Ruta de la Seda Plus, que cuando él pasó por aquí en 1404, el palacio llevaba 24 años en construcción y todavía no se había terminado.

Con todo esto nos podemos hacer una idea de como se las gastaba el conquistador uzbeko. Yo personalmente si ya tenía una idea de lo grandiosa que pudo llegar a ser la capital del Imperio Timúrida, al visitar ahora Shakrisabz ya no sé muy bien qué esperarme de Samarkanda.

Además del Palacio Ar-Sabay en Shakrisabz quedan numerosos otros vestigios de la ciudad que fue. Es una ciudad agradable aunque de segunda categoría, algo que podría estar cambiando pues toda la ciudad se encuentra en obras y da la sensación de que un mejor destino le espera. Nosotros no esperamos mucho más y aunque Shakrisabz podría ser un interesante lugar para pasar la noche, después de comer la caravana vuelve a ponerse en marcha para alcanzar Samarkanda ese mismo día antes de que se ponga el sol.

De hecho llegamos a la grandiosa Samarkanda con tiempo suficiente como para disfrutar de las últimas horas de sol y poder hacer una rápida visita a nuestro aire. Tenemos libre hasta la hora de la cena así que el grupo se divide dándonos la posibilidad de elegir hacia donde mejor dirigir nuestros pasos.

La Samarkanda moderna es una ciudad amplia y de grandes avenidas, con edificios que bien podrían recordar a Tashkent o a cualquier otra ciudad de la antigua Unión soviética. Esta primera impresión se explica por el crecimiento natural de la ciudad. Al llegar a Samarkanda hemos atravesado la parte nueva, una ciudad diseñada con la perfección soviética y nuestro hotel como pronto descubriría se encuentra en la linde entre ambos mundos, el antiguo y el nuevo.

 

Salgo del hotel, en esta ocasión por primera vez solo, a perderme por esta mítica ciudad cuya primera impresión me ha descolocado pero que enseguida me transporta al pasado. A pocos metros del hotel me topo con un conjunto monumental impresionante. Dos torres circulares custodian un delicado edificio coronado con una cúpula que no podría ser de otro color que turquesa, ese color que obliga a Samarkanda a adoptar entre otros sobrenombres el de “la ciudad turquesa”.  Al acercarme al conjunto descubro que es nada más y nada menos que el Mausoleo de Gur Emir, en donde ya sé que yace enterrado Amir Tamur. Hasta el día siguiente no tendré el privilegio de ver su interior.

Continúo andando por los alrededores del mausoleo y siento que cada vez me voy alejando más y más del presente. Estoy convencido que estoy en un arrabal y posiblemente igual no ha cambiado tanto a lo largo del tiempo. Paso dos veces por el mismo lugar. ¡Creo que estoy perdido! Los alrededores del Mausoleo De Gur Emir son un laberinto. Pero ¿no hay mejor manera de perderse para volverse a encontrar?

Durante mi primer deambular por Samarkanda una familia me invita a té y a unas rodajas de sandía comprobando por primera vez la hospitalidad uzbeka. Entro en un patio que parece acoger una tienda y cual sería mi sorpresa cuando descubro que también es oficina de correos. Casualmente buscaba sellos para unas postales que quería enviar, una costumbre que a pesar de vivir en el siglo XXI sigo conservando con un grupo de amigos con quienes nos enviamos obligatoriamente al menos una postal por cada nuevo país que visitamos.

Además de sellos y pequeñas antigüedades, la tienda también tiene mapas. Tengo una pequeña gran devoción por los mapas. Es casi un fetiche ¡Aunque de los confesables...!

Salí de aquella pequeña tienda con mucho menos dinero pero mucho más rico en conocimiento, sabiduría. Además de varios mapas antiguos sobre la Ruta de la Seda, también me hice con un librito pequeño, antiguo sobre la historia de Samarkanda y unas antiguas fotografías. Y por que no llevaba más dinero encima o porque mis habilidades negociando, que ya son buenas, lo puedo asegurar, no consiguieron convencer al tendero de que me ofreciera más mercancía por el mismo precio... sino me lo hubiese llevado todo.

De todas formas se hacía tarde. Fuera, el patio que atravesé al entrar se veía cada vez oscuro. Al salir cada callejón se veía cada vez más oscuro. Apenas han pasado dos horas y cuando vuelvo a salir a lo que intuyo una calle más principal parece que he recorrido siglos. Busco un punto de referencia para orientarme y cual sería mi sorprenda cuando estoy nada más y nada menos que en la “Rui Gonsales de Klavixo ko'chasi”. ¡Guuuuuuuuau! ¡La calle Rui González de Clavijo!

Estás son esas coincidencias que suceden en los viajes y que es magia del brujo destino. Rui González de Clavijo, mi paisano madrileño que tiene con todos los honores una calle con su nombre en la gran Samarkanda y que me acompaña en esta Ruta de la Seda Plus desde que Rutas 10 me regalara el libro. Recorro la calle para darme cuenta de que apenas se extiende 200 metros y termina inexplicablemente en el Mausoleo de Gur Emir. Siento haber dado vueltas por varias horas por todo un barrio y ahora tardo dos minutos en llegar al punto inicial. De aquí al hotel estoy a un paso y voy justo para llegar a la hora en que hemos quedado para salir a cenar.

La magia con la que me dió la bienvenida Samarkanda continúa durante la velada de la cena. En el restaurante donde ha reservado Madina al llegar hay música de orquesta tocando. Parece una boda. Después de haber cenado pudimos echar unos bailes y nos enteramos entonces de que en realidad era el cumpleaños de un niño. ¡Un cumpleaños bastante fastuoso! –  diría yo – casi tanto como la historia de la ciudad.

Después de cenar, no es muy tarde, así que algunos pensamos que no podemos irnos a dormir este primer día en Samarkanda sin haber echado un vistazo a la famosa plaza del Registán. Es el postre a un día mágico que lo iba a ser más...

Cual fue nuestra sorpresa cuando al llegar a la, nunca mejor dicho, espectacular plaza nos topamos con los ensayos de un espectáculo. Animadas danzas, de bailarines con coloridos trajes tradicionales, destelleantes luces y ese escenario que forma la plaza nos regala otra poción mágica. Durante dos horas asistimos, casi bajo un embrujo, a algo maravilloso en un lugar maravilloso. Ni yo ni ninguno de los viajeros que me acompañan queríamos que ese día se acabara...

Día 8 – De Madrid al cielo pasando por Samarkanda

Visita a Samarkanda (10 agosto)

¡Oh, Samarkanda! Me despierto... ¿estoy en la grandiosa Samarkanda?... Flashes con recuerdos de lo vivido el día anterior me hacen dudar si estoy despierto o continúo soñando. Si esos recuerdos son recuerdos o alucinaciones producto de mi imaginación.

Miro a mi alrededor y efectivamente ¡Continúo en Samarkanda!

Llevo medio día en la grandiosa Meca de Asia Central, esa ciudad que antes de llegar dudaba si era mito, legenda o realidad. Si en Occidente todos los caminos llevan a Roma, en Asia Central todos los caminos llevan a la Plaza del Registán de Samarkanda. Es tan real como el Vaticano, pero mucho más bonita y exótica, al menos para mí. Contemplar las 3 madrazas (escuelas coránicas) formando un escenario alicatado y yo la cuarta pared. ¡Y es real! Samarkanda existe. Una de las ciudades del mundo, ¡de todo el mundo! que más tiempo estuvo habitada y que continúa. ¡Más de 2.500 años!

8 días después de que nuestra caravana partiera del aeropuerto Adolfo Suárez me encuentro de nuevo en Madrid. El otro. ¿En Asia Central?  El Madrid uzbeko fue una ciudad fundada por el gran Tamerlán en honor del madrileño Ruy González de Clavijo. Hoy es un barrio de esta Samarkanda que también sorprendió a Marco Polo y a Alejandro Magno quien dijo: “Todo lo que había oído sobre Samarkanda es verdad, excepto que es mas hermosa de lo que había imaginado”. A mi me está maravillando.

Ruy González de Clavijo ha pasado en España mucho más desapercibido que Marco Polo, a pesar de haber escrito una descripción de su viaje a la altura de la del veneciano.  Sin embargo, como pude comprobar ayer, en Samarkanda y en la historia tiene reservado un lugar prominente.

Nos trasladamos al siglo XIV cuando la cristiandad se ve amenazada por la presión turca. En Castilla reina Enrique III que con su intención visionaria quiere estrechar lazos de amistad con el temerario Timur  Lang, el señor de Samarkanda que al frente de los mongoles acaba de vencer a los turcos en la batalla de Angora (la antigua Ankara).  ¡El comienzo del fin de Bizancio!

En la Península es la época de la Reconquista y Enrique III quiere evitar que la presión mongola haga a los turcos venir hacia Occidente. Por eso encomienda a Ruy González de Clavijo la peligrosa embajada de entregar sus cartas y obsequios al Gran Tamerlán,Tamorlán, Timur Lang o Amir Timur  que de todas estas maneras lo podemos encontrar escrito.

 

El embajador castellano describe con detalle en su “Embajada a Tamorlán” como es recibido con honores allá donde se fundó después aquella Madrid de Oriente. Esa Madrid, hoy es un barrio de Samarkanda, y cuenta todavía con la calle con el nombre de aquel embajador, un honor que ni Marco Polo.

Tamerlán inundó Samarkanda de eruditos y artesanos y la convirtió en una joya del arte, de la arquitectura y de la historia.  Cúpulas azul turquesa, caravasares esculpidos de adobe, madrazas alicatadas con vistosos azulejos, bazares bajo cúpulas nervadas, imponentes mausoleos y esbeltos alminares. Hoy en día la ciudad rivaliza por atraer la atención con las otras dos joyas uzbekas, Jiva y Bujara, en las que nuestra caravana recientemente también hizo un alto.

Ya sabemos que las tres ciudades, en el siglo XVII, fueron capitales de ricos khanatos musulmanes.  Sus bazares abigarrados de gremios eran epicentros mundiales de la actividad comercial, testigos del trasiego de las valiosas mercancías de la Ruta de la Seda: corales, deliciosas especias, voluptuosos perfumes, y ¿Cómo no? sedas... ¡Algo que continúa como pudimos apreciar hoy en el mercado central de Samarcanda! Eso sí ya no hay esclavos, que fueron abolidos con la incorporación del territorio uzbeko a la Unión Soviética en 1917. Por el contrario continúa el mercado de granjeros que con sus animales vivitos y coleando ofrecen uno de los principales atractivos del Bazar principal Siyob.

Además de la visita al mercado, el día se presenta cargadito. Madrugamos para que nos dé tiempo a visitar todo. Del mercado al Observatorio de Ulugh Beg, nieto de Tamerlán y uno de los gobernantes que mayor esplendor trajo a la ciudad. Interesantísimo me pareció el museo que existe junto al observatorio en el que además de numerosos artefactos relacionados con la astronomía, también hay otros objetos, libros y recreaciones relacionadas con la dinastía Timúrida y el imperio que ésta llegó a controlar.

Las conquistas del “comandante” como le conoce la población local, se extendieron desde el Mediterráneo hasta India y desde Moscú hasta casi Egipto. Bajo su dominio se contaban ciudades tan evocadoras como Damasco, Bagdad, Ankara conocida como Angora en aquella época, Esmirna, Bujara, Isfahán y hasta casi Xi'an, la primera capital del Imperio Chino. Sin embargo nunca se consiguió la que por entonces se conocía con el nombre de Chang'an ya que cuando se disponía a emprender la conquista del lejano oriente, Timur murió de un catarro cuando hacia allá se dirigía.

Si Timur levantara la cabeza no reconocería la Plaza del Registán. En su época en esta parte de la ciudad había un bazar cubierto. Hoy existen las tres madrazas que forman esa icónica imagen que es la más reconocible de esta moderna Samarkanda. Como estos días se están llevando a cabo los ensayos del Festival Internacional de Música Sharq Taronalari, sólo tenemos de 11 a 3 para visitar los monumentos de la plaza. Ésta además se encuentra invadida por un gran escenario. Aunque en 4 horas se pueden visitar las 3 madrazas que cercan la plaza, este lugar es uno de esos en donde el tiempo vuela de modo que se nos hacen las 3 de la tarde en un periquete.

Pero no todo en Samarkanda gira en torno a los timúridas, también existe el gigantesco Panteón Shahi-Zinda que es un complejo de monumentos funerarios en donde se encuentra enterrado Kusam-Ibn-Abbas, primo hermano del profeta Mahoma, y quien se cree que trajo el Islam hasta esta zona. Es un bonito recinto con un ambiente muy especial en el que pudimos disponer de cierto tiempo libre para llegar a perdernos, algo que permiten las dimensiones del recinto.

Eso sí terminamos el día volviendo a la órbita de Timur, algo imposible de evitar en Samarkanda, visitando finalmente el Mausoleo de Gur Emir, donde se encuentra enterrado. El exterior ya me había sorprendido el día anterior cuando me topé con el conjunto pero al entrar el interior te deja sin palabras. La belleza de las filigranas conseguidas en el interior bien podrían competir con las del  Palacio de la Alhambra de Granada o el Taj Mahal de India.

Terminamos la visita y yo todavía me quedé un buen rato más disfrutando embobado de la cúpula de la sala central en donde se encuentran los restos de uno de sus hijos y de su nieto Ulugh Beg, aunque aparentemente los de Tamerlán se encuentran en la cripta a la que se accede por fuera en la parte de detrás del conjunto y no está abierta al público.

Al salir del mausoleo tenemos de nuevo tiempo libre hasta la cena. Junto con otros miembros del grupo hoy nos perdemos en otra dirección. Cuando apenas acabamos de salir del mausoleo, no tenemos tiempo de darnos cuenta cuando de golpe nos topamos con lo que inevitablemente tiene que ser un velatorio. A las afueras de una casa reposa sobre una mesita con velas una gran foto enmarcada de un señor que seguramente sea el difunto. Nos paramos curiosos un rato mientras observamos como los que seguramente sean familiares, vecinos y amigos entran y salen saludando solemnemente a quienes se encuentran en la puerta. Nuestra segunda tarde en Samarkanda nos deja en un estado de alegría contenida y es que las coincidencias no siempre son alegres.

A la vuelta hacia el hotel paseamos en silencio recuperándonos poco a poco de la impresión. Para la cena vamos a un restaurante parecido al del día anterior y cuando llegamos también hay música y baile. La comida está igualmente rica aunque ni el lugar es tan suntuoso ni nosotros, dadas las circunstancias, estamos tan animado como la noche anterior.

Día 9 – De oca a oca y con problemas en la aduana que toca

De Samarkanda a Tashkent y de Taschkent vuelo a Bishkek (día 11 agosto)

Nuevo día de viaje. Hoy que pensábamos que iba a ser un puro trámite, resultó otra gran aventura...

De Samarkanda de nuevo en autobús directamente hasta el aeropuerto de Tashkent para despedirnos de la capital uzbeka y cambiar totalmente de escenario y comenzar la aventura de Kirguistán en su capital Bishkek. Lo que no sabíamos era que no iba a salir todo tan rodado...

El viaje de Samarkanda a Tashkent se hizo sin ningún problema. Cariacontecidos llegamos al aeropuerto hacia el mediodía después de haber parado a degustar la que sería nuestra última comida uzbeka. La cocina de este país nos ha seducido y cada día hemos comido y cenado gloria. En algunos aspectos, especialmente las ensaladas frescas, la cocina uzbeka se parece a la mediterránea, particularmente en los ingredientes. Pero también hemos podido degustar cosas muy ricas y muy nuevas.

La última comida en Uzbekistán va a ser un gran homenaje que nos va a ofrecer nuestra guía del país, Madina, quien después de comer nos hizo unos regalos, lo que nos ha hecho terminar de enamorarnos de ella y de su país. Ha sido muy diligente, muy profesional, muy amable y sabe mucho de su país y como contarlo. ¡La experiencia en general nos ha encantado! ¡Muchas gracias Madina, esperamos encontrarte algún día en España!

Nos despedimos de Madina y nos invaden los nervios de un nuevo viaje. Ya habiendo facturado nos ponemos a la cola para pasar inmigración. La cola avanza lentísima. Parece que los controles son bastante rigurosos. Ya cuando llegamos a Uzbekistán los trámites de llegada fueron bastante incordio pero los de salida son incluso peores.

 

Cruzo el detector de metales y me doy cuenta de que me están abriendo la mochila. Me pregunta el oficial si me pertenece. En ella llevo la cámara de fotos con las lentes y algún disco duro donde almacenar las fotos y vídeos que voy recopilando. Sorprendentemente el oficial se detiene con un monedero en el que llevo algunos amuletos y que ni me acordaba entre ellos se cuenta una moneda toledana del siglo XII. ¡Aquí me han cazado!

Está terminantemente prohibido llevarse antigüedades de Uzbekistán y lo llevan muy a rajatabla. El oficial se cree que mi moneda toledana, que no es otra cosa que un pedazo de cobre, está convencido de que es uzbeka. Me pregunta que si la he comprado en Uzbekistán y si tengo el certificado de autenticidad. Le cuento que ya la tenía al entrar al país. En ese momento revisa el registro de entrada, un papel en el que cuando se llega a Uzbekistán se deben enumerar cantidades de dinero así como cosas de valor con más de 5 años que se introducen en el país.

Yo nunca caí en la cuenta de que esa moneda pudiese tener tanto valor, de manera que no la anoté junto con la descripción de las divisas y cosas de valor con las que viajo.

En ese momento me empiezo a poner nervioso, el agente se empieza a poner nervioso, mis compañeros de viaje comienzan a ponerse nerviosos... Al final trato de calmar al oficial diciéndole que si no me cree, dadas las circunstancias me da igual que se quede la moneda. Llama al superior de turno. Le vuelvo a contar toda la milonga. Me llevan a un cuartito. Me interrogan. Les cuento la vida y al final igual que el destino te pone contra las cuerdas, en un momento dado la cuerda se afloja.

Al final me dejaron conservar mi moneda y no tuvimos ningún otro contratiempo. El resto de pasajeros pasó sin problema y todos hemos aprendido la lección, algo que se podrá aplicar no sólo para cuando se viaje a Uzbekistán sino a cualquier país en donde las antigüedades tienen tan alta consideración, es decir cualquiera de los demás países que vamos a seguir visitando durante esta Ruta de la Seda Plus: Kirguistán y China.

Por otro lado la llegada a Kirguistán es bastante tranquila. Desde hace unos meses los europeos no necesitamos visado y el ambiente que se respira en el aeropuerto de Bishkek es mucho más relajado. Los agentes de aduanas son bastante más simpáticos, no perdemos ninguna maleta en esta ocasión, y tras realizar los formalismos de llegada, allá nos está esperando ya Eduardo, quien será nuestro guía en Kirguistán.

Eduardo es cubano y por esas relaciones de las naciones comunistas vino a estudiar a Bishkek hace más de 15 años. Aquí se enamoró de una rusa kirguisa y desde entonces no ha vuelto a Cuba más que de vacaciones. Habla perfecto kirguis y ruso y por las primeras impresiones parece que nos lo vamos a pasar pipa con él. 

 – ¿Entonces te secuestró tu mujer?  – le pregunta Mayte que es una de las viajeras del grupo con un humor más agudo y que menos pelos tiene en la lengua. Los demás nos echamos a reir.

Yo les había contado lo que había leído sobre la tradición kirguisa de secuestrar a las mujeres para obligarlas a casarse. Aparentemente actualmente está prohibido por el gobierno pero se sigue practicando y de hecho se considera que el secuestro está todavía relacionado con el 50% de los matrimonios en Kirguistán.

El ala kachuu o “rapto de la novia” es una práctica común en Kirguistán por la que los hombres secuestran a las mujeres con la intención de casarse con ellas. Según marca la tradición ni ellas ni las familias se pueden oponer a un matrimonio para el que se ha secuestrado a la mujer. Madina, nuestra guía uzbeka, también había aludido a la práctica que también se continúa realizando entre la población kirguisa de Uzbekistán.

 

Al escuchar la pregunta Eduardo estalla en carcajadas y nos confieso que en realidad fue él quien raptó a su mujer. Tras esto nos lleva a cenar y ya en este primer restaurante nos damos cuenta de que en la gastronomía en Kirguistán es bastante parecida a la de Uzbekistán. Sopas, ensaladas y guisos de carnes con nombres casi idénticos a los uzbekos se repiten en la carta. ¡Estamos de nuevo como en casa!

Por primera vez pedimos a la carta y hasta que nos ponemos de acuerdo pasa un rato. La cena también tarde en venir pero la espera merece la pena.

Nada más cenar estamos cansados y tras cambiar dinero en un proceso que fue bastante más fácil y menos mafioso que en Uzbekistán, nos retiramos a dormir para descansar y prepararnos para el largo día que nos espera al día siguiente.

Día 10 Un paseo por las nubes

Bishkek – Koschkor –  Lago Son Kul (12 Agosto)

Si Uzbekistán ha sido un paseo por la historia, Kirguistán va a ser un paseo por la naturaleza, aunque deteniéndonos medio día en Bishkek, la capital.

Hemos dormidos como troncos. El hotel de Bishkek es muy cómodo. Las habitaciones son muy amplias y tiene muy buenos servicios. Las vistas desde las habitaciones son espectáculos. Los horizontes dibujan dramáticas montañas en donde se aprecian cimas de nieves perpetúas hacia cualquier punto donde se mire y no en la lejanía. Estamos comentándolo durante el desayuno cuando aparece Mauri, el último viajero en unirse a la caravana.

Llegó durante la madrugada desde Barcelona. Desafortunadamente sólo tiene dos semanas de vacaciones, de manera que no podía hacer el viaje completo así que se une con nosotros en Bishkek. Hablando con él durante el desayuno descubro que es otro experimentado viajero. Ha estado ya en casi medio mundo, en lugares a los que yo todavía sueño ir. ¡Ahora ya si que estamos todos!

No son las 8 de la mañana todavía cuando nos ponemos en marcha. Vamos a dar un paseo por la ciudad hasta la hora del cambio de guardia y después de eso seguiremos rumbo al este. Hoy nos toca hacer noche en el Lago Son Kul; si llegamos.... porque según se desarrollará el día, hoy también va a ser día de aventuras imprevistas. ¿Pero no es esto en definitiva el mayor atractivo de un viaje?...

La visita a Bishkek resulta muy agradable, además de los principales monumentos, tenemos tiempo de echar un vistazo al Museo Nacional de Kirguistán y llegar a tiempo para ver el cambio de guardia. Es bastante más modesto de lo que nos esperábamos pero a pesar de todo resulta interesante. Es sorprendente la sincronización a la que caminan los guardias entrantes hacia el relevo así como los salientes después de haber cumplido con su turno de trabajo. Es una ceremonia sencilla pero muy solemne que tiene lugar en la emblemática Plaza de Ala Too  que preside el Erkindik o Monumento a la Libertad en donde ondea una infinitamente grande bandera del país.

Antiguamente en el pedestal desde el que ondea la bandera se encontraba la estatua de Lenin pero hoy en día, como pudimos comprobar, dicha estatua, una de las pocas que quedan en pié del dirigente ruso en Asia Central, descansa casi desapercibida entre los enormes árboles que dan sombra al campus de la Universidad de Bishkek, a la espalda de la Plaza de Ala Too.

Después del cambio de guardia, reponemos fuerzas para el largo viaje que nos disponemos a emprender. Nuestra misión es llegar al Lago Son Kul para la puesta de sol, lo que supone recorrer 350 kilómetros, mucho de ellos entre altas montañas ya que el lago se encuentra a una altitud de más de 3.000 metros. En el camino además nos disponemos a visitar los restos de una antigua ciudad medieval llamada Belasagun y el pueblo de Koschkor en donde está previsto visitar una fábrica de alfombras tradicionales kirguisas.

Sin perder más tiempo nos montamos en las mashrutkas, los vehículos soviéticos para el transporte de pasajeros y mercancías que se utilizaban anteriormente en esta región. Sin embargo nuestras mashrutkas son modernas Mercedes Benz todo terreno y en este tramo de Kirguistán vamos a ser una verdadera caravana ya que viajamos en dos vehículos.

La torre Burana nos anuncia desde lejos la llegada a la antigua ciudad de Belasagun que fue un lugar estratégico, cruce de diferentes caminos de la Ruta de la Seda en Asia Central, principalmente de las vías que venía del sur desde India y Pakistán y del este desde China. Entre lo poco que se conserva destacan los “balbals” que son lápidas funerarias talladas en piedra en los que se aprecian rasgos humanos. El resultado son pequeñas y simpáticas figuras que en algunas ocasiones parecen personajes de cómic.

Interesante también es el museo con los restos arqueológicos encontrados tras el descubrimiento del conjunto y que se conservan dentro de una yurta. Entrar en la yurta nos recuerda que esa misma noche vamos a dormir en una de ellas, lo que nos anima para volver a ponernos en camino.

Sin embargo en esta ocasión no todo va a salir como estaba planeado... Poco después de retomar el camino, comenzamos a subir lo que parece ser un puerto de montaña y cuando llevamos aproximadamente una hora de ruta, nos encontramos una retención en el camino.

La gente se va acumulando para saber qué ha sucedido. No hay explicaciones. Simplemente varios coches se encuentran atravesados en la calzada sin permitir el tráfico. Durante un buen tiempo tampoco vienen coches en la dirección contrario. Al rato varios vehículos de la policía se hacen paso por el arcén. Después de un tiempo nos explican que se ha derrumbado una montaña y la carretera está intransitable.

Aunque la aventura nos parece emocionante, tememos un cambio de planes, algo a lo que nos resistimos pues todos queremos llegar a ver la puesta de sol sobre el Lago Son Kul y el sol continúa sin perdonar su camino en la dirección contraria a la nuestra.

Al final tuvimos que esperar casi 3 horas hasta que se restableció el tráfico lo que hizo que tuviéramos que cambiar de planes. El camino hacia el lago es bastante sinuoso y no se encuentra en muy buenas condiciones de manera que los conductores después de Koshkor tienen miedo de aventurarse si ya ha caído el sol. La situación nos hace decidir suprimir la visitar a la fábrica de alfombras de Koshkor para poder llegar con luz al lago.

Es cierto que el camino después de Koshkor se hace cada vez más empinado e inhóspito. El paisaje que nos acompaña nos tiene boquiabiertos. En algunas ocasiones tenemos que agarrarnos fuertemente debido al vaivén que produce el vehículo. Comienzan a verse yurtas a lo lejos, algunas manadas de caballos forman imágenes casi oníricas. La belleza de las praderas contrasta con el dramatismo de las montañas que comienzan a desdibujarse en la sombra. ¡Este lugar es verdaderamente maravilloso!

Yo me acuerdo de cuando mi abuela decía “vísteme despacio que tengo prisa”. Bueno pues si ya andábamos retrasados, lo que nos faltaba era pinchar una rueda y así sucedió. Yo estoy convencido de que eso sucedió para poder parar y disfrutar mejor del paisaje pero retrasados como ya íbamos, esto nos estresó un poco más.

 

Con tanto contratiempo al final llegamos al lago Son Kul bien entrada la noche. De hecho el último tramo lo tuvimos que hacer extremadamente despacio. A pesar de los vehículos tan modernos en los que viajamos, nos sentimos contrariamente atrapados en el tiempo y empezamos a pensar en las enormes dificultades que las caravanas afrontaban siguiendo este mismo camino pero hace varios siglos y con bastantes menos comodidades.

Estamos en un lugar muy remoto y alejado de la civilización, lo único que se apreciaba en el último tramo eran algunas hogueras distantes en lo que se adivinaban podrían ser campamentos de los nómadas kirguises.

Al bajar del coche lo único que vemos son sombras, ni siquiera se aprecian las yurtas en donde supuestamente vamos a dormir. Sin embargo al mirar al cielo, agradecimos esa oscuridad y nos sorprendimos con lo que para mí ha sido otro de los grandes regalos de esta Ruta de la Seda Plus.

El cielo sobre el Lago Son Kul sin contaminación lumínica se ve como si estuviera al alcance de nuestra mano. Es un lugar a gran altitud, muy seco y hay una tremenda visibilidad lo que hace que el mapa de las estrellas se aprecie con gran nitidez. Es un espectáculo hipnótico en el que cada menos de un minuto se ve una estrella fugaz. Es definitivamente el cielo más bonito que yo he visto en mi vida.

Después de estar en el cielo, a donde volvería después de cenar, el espectáculo volvió a la tierra mientras nos instalábamos en las yurtas. Cualquiera pensaría que las yurtas son como tiendas de campaña... no del todo, o en todo caso sería de 5 estrellas. Son amplias y están perfectamente acomodadas hasta el punto de que por la noche encienden una especie de estufa para mantenerla a temperatura agradable y no pasar frío.

Después del calor que habíamos pasado en Uzbekistán, la temperatura baja considerablemente en Kirguistán. Esta noche de hecho fuera de la yurta hace frío; pero con todo y con eso, yo después de cenar me volví a hipnotizar contemplando el cielo, ¡eso sí bien abrigado!

Día 11 Dibujando el mapa del cielo

Lago Son Kul – Tass Rabat (13 Agosto)

Es 13 de agosto y estamos a 7 grados centígrados. Sin embargo el espectáculo que tengo enfrente me tiene helado y no sólo por la temperatura exterior sino también por la colección de colores del cielo, el contraste de la llanura en una orilla, el lago Song Kul en el medio y las montañas del Tian Shan de fondo. ¡Vaya postal! ¡Impresionante Kirguistán!

En el cielo la luna todavía coincide esquiva con las primeras luces del alba. Rodeados de un arco iris que va desde el tibio naranja del sol saliendo en el horizonte por el este, hasta el violeta oscureciéndose del lado opuesto, la dirección desde donde vinimos.

Aunque me resistí a irme a dormir la noche anterior, esta mañana no me ha costado en absoluto levantarme para disfrutar del espectáculo de la salida del sol en el lago Song Kul. Es el segundo lago de Kirguistán en cuanto a dimensión y la altitud a la que se encuentra.

La estepa salpicada de yurtas y lo que comienza a perfilarse como la sombra de unos caballos me tienen transportado de nuevo a la época de Marco Polo, cuando Gengis Khan luchaba por expandir su imperio mongol hasta Turquía, y a Alejandro Magno se le resistía – nunca llegó hasta China – el encarpado territorio de lo que posteriormente ha llegado a ser este país de Kirguistán.

 

Los primeros pueblos kirguises parecen proceder de las estepas siberianas que trasladaron desde allí sus mismas costumbres nómadas cuando aquí se asentaron. Ayer pudimos conocer el espectacular paisaje de este país y hoy, una vez sumergidos en ella, vamos a comprender un poco más de su cultura.

Es el país más pequeño del Turquestán Occidental, pero el más alto con varias cumbres que superan los siete mil metros de altitud. El 90% del territorio son montañas cuyas nieves, en algunas cumbres perpetuas, dan lugar a numerosos ríos y lagos, formando en conjunto un paisaje único que nadie nunca se cansaría de observar.

Esa altitud explica que la mayoría del territorio no sea practicable para la agricultura lo que ha hecho que las kirguises se dediquen principalmente a la ganadería, una actividad compatible con su carácter nómada. Sin embargo los soviéticos intentaron cambiar sus costumbres y hacerlos sedentarios. Alrededor de todo el país fundaron numerosas granjas colectivas, sobre todo de ganado vacuno. Nuestro guía Eduardo dice que desde esta región se abastecía de leche a casi toda la Unión Soviética, algo que posiblemente sea una exageración, pero ayuda de todas formas a entender las proporciones de la productividad en este país en el momento de mayor auge del comunismo.

Eduardo también dice que durante la Unión Soviética se vivía mejor. Y como él piensan muchos nostálgicos del régimen comunista. Él lo explica porque los kirguises no se caracterizan por su iniciativa con lo que han sufrido para adaptarse a la economía de mercado, y eso que es uno de los países de Asia Central con mayor estabilidad política.

Además a pesar del intento, los soviéticos no consiguieron convertir a los kirguises en sedentarios y hoy todavía conservan un carácter seminómada. Es por ello que con el deshielo cada año cuando llega el final de la primavera, las praderas se ven inundadas de yurtas que se convierten en las residencias estivales para acoger a las familias de los pastores que se trasladan hasta aquí hasta casi el final del verano. De nuevo cuando comienzan a soplar los primeros vientos de otoño, los pastores kirguises vuelven a refugiarse en las ciudades en donde es más fácil soportar el duro y largo invierno en esta esquina del mundo.

Nos imaginamos que de igual manera las caravanas que atravesaban esta zona siguiendo la Ruta de la Seda, tenían que ser necesariamente sólo estacionales. Las paredes de hielo y roca que suponen las montañas kirguisas hacen que la ruta en este territorio se haga durante gran parte del año impracticable. El Lago Song Kul por ejemplo que tiene unas dimensiones de 275 kilómetros cuadrados se hiela completamente durante más de la mitad del año.

Sin embargo ahora estamos en verano y según avanza el día, aunque hace fresco, la temperatura se va haciendo más agradable. Después de explorar los alrededores del lago en donde tuvimos oportunidad de conocer a una familia local, nuestra caravana se vuelve a poner en camino. Nos sentimos tan nómadas como los kirguises que viven por estos lares. La hospitalidad de nuestra familia de nómadas nos hizo sentir como en casa. La señora sonreía tímidamente, mientras que el señor plantado con el sombrero típico kirguís nos ofrecía el licor tradicional de esta zona que los propios pastores producen y que se conoce como el nombre de Kumys.

El Kumys es una especie de yogurt fermentado hecho a base de leche de yegua. Tiene un sabor agrio y un cierto olor dulzón. Eduardo nuestro guía aprovecha el paso por la zona para hacer acopio de unas cuantas botellas que según comenta son bastante apreciadas en Bishkek.

 

Hoy de nuevo tenemos un intenso recorrido a través de las montañas hasta llegar a la garganta de Tass Rabat, cerca de la frontera china.  Nos pasamos casi todo el día de ruta recorriendo uno de los paisajes más bonitos de todo el viaje. Las montañas del Tian Shan hacen honor a ese nombre que en chino significa “montañas del cielo”. Parecen un verdadero paraíso en la tierra y nos van a acompañar durante los próximos dos días de viaje que es lo que nos tomará atravesarlas hasta que lleguemos a Kashgar ya en territorio chino.

Durante el trayecto hacemos varias paradas en lugares que se conoce Eduardo y que son estratégicos miradores desde donde contemplar la grandeza de la zona. Desde las alturas podemos ver como la carretera se pierde y vuelve a aparecer zigzagueando entre las montañas.  En algunas ocasiones incluso nos llegamos a desviar del camino principal como sucede a la hora de la comida.

Comimos un picnic que nos habían preparado en las yurtas y que resultó delicioso, una comida a la altura de cualquier restaurante aunque en un entorno mucho más bonito, a orillas de un río en el que la música del agua corriendo nos hacía tener que levantar la voz en algunos momentos para poder entendernos. Ese sonido del agua se va a convertir en una constante e inevitablemente cada vez que lo oía, el sonido me transportaba al primer día de ruta cuando perdido entre los callejones de Jiva, escuché a las muchachas baldear agua a la puerta de sus casas.

Cuando quisimos alcanzar el campamento de Tash Rabat, el sol ya había comenzado a ponerse. El mismo espectáculo de colores que habíamos visto en el lago al amanecer se reproducía de nuevo al despedirse el día, aunque sin agua donde reflejarse.

El campamento base donde vamos a hacer noche hoy se encuentra en un llano rodeado por montañas que forman un refugio natural. Está sorprendentemente bien protegido del viento que no ha dejado de soplar desde que el día anterior salimos de Belasagun y comenzamos a subir por estas montañas.  Se sitúa igualmente a orillas de un río y aunque desde el interior de las yurtas no se escucha, en el exterior ofrece una alegre banda sonora, lo que por otro lado supone una novedad a una experiencia que de lo contrario sería muy similar a la de la noche anterior.

Con noche cerrada en el campamento apenas hay luz fuera de las yurtas de modo que contemplar el cielo estrellado es por segunda noche consecutiva mi actividad preferida. Me quedo de nuevo hipnotizado por el brillo de las estrellas y la sensación que ofrecen de estar tan cerca. Esta vez con la música del río.

Los chinos pensaban que el País del Medio, como se conoció a China en su primer momento, también estaba más cerca del cielo. El emperador chino hacía de mediador entre ambos mundos y era el responsable de la voluntad celestial en la tierra. Nuestra caravana durmiendo esta noche a más de 3.000 metros de altitud está sin duda más cerca del cielo, pero además también a las puertas de China y si mañana no hay ningún contratiempo la voluntad celestial es que la Ruta de la Seda Plus cruce la frontera y se adentre en el País del Centro.

Día 12 – De fronteras, turkestanes e independencia

Tass Rabat – Paso Torugart -  Kashgar (China). 14 de agosto.

Por la mañana nos va a costar abandonar el calor de la yurta para ir a desayunar. Hemos descansado como reyes. La noche anterior nos fuimos a dormir temprano y hemos recuperado fuerzas que necesitaremos para atravesar hoy el último tramo de las montañas del Tian Shan, cruzar la frontera china y llegar para hacer noche a otra de las míticas ciudades de la Ruta de la Seda: Kashgar.

 

El desayuno va a ser un momento muy emotivo. Eduardo nos entrega unos regalos de parte de su agencia. Hemos pasado juntos apenas dos días pero han sido tan intensos que nos da la sensación de  haber estado muchísimo más tiempo juntos. Entre los regalos, para ellos se cuenta el famoso gorro kirguís que ellos llaman Ak-kalpak y que a mí particularmente me hace mucho ilusión. Ellas reciben un bolso típico kirguís bordado que es también un bonito detalle.

  ¡Vaya yo también quiero el bolso! – le digo a Eduardo con cierta cara dura, aunque de manera espontánea. El suelta una carcajada y me complace.

La última parada en territorio kirguís antes de ponernos en camino hacia la frontera va a ser en el famoso caravasar de Tash Rabat. Tomamos un pequeño camino, y a la vuelta de una loma se abre una imagen grandiosa. Tash Rabat se encuentra en un lugar privilegiado, en una garganta que forman de manera natural las montañas que lo rodean. Allí se asienta un campamento de yurtas que acompaña a la construcción de grandes sillares de piedra que forma el caravasar.

Aparentemente se trata de un caravasar del siglo XV y supone una de las pocas construcciones originales que todavía se conservan a lo largo de toda la Ruta de la Seda, algo que contrasta con otra hipótesis que comparte Eduardo. Nuestro guía nos cuenta que hay nuevos estudios más recientes que apuntan a que Tash Rabat podría haber sido un monasterio de cristianos nestorianos, la primera familia de cristianos que llegó a China.

En cualquier caso, como caravasar o como monasterio ambas teorías coinciden en suponer que fue un lugar en el que los viajeros de la Ruta de la Seda encontraban cobijo y descanso en medio del duro tramo que suponían las montañas del Tian Shan. Ambas hipótesis coinciden también al afirmar que el edificio apenas ha sido restaurado y que lo que se conserva, salvo algunas partes de la cúpula, son los restos originales del conjunto que se ha conservado en muy buenas condiciones.

Tash Rabat es un curioso recinto. El edificio principal contrasta con el campamento de yurtas y las manadas de caballos que merodean por el lugar. Todo ello forma una postal que parece sacada de otro tiempo.

Después de la visita a Tash Rabat, nos ponemos de nuevo en camino en nuestra búsqueda incansable de esa historia de la Ruta de la Seda que se repite con cada persona que por aquí pasa. Nos dirigimos ahora al Paso Torugart, ese accidente de la naturaleza que sirve de frontera natural entre el Turquestán Occidental – de donde venimos – y el Oriental hacia donde hoy cruzamos.

El Turquestán Oriental es lo que actualmente en día se conoce como la provincia de Xinjiang y tras muchas disputas es ahora territorio soberano de la República Popular de China, el “País del Medio”, una de las civilizaciones más importantes y antiguas del mundo y por donde de hecho trascurrirá la mayor parte de nuestro viaje. Si la Ruta de la Seda Plus son 28 días viajando desde que salimos hasta que volvemos a España, en China pasamos 17 días.

Poco después de salir de Tash Rabat enfilamos la carretera que nos llevará hasta la frontera. Es un paisaje infinitamente bonito, tanto como desértico. No hay nada, las yurtas que se dejaban ver anteriormente de vez en cuando, aquí han desaparecido. Ya no se ven pastores ni manadas de caballos.

Llegamos al primer control de salida de los dos que vamos a encontrar en Kirguistán y tenemos que esperar a que el agente vuelva a la garita pues también se encuentra desierta. Realizamos los primeros trámites de salida del país. A partir de aquí comezamos un tramo en tierra de nadie. Y es que literalmente no habrá nadie. Hasta el otro control fronterizo no nos cruzaremos ni siquiera con otro vehículo.

El segundo control de la guardia fronteriza kirguisa es más estricto que el primero y en esta ocasión debemos bajar con los equipajes. Todo sucede sin ningún problema. Entramos al edificio de las oficinas de aduanas para atravesarlo y salir por el otro lado. A partir de este punto estamos supuestamente y de manera oficial en el limbo ya que ya nos han sellado la salida del país en el pasaporte y hasta que nos registren las autoridades chinas, estamos en paradero desconocido.

Sin embargo los alrededores de la aduana kirguisa no son tierra de nadie y nos encontramos numerosos camioneros que van y vienen mientras sus camiones aparcados hacen cola ocupando la calzada, esperando – como nos daríamos cuenta después – a que abra la frontera.

Cuando llegamos a la frontera, nos topamos con la valla que divide ambos territorios pero está cerrada. Deberemos esperar casi 2 horas hasta que los oficiales chinos vuelvan del almuerzo. Una vez abierta de nuevo la frontera en el otro lado ya nos está esperando nuestro guía chino, aunque por su apariencia podría ser turco, uzbeko, turkmeno, pakistaní, indio o afgano, de todo menos chino.

Nos despedimos de Eduardo y los conductores Vladimir y Sergei y nos montamos en el autobús chino. De nuevo para continuar la ruta en China nos reunimos todo el grupo en un único vehículo.

Como nos contaría después nuestro guía chino, Sadic es uigur, de la ciudad de Kashgar. Aunque yo ya les he contado al grupo la historia y la situación política de esta zona, Sadic nos recuerda que los uigures son de raza turca. Ni siquiera se parecen a los kirguises que tienen rasgos más asiáticos pues proceden de los mongoles. Por el contrario los uigures son más morenos y velludos y guardan más parecido con los uzbekos y los turkemenos, aunque como descubriremos entre ellos también hay diferencias.

Desde que cruzamos la frontera hasta que llegamos a Kashgar hay aproximadamente 150 kilómetros, un tramo en el que vamos a pasar nada más y nada menos que 4 controles de aduanas. Primero nada más entrar enseñamos el pasaporte y nos registran, en un segundo control, ya bien entrados en territorio chino, debemos bajar con las maletas y escanearlas. Sin embargo no será hasta el tercer control en donde nos sellen el pasaporte con la entrada oficial a China. El cuarto control es simplemente rutinario para asegurarse que tenemos bien sellado el pasaporte y que todo está en regla.

Las fronteras terrestres son siempre territorios bastante especiales. En este caso con el estricto control que ejercen las autoridades chinas sobre esta zona, incluso mucho más. Xinjiang o el Turquestán Oriental es la segunda mayor región administrativa de la República Popular de China después de Tibet. Políticamente, al igual que Tibet y muchas otras zonas del país, goza de cierta autonomía. En este caso esta zona se hace llamar la Región Autónoma Independiente de Xinjiang. Sin embargo como descubriremos durante nuestra visita los chinos parecen tener un concepto bastante diferente de lo que es autonomía. 

China es un país plurinacional, cuenta con 56 grupos étnicos o nacionalidades diferentes. Los uigures son uno de ellos, aunque muy a pesar de su voluntad pues desde hace unos años están luchando, sin suerte, por su independencia. No es el único pueblo-nación que nos vamos a encontrar en esta parte de la Ruta de la Seda que trascurre por territorio chino.

 

Mientras Sadic nos va contando todo esto, preparándonos para lo que nos espera, nos vamos acercando a la ciudad de Kashgar. Según entramos y empezamos a ver la actividad de la ciudad desde el autobús, se forma un tremendo revuelo. Mis compañeros de caravana están alucinados. Nunca hasta ahora los había visto tan revueltos.

- ¡Ala y mira, mira aquella en la moto!

- ¡Jo pero mira lo lleva aquel en la furgoneta!

- ¡Qué jaleo! ¡Qué de tráfico!

Efectivamente hemos vuelto a la civilización. Después de tres días atravesando unos paisajes de montaña en los que apenas nos hemos cruzado con nadie, entrar en una ciudad es un shock. Más si se trata de una ciudad china. ¡Bienvenidos al país más poblado del mundo!

Yo al haber vivido ya mucho tiempo en China, estoy acostumbrado al espectáculo. Pero recuerdo mis primeros viajes por este país cuando acababa de llegar y todavía tengo frescas en la memoria aquellas impresiones. China es definitivamente un espectáculo que no tiene comparación. Y Kashgar a pesar de ser una ciudad todavía mayoritariamente uigur, la población de chinos han, la mayoritaria del país, está ya casi a la par con la local.

El gobierno chino durante los últimos años ha favorecido la emigración de chinos de la etnia Han hacia esta zona del país para contrarrestar la influencia local, algo que en muchas zonas de Xinjiang ya han logrado. En Kashgar demográficamente todavía supera en número la población Uigur. No obstante el decorado si que comenzó a ser una ciudad china. Como tendremos la oportunidad de descubrir al visitar Kashgar, el centro todavía guarda ciertas reminiscencias del pasado, sin embargo los cambios se están sucediendo a velocidad de vértigo y también esta ciudad, como el resto de la provincia y el resto del país se está homogeneizando. Una de las particularidades de esa homogeneización es que todas las ciudades chinas es que son prácticamente iguales.

Kashgar en un principio, especialmente en las afueras, parece una ciudad china, sin embargo al salir a cenar nos daremos cuenta de que esta es una ciudad bastante diferente y especial. Hoy además es viernes, día grande de oración para los musulmanes, y día del mercado nocturno alrededor de la Gran Mezquita.

Llegamos justo cuando se está poniendo el sol. Se escucha en el aire la llamada a la última plegaria.   De todas formas cuando quisimos salir tras instalarnos en el hotel, la Gran Mezquita ya está vacía y el tumulto se ha trasladado al mercado que debemos atravesar para llegar al restaurante a donde esta noche Sadic nos lleva a cenar.

- ¿Preferís ir a un restaurante uigur o chino?

 Por unanimidad respondemos que uigur. Como grupo somos bastante homogéneos y nos estamos dando cuenta que nos mueven los mismos gustos e intereses. Esta noche preferimos descubrir la cultura local ya que tendremos mucho tiempo después para poder conocer la cultura china.

La cena en el restaurante local estuvo muy bien, pero el paseo por el mercado estuvo mejor. Nos sentimos como verdaderos niños y no podemos parar de mirar para todos lados. Todo nos llama la atención y todos son preguntas. Y a pesar de que estamos cansado, qué ya es tarde, y que Sadic al salir del restaurante se ha despedido hasta el día siguiente, nosotros nos resistimos a que el día acabe y nos quedamos dando vueltas por el mercado.

Tan emocionados estábamos con los descubrimientos que íbamos haciendo que al final nos perdimos y no sabíamos como volver al hotel.  Sin guía local, al final me tocó echar mano de mi chino y aunque no hablo mandarín como para mantener una conversación fluida, me defiendo bastante bien y conseguí hacerme entender para llevar al grupo de nuevo al hotel. Me sentí casi como un héroe, lo que me hizo darme cuenta realmente de para qué había venido. Hasta ahora había estado a la sombra de los guías locales de Uzbekistán y Kirguistán, no obstante a partir de aquí voy a tener un papel bastante más activo en el desarrollo del viaje.

Día 13 – Un oasis en medio del desierto

Visita de Kashgar (Día 15 de agosto)

Después de las maravillas arquitectónicas de Uzbekistán y las naturales de Kirguistán, el resto del viaje va a ser una combinación de ambas y vamos a ir alternando visitas a ciudades con escapadas a maravillas de la naturaleza. El componente religioso también va a marcar definitivamente nuestra visita a China, con las diferentes religiones que aquí surgieron o hasta aquí llegaron y se expandieron por el país.

Hoy nos espera la mítica Kashgar que ya comenzamos a descubrir el día anterior. Por aquí pasó el islam en su expansión hacia el extremo oriente asiático. Llegó a través de la Ruta de la Seda y en esta región lo hizo para quedarse. La ciudad de Kashgar, así como el pueblo uigur son principalmente musulmanes, un aspecto que ha marcado considerablemente y continúa haciéndolo el carácter de la ciudad.

Pero independientemente del carácter religioso, Kashgar se va a revelar como una ciudad más cosmopolita de lo que habíamos pensado en un primer momento. Pero cosmopolita en un sentido especial, casi primitivo.

Kashgar como otras ciudades de la Ruta de la Seda que ya habíamos descubierto, es también un oasis. Se encuentra en un extremo del desierto del Taklamakán y a los pies de la cordillera del Tian Shan, las montañas celestiales que hacen de frontera natural entre el Turquestán Oriental y Occidental.  Cuenta con esta situación geográfica privilegiada que la ha convertido en un crisol de razas y culturas que todavía hoy prevalecen. Uigures, la mayoría, pero también uzbekos, tajikos, kazajos, kirguises, afganos, tártaros, turkmenos, y más recientemente chinos se codean en el famoso mercado central de Kashgar, la mejor representación para entender lo que significa esta ciudad, que ha sido a lo largo de la historia y hoy sigue siendo parte del corazón de esta Ruta de la Seda poblada de nómadas y comerciantes.

Como en cualquier destino a lo largo de la Ruta de la Seda, el comercio en Xinjiang comenzó temprano, lo que ha hecho que se convierta en una próspera región comercial. Cuenta además con numerosos recursos naturales como oro y piedras preciosas y aquí todavía se fabrican algunas de las mejores alfombras de todo el mundo. Estas son las más valiosas mercancías que podemos encontrar en el bazar central de Kashgar, para mi la visita más interesante del día.

Dice la historia que este bazar ha sido tradicionalmente el más grande de Asia Central y continúa muy a pesar de que el mercado fue remodelado durante los últimos años y la estructura que hoy vemos es nueva. Las tiendas actuales ya no se pierden por infinitos callejones, aunque de todas formas tenemos un día intenso de visitas y tampoco disponemos de tanto tiempo como para llegar al final del mercado. ¡A mí me parece que todavía sigue sin tener fin!

Lo más interesante del mercado así como del resto de la ciudad es la mezcla de gentes reconocibles por sus rasgos pero también por sus diferentes formas de vestir. Destacan considerablemente las mujeres tayikas que llevan coloridos vestidos y se adornan con pañuelos de incluso más vivos colores. Más modestas en su vestir son las mujeres uigures reconocibles por unirse las cejas pintándose incluso el entrecejo con el lápiz de ojos.

 

Kasghar sigue siendo todavía una ciudad monumental y aunque ha crecido considerablemente, los principales atractivos turísticos se encuentran a corta distancia, de manera que salvo para visitar la Tumba de Apak Hoja, nos movemos a pie.

Especialmente interesante resulta  también la antigua Kashgar. La zona del interior de las muralla se encuentra en un estado terrible de conservación y sorprende que familias enteras continúen habitando las viviendas. Por otro lado la zona del casco antiguo del exterior de las murallas se está sometiendo a un intenso proceso de restauración en el que se está intentando conservar la estética original.

Después de las visitas guiadas a los numerosos monumentos también pudimos disfrutar de tiempo libre. Decimos continuar en grupo y por azares del destino terminamos en uno de los barrios que nos han ofrecido algunas de las escenas más bonitas del viaje.

Las espaldas de la Mezquita de Id Kah, la gran mezquita de Kashgar, concentra todavía a los gremios de artesanos y trabajadores manuales como plateros, otros orfebres, bordadores, fabricantes de instrumentos de música, o latoneros que con soplete en mano son los que más me llamaron la atención. Es un verdadero espectáculo. Las escenas te transportan a un tiempo que no corresponde con el actual siglo XXI y sorprende terriblemente que esta gente continúe trabajando así en esta zona del mundo. Parece que no ha pasado el tiempo. ¡Y es bonito parar a observarlo!

Después de perdernos y volvernos a encontrar muchas veces, nos juntamos de nuevo con Sadic que esta noche nos lleva a cenar al restaurante chino que se ha instalado en el edificio que albergaba el antiguo consulado inglés.

Hoy las representaciones diplomáticas europeas han desaparecido. Pero hubo un tiempo en el siglo XIX que el interés estratégico de esta región hizo que tanto los rusos como los ingleses tuvieran una fuerte presencia en la ciudad. Los ingleses después de llegar a India y conquistar Pakistán, Bangladesh y Birmania, intentaron abrir con las Indias rutas comerciales terrestres a través de Asia Central. No lo consiguieron pues los rusos se adelantaron extendiendo su influencia por toda zona. Es lo que los historiadores llamaron el Gran Juego y que durante todo ese siglo XIX y parte del XX convirtió a Asia Central en un gran tablero de ajedrez.

Al día siguiente nos daríamos cuenta de lo cerca que esta esto de Pakistán, lo que explicaría el interés de la presencia inglesa en esta estratégica ciudad. También está muy cerca de la frontera con Afganistán, país que si recordamos bien estuvo en el punto del mira ruso durante mucho tiempo y aunque llegó a someterlo en el siglo XX, la dominación rusa de Afganistán ni duró mucho tiempo ni caló fuertemente.

El antiguo consulado inglés resulta ser un precioso edificio colonial con una interesante fusión de estilos entre británico y oriental. La cena resultó la primera vez de muchas otras en la que nos resultó imposible acabar con el desfile de platos y la gran cantidad de comida que supone un ágape  chino.

Sentados todos, los 14, alrededor de una única mesa con un cristal giratorio, la cena resultó tan abundante como divertida. Este tipo de mesas, típico de los restaurantes chinos, ofrecen una dinámica en la que al mover el cristal hay que tener tacto para no llevarse por delante bebidas y otros elementos que también están sobre la mesa pero fuera de la esfera de cristal giratorio. ¡Imagínate siendo 14! ¡La escena a veces casi parece un chiste!

Fue divertido. Comimos muy bien. Y esta segunda noche no nos perdimos al volver al hotel.

Día 14. El espejismo del Paso Kunjerab

Mercado de animales – Lago Karakol – Tax Kurgan  (16 de agosto)

 

Hoy el día comienza con un debate que nos va a tener ocupado durante los próximos tres días. Sadic nos comenta en el desayuno que las autoridades han prohibido a los extranjeros subir al Paso Kunjerab, en la frontera con Pakistán.

China es un país que tiene contenciosos fronterizos con todos sus vecinos. Con Pakistán no iba a ser menos. Ya sabíamos que la apertura de la frontera entre ambos países es bastante volátil y en cualquier momento, cualquier de las partes decide cerrarla sin explicación alguna. A pesar de todo queremos subir al Paso Kunjerab que con sus 4,693 metros de altitud es el paso fronterizo más alto del mundo y según hemos leído las vistas que ofrece la Karakorum Highway, la carretera que hasta allí lleva, son impresionantes.

Sadic nos comenta que podremos llegar hasta Tax Kurgan, donde estaba planeado hoy hacer noche, pero que a partir de allí no podremos continuar. Nos ofrece la opción de visitar el desierto del Taklamakán, a las afueras de Kashgar en vez subir al Paso Kunjerab.  Pero pensamos que a lo largo de la ruta vamos a visitar otros desiertos de modo que de nuevo el grupo está de acuerdo y quiere intentar llegar al Paso Kunjerab. Nueva unanimidad.

Nos ponemos en marcha para visitar en primer lugar el famoso “Mercado de animales” o como lo conoce la población local “El mercado del domingo”. Es el mayor mercado de animales vivos de toda Asia Central y puede que incluso de todo el mundo. Antiguamente se celebraba en el bazar del centro de Kashgar que habíamos visitado el día anterior, pero actualmente lo han trasladado a un descampado que se encuentra a 12 kilómetros de la ciudad y que pilla de camino hacia la Karakorum Highway.

Lo que más llama la atención del mercado son los animales. En vez de las tiendas o los puestos tradicionales que se suelen encontrar en un tradicional bazar de esta zona, en este mercado hay como pequeños establos en los que se concentra el ganado que está a la venta. Cabras, ovejas, burros, caballos, yeguas, vacas, bueyes, camellos y yaks se cuentan como la valiosa mercancía de unos mercaderes que no están al alcance del comercio moderno.

Junto a los animales, especias al peso, frutas y verduras de las propias huertas de los granjeros y hasta puestos de comida para saciar el hambre que producen los duros regateos. Unos negocios que ya no se cierran haciendo trueque como antiguamente pero que como siempre continúan pagándose exclusivamente en metálico.

Desde que comenzamos la Ruta de la Seda nos ha dado la impresión de retroceder en el tiempo y este mercado del domingo de Kashgar va a ser lo que más lejos nos va a llevar en ese retroceso. Escenas que ya se producían en la Edad Media se siguen produciendo todavía hoy.

Yo me hubiese quedado en el mercado todo el día e incluso volver al siguiente y no me aburriría. Pero entiendo que debemos continuar y hoy de nuevo tenemos un largo trecho hasta alcanzar Tax Kurgan de manera que sin perder más tiempo enfilamos la carretera del Karakorum que pronto pasará de ser una autovía de dos carriles, a una carretera local cada vez más estrecha pero todavía conocida como Autopista del Karakorum.

La carretera se encuentra en obras y el día está medio nublado. Sadic nos avisa que esta escena es común hasta que superemos los 2.000 metros de altitud, momento en el que habremos dejado abajo las nubes y se abrirá el cielo. Y efectivamente así sucede. Todo el primer tramo hasta poco antes de llegar al lago es un paisajes gris dominado por la niebla que poco a poco se irá abriendo dando paso de nuevo a un cielo azul rabioso. Al llegar al Lago Kararol ya hemos dejado atrás las nubes y se pueden apreciar perfectamente los caprichosos accidentes que la geografía ha repartido en el rincón más occidental de China.

 

Cuando nos estamos acercando ya al lago volvemos a ver yurtas y Sadic nos comenta que esta zona esta de nuevo poblada por kirguises, un pueblo que se reparte el territorio con los tayikos quienes por ejemplo habitan la zona de Tax Kurgan.

La carretera sigue uno de los ramales tradicionales de la Ruta de la Seda, aquel que conecta con Pakistán e India y por el que entró el Budismo a China y se expandió hacia Korea y Japón.

Sadic también nos indica que poco después de pasar Tax Kurgan saldría otro pequeño ramal que se vuelve hacia Asia Central y comunica China con Afganistán y Tayikistán a través del corredor del Wakham. Es una de las zonas más remotas y aisladas del mundo y que actualmente se encuentra bajo control del ejército alemán con un mandato de la ONU. Al ser una zona tan remota es el camino favorito de las caravanas de opio que salen de Afganistán, el primer país productor. De todas formas si no podemos subir hasta el Paso Kunjerab, no vamos a alcanzar ese desvío.

Lo que nos cuenta Sadic nos hace sentir especiales por estar en este lugar tan olvidado del mundo y no podemos dejar de pensar que esperamos que mañana las autoridades chinas estén de buenas y nos dejen subir hasta la frontera con Pakistán para poder admirar desde las alturas la grandiosidad de la región.

El Lago Karakol tiene cierta semejanza con el Lago Song Kul de Kirguistán, de hecho ambos están poblado por kirguises, aunque aquí falta la infinita extensión de la pradera de Song Kul y el telón de fondo del Lago Karakol son unas montañas infinitamente más altas que las del Tian Shan. Destacan visibles desde aquí las cimas del Kongur y del Muztagh Ata, montañas que en ambos casos superan sobradamente los 7.000 metros de altitud.

Después de comer y dar un paseo alrededor de una de las orillas del lago, nos ponemos de nuevo en marcha para seguir nuestra ascensión por la carretera del Karakorum. Poco antes de que se ponga el sol llegamos a la mítica Tax Kurgan, justo a tiempo para poder visitar con todavía luz del día el Fuerte de Tax Kurgan.

Apenas quedan las ruinas de lo que un día fue la Fortaleza de Tax Kurgan pero los restos sugieren la grandeza del conjunto. Se encuentra situada en la loma de una montaña y desde aquí hoy vamos a ver ponerse el sol.

Tras la visita a la ciudadela nos dirigimos al cuartel del ejército para comprobar cual es la verdadera situación de la subida al Paso Kunjerab. Allí los oficiales nos informan que efectivamente la frontera está abierta pero de momento el paso está restringido a los turistas. Si fuéramos a continuar el viaje hacia Pakistán, no habría problema y nos dejarían pasar pero las visitas turísticas están limitadas. La noticia nos sienta como un jarro de agua fría. A todos se nos entristece el semblante al conocer que va a ser imposible subir a esas montañas que desde tan cerca ya nos vigilan.

Si hacía dos días al llegar a Kashgar el grupo experimentaba una de las mayores alegrías al descubrir la actividad de la ciudad, hoy estamos hundidos. Quizás este vaya a ser el momento más triste de esta montaña rusa de viaje que está siendo nuestra Ruta de la Seda Plus.

Día 15 – Leche de yak para desayunar

Tax Kurgan - Kunjerab Pass – Urumqi (17 de agosto)

La noche anterior nos quedamos sin habla y cariacontecidos nos fuimos todos temprano a la cama. Hoy como no podemos subir al Paso Kunjerab, hemos decidido salir temprano para disfrutar un poco más del Lago Karakol por el que el día de ayer pasamos sin poder detenernos mucho.

 

A las 6 de la mañana ya estamos en camino y en el lago apenas pasadas las 8. Sadic organiza el desayuno en una yurta a orillas del lago. Es el hogar de una familia de kirguises que según descubrimos son miembros de una cooperativa local que gestiona la estancia en campamentos de yurtas alrededor del lago. Nos cuentan que el lago es su lugar de residencia durante todo el año, a diferencia de los seminómadas del Lago Song Kul que pueblan las estepas solo en verano.

Nos extraña que esta gente pueda vivir en condiciones climáticas tan adversas pero esta zona parece menos aislada que el Lago Song Kul y de todas formas en China las comunicaciones son mucho mejores que en Kirguistán. Estamos apenas a 60 kilómetros de Tax Kurgan que es una ciudad que ha demostrado contar con ciertas comodidades y a menos de 200 kilómetros de Kashgar que es definitivamente una moderna ciudad en donde poder abastecerse de todo lo que se necesita para un duro invierno.

Al llegar a la yurta, la señora está ordeñando a una especie de vaca de pelo largo que bien podría ser una yak. Al terminar de ordenar cuece la leche y nos ofrece un cuenco junto con una taza de té. El grupo se lo piensa dos veces antes de aceptar la leche y al final yo soy el único que se atreve a probarla. Tiene un gusto fuerte, cercano a la leche de oveja o de cabra pero esta buena y seguro que es nutritiva.

Si algo me ha enseñado viajar ha sido a querer probarlo todo. Tengo la suerte de tener un estómago a prueba de bombas y creo que con el tiempo y las pruebas a las que le he sometido se ha ido incluso fortaleciendo más. ¡La leche de yak no es mi favorita pero no resulta desagradable!

El paseo alrededor del lago nos muestra situaciones que nos hacen seguir soñando y se nos olvida la desilusión de no haber podido subir al Paso Kunjerab. Nos cruzamos con jinetes a caballo, pequeños que se atreven a jugar con la gélida agua de la orilla del lago y algunos turistas chinos. Nos cuentan que esta zona se está volviendo popular para los chinos Han que la consideran tan exótica como nosotros. Para ellos es como el Lejano Oeste.

Al final nosotros también les debemos resultar exóticos pues terminan queriéndose hacer fotos con nosotros, a lo que accedemos gustosamente. Intercambiamos impresiones y se sorprenden de que hable chino, lo que les emociona incluso más que habernos encontrado. Me preguntan que de donde venimos, hacia adonde vamos, a que nos dedicamos y cuanto ganamos... preguntas todas típicas de los chinos que no consideran con ello invadir la privacidad. Los chinos apenas entienden el concepto de privacidad, algo que se explica por su bagaje confucionista y la idea de pertenencia a la comunidad que esta corriente les ha inculcado.

La forma de pensar de los chinos se formó en base a ese Confucionismo, al Taoísmo y al Budismo que como ayer descubrimos llegó a está región a través de este ramal de la Ruta de la Seda que estamos siguiendo estos días. Esas tres ideologías es lo que se conoce en China como las 3 enseñanzas y son las que han también conformado la experiencia religiosa china, una experiencia que cambió considerablemente, sobre todo después de la Revolución Cultura que se produjo en el país durante la década de 1960 bajo la batuta de Mao Zedong, pero que a pesar de todo, todavía perdura.

La experiencia religiosa china es más una filosofía que una religión, un conjunto de reglas y consejos para vivir en armonía y conseguir determinados objetivos en la vida. El Confucionismo como el Taoísmo o el Budismo no son religiones como tal al carecer de dioses. Como corrientes de ideas las tres enseñanzas han hecho que el culto religioso de los chinos, como descubriremos poco a poco a lo largo de nuestro viaje, sea una experiencia multidimensional, amalgamada e intuitiva en el que se mezclan elementos mitológicos y populares.

Tras el paseo por el lago nos ponemos de nuevo en marcha para volver a Kashgar. Sadic sugiere parar a comer en una ciudad a medio camino en donde hoy se celebra el mercado semanal. Upal que es como así se llama el lugar, resultar ser un enclave exclusivamente uigur aunque en el mercado también encontramos tayikos, ya hemos aprendido a distinguirlos, sobre todo a ellas que visten esos coloridos pañuelos, imposibles de confundir.

Desde Upal salimos directamente hacia el aeropuerto. Tenemos un vuelo a Urumqi, la capital de Xinjiang, en donde conectaremos con el tren que nos lleva a Dunhuang. Aunque el vuelo es a última hora del día, Sadic nos advierte que los controles del aeropuerto son bastante estrictos y suelen tomar bastante tiempo.

El aeropuerto de Kashgar parece bastante moderno y el control, aunque estresante, al final no resultó tan incómodo como nos esperábamos de modo que después de facturar y tras pasar la seguridad tenemos tiempo de relajarnos y comer algo tranquilamente. De hecho vamos a terminar teniendo más tiempo pues el vuelo está retrasado y al final salimos a las 23:45 de la noche. Llegamos a Urumqi a la 1:15 de la mañana, una hora y media de vuelo en vez de una hora y cuarenta y cinco minutos como marcaba el plan de vuelo.

Después de recoger el equipaje salimos al hall de llegadas del aeropuerto y allí nos está esperando Jack, el guía de Urumqi que nos acompaña hasta el hotel. Llegamos al hotel a las 3 de la mañana y cuando subimos a las habitaciones, mis compañeras salmantinas que se alojan juntas en una habitación triple, me dicen que en su habitación solo hay dos camas. Cuando lo solucionamos y nos queremos ir a domir son casi las 4 de la mañana. Esta noche va a ser corta pues hemos quedado a las 9:30 del día siguiente para ir a la estación y continuar el viaje hacia Dunhuang, nuestro próximo oasis, en esta ocasión en el desierto del Gobi.

Día 16 – ¡Que nos abren las maletas!

Urumqi. Ave a Dunhuang 16:26 (18 de agosto)

Hoy va a ser otro día para no olvidar. Pero no por los motivos a los que nos ha acostumbrado esta Ruta de la Seda Plus, sino por el estrés y el trajín al que nos va a exponer el destino. Ya he comentado que yo creo que en la magia, sobre todo durante los viajes, y también en las coincidencias y que no se producen sin más, sino que suelen tener una razón. Bueno pues hoy para abandonar Xinjiang y entrar de lleno en el universo chino, el destino nos ha preparado un largo día de obstáculos para experimentar al máximo lo que significa la experiencia de estar en China.

Para empezar hemos dormido poco porque hasta que solucionamos lo de la habitación triple nos dieron las tantas. Sí, hemos podido dormir un poco más pues hemos quedado a las 9:30 para ir a la estación de trenes, o sea que esto en realidad no es madrugar, considerando las horas a las que nos llevamos levantando desde que comenzamos a viajar.

Al bajar a desayunar mis compañeros viajeros me miran sospechosamente y se ríen. Yo ya les he ido advirtiendo de lo que significa vivir en China. Para mí fueron 5 años y aunque me encanta este país, soy muy consciente de los inconvenientes que supone. Ellos van a empezar a darse cuenta hoy, primero con el desayuno.

 

A pesar de que el hotel está bastante bien, el desayuno esta mañana es sólo chino. Normalmente los hoteles suelen ofrecer desayuno chino, para la mayoría de sus clientes, y desayuno occidental para el resto de los mortales que no podemos comenzar el día comiendo tallarines o arroz tres delicias, siendo una de las tres guindillas picantes. En nuestro hotel de Urumqi hoy sólo hay opciones de desayuno chino.

Gracias a Confucio dentro de lo que cabe hay algo de fruta y café, aunque creo que después de probar el brevaje, no lo podríamos llamar por ese nombre. ¡Uy empieza la diversión! La mayoría de nosotros nos quedamos sin desayunar, mientras que el resto del comedor come como si fuera el fin del mundo: tallarines salteados, arroz frito, sopa de tallarines, raviolis rellenos... y el sinfín de platos contundentes que se meten los chinos para comenzar el día.

Bueno a nadie le pasa nada por estar un día sin desayunar bien. Pero claro, lo peor es cuando es un día como hoy. La pesadilla continúa cuando llegamos a la estación. Ya hemos comentado lo estrictos que son los controles de las autoridades chinas en Xinjiang. Hay un movimiento independentista y a veces juegan al terrorismo, de manera que se entiende. Lo que no se entiende tanto es que se ensañen con los extranjeros...

El control del aeropuerto de la noche anterior se va a quedar en una broma, a comparación con el que vamos a encontrar en la estación de trenes de Urumqi. Es más estricto que el de cualquier aeropuerto. Nos abren todas las maletas y bolsos, nos confiscan navajas, cuchillas de afeitar y tijeras. Entendemos que en los trenes no se puede facturar el equipaje, de modo que el control sea más estricto pero ¿hasta ese punto?...

Después de pasar los 14, intento convencer a quien parece ser la responsable de los agentes de seguridad para ver si nos pueden devolver las navajas, al menos las Vitorinox. Después de una pequeña negociación la señora accede. Creo que le hace gracia que me explique en chino con cierto desparpajo y permite la devolución. ¡Bien prueba superada! ¡Pero vaya nervios ver como nos registran las maletas de esa manera!

No vamos a poder relajarnos cuando comienza a formarse el mogollón de gente para acceder al andén del tren. En las estaciones de tren en China, la gente espera en unas salas destinadas a ello y hasta poco antes de que llegue el tren no se puede acceder al andén. El problema es que en muchas ocasiones, en segunda y tercera clase, no hay asientos asignados de manera que los viajeros tienen que correr para poder coger sitio. Como la población china es tan grande, para optimizar la cantidad de gente que viaja en cada tren se venden muchos más billetes que asientos, de modo que muchos viajeros tienen que ir de pie. Al final muchos de ellos se las arreglan como pueden para sentarse aunque sea en un rincón. Por ese motivo cuando se va a abrir el acceso al andén, la gente se arremolina sin hacer cola y el acceso al andén es un caos. Nosotros tenemos nuestro asiento asignado pues viajamos en primera categoría y podemos permitirnos esperar viendo el espectáculo desde la barrera. ¡A pesar de todo con verlo uno se agobia!

Una vez en el tren, parece que China está progresando y algunas cosas están cambiando. Cuando yo vivía en Pekín, ni había trenes de alta velocidad ni vagón restaurante en ningún tren. Eso ahora ha cambiado y en el tren que hoy nos lleva a Liuyuan hay un vagón restaurante con comida decente de modo que podemos comer a gusto.

Nuestro tren se dirige a Pekín pero nosotros nos vamos a bajar mucho antes. Nuestro destino es la ciudad de Liuyuan, cerca de Dunhuang, en la provincia de Gansú, que es donde se encuentran las famosas cuevas de Mogao. La estación de trenes de Dunhuang tiene muy pocas conexiones, por este motivo viajamos a Liuyuan y desde allí continuaremos en autobús.

 

El viaje en tren va a resultar bastante más tranquilo que el principio del día y en apenas 4 horas nos plantamos en Liuyuan. Al bajar del tren nos está esperando Larry, quien será nuestro guía en Dunhuang, a donde llegamos apenas pasadas las 5 de la tarde.

A pesar de hacerse llamar así, Larry es chino y su nombre verdadero es otro, pero para simplificar la relación con los extranjeros, algo muy común en su profesión, y dado que pronunciar los nombres chinos es muy difícil, los chinos suelen adoptar también un nombre extranjero.

Larry nos quiere llevar a cenar nada más llegar al hotel. ¡En China se cena a las 5 de la tarde! Pero le pedimos que por favor nos deje un tiempo para reposarnos y conseguimos convencerle para ir a las 7. Para nosotros es todavía temprano pero no podemos retrasarlo más porque los restaurante cierran muy temprano.

Después de la cena Larry nos sugiere visitar el mercado nocturno, algo que le tuvimos que agradecer por que nos gustó mucho. Es bastante diferente al de Kashgar. La mayoría de la población en Dunhuang son chinos Han, además este es un lugar bastante turístico, especialmente popular entre los chinos, de modo que el ambiente y los productos que se pueden encontrar en el mercado están más dirigidos a este tipo de clientes. Encontramos bonitos y originales souvenirs.

Yo ya he comentado lo que me gustan los mapas y aquí encontré uno de la Ruta de la Seda estampado en un pañuelo de eso mismo, seda. Me pareció muy original y aunque parezca increíble hasta ahora no tenía ningún mapa-pañuelo. ¡Y creía tener mapas de todos los tipos!

Como estamos cansamos, no nos demoramos mucho y estamos de vuelta en el hotel temprano. ¡Creo que hoy va a ser el día que más temprano me vaya a la cama!

Día 17 – Que alguien pare a este camello

Dunhuang. Las Cuevas de Mogao y la Duna Mingsha (19 de agosto)

Ya habíamos comentado que el Budismo también se hizo camino en China. Entró procedente de la India a través del ramal de Tax Kurgan por el que apenas hacía dos días habíamos pasado también nosotros. Desde allí se extendió hacia oriente llegando hasta Japón.

Una de las primeras paradas que hizo la doctrina de Buda en China fue en este oasis de Dunhuang en donde hoy nos despertamos. El principal atractivo de este lugar son las denominadas Cuevas de Mogao que visitaremos a mediodía. Se trata del mayor conjunto de grutas budistas no sólo de China, sino de todo el mundo. En total son 492 cuevas que contienen frescos, manuscritos y una infinita colección de estatuas de Buda y de bodhisatvas, los considerados ángeles o iluminados del Budismo.

Estos primeros santuarios budistas están considerados precursores de los posteriores templos. Generalmente se ordenan casi todos de igual manera en torno a un pilar central en el que se encuentra esculpida la imagen de Buda y alrededor, especialmente en los laterales se encuentran numerosos nichos que incluyen figuras de Bodhisatvas, que en muchas ocasiones representaban a personajes públicos de la época, algo que también sucedió en el arte religioso occidental.

Cuando el Budismo comenzó a extenderse, no sólo se trató de una religión sino también de una corriente artística que se puso muy de moda, especialmente a lo largo de esta Ruta de la Seda. Como ya sabemos la Ruta de la Seda no sólo sirvió como eje comercial entre las ciudades que unía sino que también impulsó un interesante intercambio cultural.

 

Por la Ruta de la Seda llegaron el Budismo, posteriormente el Cristianismo, e incluso el Islam hasta China y esta es la razón por la que las principales muestras de estas religiones en China se produjeron y se conservan a lo largo de este eje principal de la Ruta de la Seda en el norte del país. Este ramal principal de la Ruta en esta zona se conoce también en China como el Corredor Hexi y fue la vía principal que conectaba China con Asia Central.

El corredor Hexi se extendía desde el extremo occidental de la Gran Muralla China en Jiayuguan, lo que comenzaba a considerarse como el más allá del imperio, hasta la ciudad de Kashgar. El éxito de la Ruta radicaba en que atravesaba un terreno que bordeaba el sur del desierto del Gobi y el norte del Altiplano Tibetano, algo que influyó de manera natural en la selección de la ruta pues es casi como una garganta entre esos dos accidentes geográficos mayores. Que se impusiera como ruta principal se debe también a la existencia de oasis a regulares distancias del camino.

La visita al complejo de Mogao nos va a saber a poco. Este lugar es como la Capilla Sixtina del Budismo en China, o una de ellas como después descubriremos con otras visitas que realizará nuestra caravana un poco más adelante en el camino.

Hoy podemos visitar 12 cuevas y cada cual nos parece más grandiosa. Nos sorprende el estado de conservación en el que está el conjunto, algo que parece ser debido al clima tan seco de esta parte del desierto. Estos primeros templos budistas comenzaron a excavarse en la roca en las faldas de las montañas, a orillas de un río o en valles con tierras fáciles de moldear y siempre en lugares resguardados del viento.

Especialmente bien se han conservado estas grutas de Mogao en donde destacan de manera considerable el colorido de las pinturas murales y de las estatuas, que todavía son los originales. Lo que no se ha conservado en Mogao han sido los exteriores que solían ser portadas hechas en madera o piedra a imagen de las casas tradicionales chinas, lo que añadía elementos artísticos de influencia china, los únicos,  pues todo el interior reproduce modelos artístico de la India, el lugar de donde procedía.

Cuando el Budismo comenzó a popularizarse en China, la construcción de una de estas cuevas era una muestra de prestigio. Gobernantes, comerciantes así como gente adinerada por diversas otras razones mandaban construir cuevas como las que hoy vemos en Mogao cuya ornamentación competía en belleza, grandeza y estatus social con el resto.

Como era de esperar nos quedamos con las ganas de seguir visitando cuevas pero también se ha hecho tarde y tenemos hambre de modo que nos vamos a comer aunque pasando antes por la tienda de recuerdos. Allí María José compró un cuaderno precioso con pinturas que parecen acuarelas y que imitan los frescos que hemos visto en las grutas.

Yo tengo un diario en el que voy apuntando notas y guardo detalles de mis viajes, a modo de bitácora, como tickets de trenes, entradas a monumentos o incluso algunos billetes de los países por los que he pasado y en donde sobre todo colecciono historias de gente con la que viajo o que conozco durante mis viajes. Y ese cuaderno que compré en una “cartolería fiorentina” ya hace casi 10 años, ya casi no tiene hojas libres. Según veo el nuevo cuaderno de Ana, pienso que me gustaría algo así para continuar mi diario. Vuelvo a la tienda pero creo que ya no les quedan más. ¡No lo encuentro! ¡Vaya una lástima! Tampoco me puedo entretener mucho pues me están esperando... Durante el viaje nos hemos acostumbrados a comer pronto y hoy se nos han hecho las tantas así que mi gozo en un pozo, ¡me quedo con las ganas del cuaderno! Ya encontraré algo similar...

 

Comemos algo ligero avisados por Larry ya que después vamos al desierto a montar en camello. Dunhuang es un oasis en medio del corredor de Hexi, en uno de los extremos sur del desierto del Gobi, que a su vez sirve de frontera natural con Mongolia. Es además una de las zonas del desierto con las mayores dunas del mundo. En algunos casos llegan a superar los 500 metros.

De hecho aunque hasta hoy no sabía que eran de este lugar, las imágenes de estas dunas, conocidas como Dunas Minsha, son imágenes bastante conocidas. Y no sólo en China sino en todo el mundo. Yo ya había visto fotos en alguna ocasión. Las fotos destacan por el dramatismo de tales cantidades de arena que forman verdaderas montañas y terribles depresiones como si fueran una auténtica cordillera pero de montañas de arena.

Las explicaciones de Larry nos aumentan las expectativas. La idea de realizar un viaje en camello por el desierto es algo que a todos nos seduce para terminar de creernos una auténtica caravana de la Ruta de la Seda.

Al llegar al lugar, el entorno es realmente mágico, si no fuera por la gran cantidad de turistas chinos que hay. Como los chinos comienzan a tener un mayor poder adquisitivo, también han comenzado a viajar. El turismo se ha convertido también en una actividad común en el interior de China y esto es uno de los mejores ejemplos de ello. Han convertido esta parte del desierto en un parque recreativo. Además siempre viajen en grupos, que suelen ser bastante numerosos, algo que se explica también por la poca individualidad que tienen, de nuevo como consecuencia de su tradición confucionista.

De todas formas los turistas chinos son muy perezosos y les gustan las actividades en las que hay que gastar el mínimo de energía de modo que aquí se concentran en una de las laderas de una duna y se limitan a subir y dejarse deslizar por la misma.

También hay bastante gente alrededor de la Laguna de la Media Luna, un auténtico oasis en medio del desierto, en donde se construyó una exótica pagoda. A pesar de la gran cantidad de gente, sigue siendo un lugar muy especial y, aunque durante los últimos años la laguna ha reducido su dimensión, algo similar a lo que le ha parecido al Mar de Aral, todavía ofrece esa idílica imagen de cuento de las Mil y Una Noches.

Alejarse del tumulto de turistas chinos no es muy difícil. Basta con subir hasta la cima de la mayor duna para estar más sólo. Aunque en realidad subir hasta esta cima sólo sirve para darse cuenta de que hay muchas otras más y mucho más altas. Caminar por la arena es una misión casi imposible pero la imagen es maravillosa. El desierto tiene algo de hipnótico. Por un lado a lo lejos se ve la caravana de camellos que se van haciendo cada vez más pequeños según se alejan hacia el horizonte, convirtiéndose en sombras; mientras que por el otro lado, valientes exploradores se aventuran a subir la duna contigua y la siguiente y la próxima... superándose a sí mismo pero sabiendo que nunca van a poder superar al desierto.

Después de la caminata por las dunas nos toca montar en camello. Se está poniendo el sol y el vaivén del camello junto con los colores del paisaje me tienen embelesado, me siento casi ebrio. Ya sólo con esta escena y la experiencia de montar en camello a través del desierto del Gobi ha merecido la pena el viaje y hoy es sólo el decimoséptimo día de viaje. Nos quedan todavía 10 días de aventuras y más sorpresas. Tengo la impresión de haber estado viajando durante mucho más tiempo y ni siquiera hemos recorrido un tercio de todo el recorrido que supone el total de la Ruta de la Seda Plus.

 

Después de la gran experiencia del desierto que se ha grabado en mi memoria como una de las puestas de sol más entrañables del viaje y de mi vida, Larry nos tiene otra sorpresa preparada. Nos comenta que en un teatro de Dunhuang se está representando un espectáculo ambientado en la Ruta de la Seda y allí que vamos después de cenar.

El espectáculo resulta ser una combinación de sobre todo números de acrobacia y juegos malabares chinos con una sincronización que roza la perfección. Si en algo son bueno los chinos son en este tipo de espectáculos. Este en concreto con una dirección artística exquisita nos consigue contagiar la magia del carácter más exótico y nostálgico de esta Ruta de la Seda de la que ya somos también parte.

Día 18. De fuertes, murallas y dragones

Dunhuang a Jiayuguan. Ave a Lanzhou 18:45 23:01 (20 de agosto)

Este viaje de la Ruta de la Seda Plus es sin duda una gran experiencia que no tiene comparación. Cada día se convierte en una nueva aventura que en algunos casos nos esperamos pero que en otros, como el final del día de ayer, resultan ser una gran sorpresa.

El día de hoy también va a resultar algo imprevisto y no sólo por las visitas que vamos a realizar, sino sobre todo por lo que vamos a aprender. En principio está previsto visitar el Fuerte de Jiayuguan y el extremo más occidental de la Gran Muralla China. Hasta allí vamos a viajar en autobús bordeando el desierto del Gobi. Salimos muy temprano, al amanecer y ver las primeras luces del alba iluminando el desierto a ambos lado de la carretera hace que merezca la pena el madrugón. La mayoría de los viajeros duermen pero yo y Mayte, los inquietos del grupo, no queremos perdernos detalle. Ella con su cámara. Yo con mi imaginación.

El Fuerte de Jiayuguan era la última frontera del País del Medio, lo que los chinos consideraban los límites de su Imperio. Aquí comienza también la Gran Muralla China que a lo largo de casi 5.000 kilómetros se extiende hasta el Golfo de Bohai en el extremo oriental intentando servir de frontera artificial. Yo ya sabía de la función defensiva de la Muralla, ya había tenido la oportunidad de visitar algunos tramos cercanos y no tan cercanos a Pekín, pero lo que hoy voy a descubrir va a ir más allá de la verdadera naturaleza del origen de la Muralla pues también voy a aprender otras razones históricas que impulsaron su construcción.

Larry nos cuenta que la razón primera de la Muralla viene explicada por las circunstancias geográficas y por consiguiente las económicas y posteriormente las políticas de las dos regiones que separaba: el norte y el sur.

La Gran Muralla China va a coincidir con una isoyeta que es la línea cartográfica que marca una diferencia en la pluviosidad de una región. El norte es un terreno infértil en donde apenas llueve, con un clima muy seco y un terreno inhóspito y desértico o casi desértico, y en el que principalmente se practicaba la ganadería y el pastoreo y por tanto ocupado por pueblos nómadas.

Sin embargo el sur son terrenos en donde llueve, son ricos en loess, muy fértiles y desde temprano dieron lugar a la agricultura y al asentamiento de pueblos que comenzaron un sistema político de pago de impuestos y una sociedad más moderna con un sistema de gobierno y administración pública, el origen de como conocemos la sociedad hoy en día. Es ese el origen de la civilización china, una de las más antiguas del mundo y que todavía hoy, aunque más evolucionada, continúa.

 

Esa civilización tuvo su origen en la cuenta del río Amarillo, una zona por la que vamos a merodear durante los próximos días. En esta región ya en el neolítico se encuentran vestigios de sociedades urbanas. El paso de la prehistoria a la historia en China se va a producir con la formación de lo que se conoce como las primeras dinastías hacia el siglo XXI antes de Cristo.

Estas primeras dinastías llegan hasta el siglo V antes de Cristo cuando comienza un periodo que se conoce como de los Reinos Combatientes y que es cuando comienzan las amenazas de los bárbaros del norte. En primer lugar se produce la amenaza de los hunos que con Atila llegaron a extender su dominio hasta Europa. Es cuando esa sociedad china sedentaria va a comenzar a intentar defenderse construyendo los primeros tramos de muralla.

La construcción del muro va a ser más intensa con la amenaza que supusieron los mongoles que de hecho llegaron a controlar algunos reinos que se asentaban al sur del río Amarillo. Hasta la época de Genghis Khan, en el sur del río se asentaban numerosos reinos independientes, aunque en esta época ya también había comenzado lo que se conoce como la época del Imperio.

La etapa del Imperio Chino se produce con el emperador Qin Shi Huang, el primer emperador, quien comienza a unificar el territorio además de querer unir los diferentes tramos que ya existían de muralla y construir más intensamente otros nuevos. El fundador de la primera dinastía imperial, la dinastía Qin, es hoy más famoso incluso por que su tumba está protegida por el ejército de los guerreros de Terracota de Xi'an, a donde nuestra caravana tiene también previsto llegar en unos días.

Por tanto la Gran Muralla China es el símbolo de una frontera en el espacio pero también en el tiempo y marcó entonces la división entre una sociedad arcaica y nómada dominado por el pastoreo; y una más moderna, sedentaria, agrícola y urbana, origen de la sociedad como la conocemos hoy en día. Sirvió entonces como la frontera entre un pasado y un futuro. ¡Qué interesante descubrimiento!

Yo había estado hace años en Shanhaiguan, el extremo oriental de la Gran Muralla, cuando el Gran Dragón, como la conocen también los chinos, se sumerge en el mar. Estar hoy en este otro extremo es igual de emocionante. Dicen que es la mayor construcción humana y la única que se puede divisar en la tierra desde la luna. Es el símbolo del Imperio Chino y durante los últimos años el gobierno chino se ha preocupado de alentar el mito al tiempo que lo restaura.  Ese tradicional símbolo de su cultura que se identifica con un dragón que serpentea a través de casi todo el norte del territorio de la República Popular de China despierta de su letargo para ser testigo de su nueva hegemonía.

Hay numerosos tramos entre medias en donde la muralla son sólo ruinas o ni siquiera existió pero aquí hoy me doy cuenta de que en sus dos extremos está perfectamente restaurada. Completamente restaurado está también el Fuerte de Jiayuguan, la última frontera del Imperio. Fuera de las puertas de esta fortaleza era donde se enviaba a los deportados, era el más allá, algo a lo que todos los súbditos del Emperador tenían miedo.

Los chinos pensaban que el Emperador por el “Mandato Divino” era el representante del cielo en la tierra. Su Imperio era el País del Medio, aquella tierra entre el cielo y las tinieblas; y éstas comenzaban nada más cruzar las puertas de aquella fortaleza. A partir de aquí se extendía lo desconocido, el lugar donde los poderes divinos del emperador ya no tenían influencia. Nosotros veníamos por tanto de las tinieblas y hoy oficialmente vamos a entrar en el Imperio Chino y a ponernos a merced del Emperador.

 

Después de contarnos todo esto y visitar el fuerte y la muralla, Jerry nos deja de nuevo en la estación pues tenemos un tren a Lanzhou, la capital de esta provincia de Gansú y donde vamos a hacer noche. Nos despedimos de él que ha resultado ser un guía muy simpático y con el que hemos aprendido mucho. 

Teníamos un miedo tremendo al control de la estación de tren, sin embargo en esta ocasión los agentes son más benévolos y no nos abren ninguna maleta. Se nota que ya estamos en territorio del Imperio. Aquí los súbitos ofrecen completa obediencia. Además los poderes del emperador surten efecto de manera que no hay tanto que temer...

Los trenes de alta velocidad en China como también en España son mucho más caros que los tradicionales y aquí ahora no se forma el jaleo para entrar al andén que vimos en la estación de Urumqi. En estos trenes todo los pasajeros tienen asignados asiento de modo que no hay razón para correr. Es más los agentes de seguridad de la estación nos van a invitar a pasar los primeros. ¡Detalle de la hospitalidad china!

Lo que antes bien podría ser un trayecto de hasta 10 o 12 horas, gracias al tren de alta velocidad en 4 horas estamos en Lanzhou, la capital de la provincia de Gansú. Me hace ilusión llegar a esta ciudad pues cuando vivía en Pekín, debajo de mi casa había un restaurante cuya especialidad eran los tallarines fritos de Lanzhou que son conocidos por todo el país. Al llegar a la ciudad se lo comento a Sally, quien va a ser nuestra guía durante los próximos dos días y me dice que intentará complacerme.

Día 19. Una convivencia religiosa ejemplar

Lanzhou – Binglisi – Xiahe (21 de agosto)

El hotel de Lanzhou va a resultar uno de los mejores de todo el trayecto y el desayuno uno de los más completos. La introducción que nos hace Sally de su ciudad y de su región también va a estar a esa misma altura y creo que va a ser la guía que más nos va a gustar en China. Es muy simpática y para todo tiene una sonrisa.

Lanzhou se asienta a orillas del río Amarillo, cuyo curso vamos a remontar durante el día hoy. Ya sabemos que esta cuenca del río Amarillo dio origen a la civilización china. A pesar de lo históricamente fértil de sus campos, la superproducción durante el período comunista y el avance del desierto del Gobi produjeron un efecto de desertificación y que se convirtiera en una de las regiones más pobres de la República Popular.

Para compensar aquel efecto Mao Zedong potenció el desarrollo industrial y químico en la zona y por esta razón yo tenía entendido que Lanzhou era una de las ciudades y regiones más contaminadas de China. Sin embargo hoy brilla el sol y se puede apreciar un bonito azul en el cielo.

Sally nos cuenta que la contaminación en la ciudad y en el río ha mejorado mucho durante los últimos años y cada vez cuentan con más días despejados.

Hoy de nuevo nos vamos a volver a sumergir de lleno en la religión. Primero visitaremos las cuevas de Binglisi, o cuevas de los Mil Budas, otro conjunto majestuoso del budismo en este tramo norte de la Ruta de la Seda de China. Las cuevas no serán tan grandes ni espectaculares como las de Mogao, pero cuentan con esculturas que aunque de un tamaño menor son mucho más finas que aquéllas.

Llegamos hasta la presa de Liujiaxia y desde su puerto el viaje hasta Binglisi es muy bonito pues navegamos en un barco que remonta parte del curso del río Amarillo.

 

El río Amarillo se llamó así por su color. Arrastra gran cantidad de sedimentos de loess que le dan ese color. Sin embargo en realidad tiene color chocolate.

El recinto de Binglisi se encuentra en el Condado de Yongjing que pertenece a la Prefectura Autónoma Hui de Linxia. Contradictoriamente hoy en día en esta prefectura domina la población musulmana.

El pueblo huí son los conocidos chinos musulmanes. Son una etnia que desciende de los mongoles y profesan la religión de Mahoma aunque hoy en día físicamente se distinguen muy poco de los chinos han. La única diferencia es su indumentaria pues los hombres llevan todos el pañuelo de ganchillo que les tapa la coronilla y las mujeres visten una especie de mantilla de terciopelo, que es verde para las solteras y negra para las casadas.

Bonitas mezquitas con fusión de elementos árabes y orientales van a poblar el camino hasta llegar a la presa. El número y la belleza de las mezquitas se incrementará cuando después de la visita a las cuevas retomamos el camino para ir a Xiahe, en donde se encuentra el mayor monasterio budista lama fuera de Tibet.

Xiahe es también una prefectura autónoma independiente, pero en este caso la población es tibetana y practican la religión budista lamaista.

La administración territorial de China es bastante complicada así como diversa su población. En China existen 56 etnias diferentes. El 90 por ciento de la población pertenece a la etnia han pero como ya sabemos también existen uzbekos, kirguises, kazajos, uigures, hui o tibetanos, por sólo nombrar algunas.

Para evitar conflictos la administración central del país concede cierta autonomía y poder de autogobierno a las zonas en donde las minorías étnicas son mayoría. Este es el caso de la Región Autónoma Independiente Uigur de Xinjiang como ya habíamos visto, y de la Prefectura Autónoma Hui de Linxia y de la Prefectura Autónoma Tibetana de Xiahe de hoy.

Por esa razón el día de hoy para mí va a ser uno de los más bonitos. Descubrir las diferencias de estos pueblos y la armonía en la que conviven es maravilloso. Por supuesto hay una cierta violencia que subyace pues quieran o no están sometidos a la hegemonía suprema de la mayoría han que controla el gobierno central y en gran medida decide su suerte pero en sus pequeños universos gozan de esa libertad que les permite seguir viviendo como lo han hecho toda la vida.

Llegar a Xiahe es como entrar en el escenario de un cuento. Da la sensación total de estar en Tibet. De hecho a esta zona se la conoce también como “Pequeño Tibet” y en ella se encuentra el famoso Monasterio de Labrang que los chinos pronuncia como “Labuleng”.  Es el monasterio con mayor número de monjes budistas lamas fuera de Tibet. Y es lo que nosotros venimos a visitar, algo que sucederá al día siguiente.

Llegamos con los últimos rayos de sol pero cuando queremos salir del hotel tras habernos instalado, es ya de noche. El ambiente de este lugar entrada la noche es incluso más especial. Sally nos recomienda dar una vuelta por el exterior del monasterio después de cenar.

Esta noche cenamos en el hotel donde nos alojamos y la comida va a resultar la mejor cena, o una de las mejores, de todo el viaje. Los platos van a ser casi los típicos de una cena china para occidentales: cerdo agridulce, tallarines salteados, ternera con pimientos y otras delicias de la cocina china que ya hemos venido probando pero aquí esta noche saben mucho más rico, algo que en lo que coincidimos de nuevo por unanimidad.

 

El paseo después de la cena nos va a sumergir en un ambiente entre mágico y tenebroso. Los alrededores del monasterio apenas están iluminados lo que nos transporta a la Edad Media, aquella época en la que el monasterio fue construido. La indumentaria de la gente que podemos distinguir entre las sombras contribuyen a este misterio...

Alrededor del monasterio y siempre en sentido de las agujas del reloj se pasean fieles que van dando vueltas a una especie de cilindros de latón al mismo tiempo que dan la vuelta al monasterio. Cada día al menos deben dar una vuelta y contribuir a que esos cilindros sigan en movimiento para ayudar con ello a que el mundo siga rodando. ¡Algo que funciona porque hasta ahora el mundo sigue...!

Día 20 – Y el séptimo día Buda creó el Monasterio de Labrang

Visita al monasterio de Labrang  (22 de agosto)

La visita al monasterio del día anterior me dejó descolocado. Me sorprende que a estas alturas del siglo XXI todavía hay gente que viva de esta forma tan sencilla y tradicional como lo han hecho durante generaciones y generaciones. Pero si algo me ha descolocado a lo largo de la noche ha sido la altura. Estamos a aproximadamente 3.500 metros de altitud y se nota. Yo además soy muy sensible a la altura y además de que no he dormido bien, hoy me levando medio tocado.

El ambiente del monasterio durante el día no va a ser tan tenebroso pero sí va a resultar igual de místico y misterioso. Este es un lugar especial en donde poder sentir una energía diferente. El escenario te sumerge en una escena propia de la película “El pequeño Buda” o “7 años en el Tibet” y la gente con quien nos cruzamos en la calle nos convencen de ello.

Esta mañana tenemos cita para la visita al monasterio hacia las 11:00 de la mañana y hasta esa hora hacemos tiempo visitando otros atractivos dispersos por la ciudad. En realidad la ciudad gira en torno al monasterio y aunque hay una pequeña parte de ciudad moderna, ésta es minúscula. Nos damos cuenta de esto al subir a un mirador a donde nos dirigimos nada más salir del hotel. Desde las alturas podemos apreciar todo el conjunto dominado por el monasterio que se extiende por toda la parte inferior de la falta de una montaña y es enorme.

La imagen recuerda ligeramente a Lhasa y al Potala, aunque el monasterio-palacio de la capital de Tibet es definitivamente mucho más impresionante. Pero el estilo es muy parecido y los elementos arquitectónicos y los materiales utilizados similares.

El Monasterio de Labrang pertenece a la misma familia de budistas lamas cuyo principal templo y antigua residencia del gobierno es el Palacio del Potala de Lhasa, la capital de Tibet. Allí residía el Dalai Lama que era la principal autoridad política y religiosa de esta escuela o linaje del Budismo Tibetano que son conocidos también como Geluk-pa o de los gorros amarillos.

El Budismo Tibetano podría considerarse la secta del Budismo más ortodoxo. También conocido como Vajrayana o Budismo Tántrico es una versión de Budismo Mahayana, una de las dos familias en que se divide el Budismo, siendo la otra el Budismo Theravada.

El objetivo último del Budismo es romper la rueda de la reencarnación mediante la iluminación. Nuestra esencia o alma vive un proceso de nacimientos y muertes que se conoce como Samsara y que sólo se puede superar con la iluminación o nirvana. A lo largo de nuestras numerosas vidas vamos haciendo méritos y aprendiendo para elevar nuestro estado de conocimiento hasta que nos iluminamos, momento a partir del cual no necesitamos volver a nacer.

 

Sin embargo hay algunos seres que a pesar de haber alcanzado la iluminación, deciden volver a reencarnarse para ayudar al resto de los mortales a salir de la rueda del Samsara. Esta es la principal diferencia entre el Budismo Mahayana y Theravada.

El Budismo Mahayana y por tanto también su corriente tibetana creen que los seres ya iluminados pueden ayudar a otros seres a iluminarse, mientras que el Budismo Theravada niega esa posibilidad y atribuye la iluminación única y exclusivamente a un camino de esfuerzo que debe ser personal e individual.

La gran cantidad de monjes budistas tibetanos se debe por tanto a la posibilidad que existe para ello de realizar méritos para que toda la humanidad se ilumine y se acabe definitivamente la rueda del samsara.

Si el Budismo Tibetano es la corriente más ortodoxa se debe al aislamiento de los lugares en donde tradicionalmente se ha practicado que se extienden principalmente a lo largo de la cordillera de Himalaya, un terreno de muy difícil acceso y con muy pocas influencias exteriores hasta prácticamente mediados del siglo XX.

El Budismo Tibetano a su vez cuenta con cuatro sectas o linajes, de las cuales la más conocida es la geluk-pa o de los gorros amarillos y a la cual pertenece el Dalai Lama, así como los monjes de este Monasterio de Labrang donde hoy nos encontramos.

Todo esto y muchas otras cosas más nos contó el monje que nos hizo la visita guiada al monasterio, una visita de de nuevo como cabía esperar nos supo a poco. Después de la visita tuvimos la oportunidad de asistir a la meditación conjunta que realizan todos los monjes del monasterio en una de las principales salas del conjunto. La escena es maravillosa. Aunque la meditación se produce en silencio, la llamada para que los monjes acudan a la misma se realiza con cánticos que se acompañan con la música de instrumentos tradicionales. El ambiente es contagioso y a uno le entra una agradable sensación de paz y las ganas de ponerse a meditar con el resto de los monjes.

Después de la meditación conjunta todavía pudimos deambular a nuestro aire por las dependencias del monasterio que son casi infinitas. Además de monasterio para el retiro de los monjes, Labrang también es una universidad en la que sobre todo destacan las facultades de, ¿cómo no podía ser de otra manera? Teología y medicina.

La medicina tradicional tibetana es diferente de la china y se basa principalmente en el pulso. Un doctor tibetano podría concluir un diagnóstico simplemente tomándole el pulso al paciente.

Tan importante como la medicina también resulta la farmacia y en el monasterio de Labrang la farmacia es famosa por despachar medicinas tibetanas hechas a base de ingredientes naturales que acercan esta medicina a la homeopatía.

Sally nos comenta que ella cada vez que viene compra unos compuestos que venden para regular la tensión y otro que sirve especialmente para la digestión y los problemas de estómago. Y allá donde fueres haz lo que vieres, así que uno detrás de otro nos ponemos en fila detrás de Sally para comprar medicamentos en la farmacia del monasterio.

- Por cierto Sally, ¿no venderán nada para el mareo? - Yo sigo un poco tocado y estoy casi seguro que se debe a la altura. Ella le pregunta al monje farmacéutico que viene con un remedio que compro para ver si me ayuda.

 

A pesar del ligero malestar, en Labrang me hubiese quedado todo el día e incluso el siguiente y una semana y un mes y todavía encontraría rincones nuevos por descubrir, sin embargo Xiahe está rodeado de praderas y el mediodía lo vamos a dedicar a retozar en ellas.

Similares a las de Kirguistán y las de Tax Kurgan, las praderas de Xiahe son infinitas extensiones de hierba en donde se dibujan manadas de caballos delante de montañas que crecen según se alejan hacia el horizonte. En esta zona comienza a elevarse el altiplano tibetano, una región relativamente plana pero dentro del mayor sistema montañoso del mundo, la cordillera de Himalaya.

A la vuelta de las praderas, la tarde de hoy la vamos a tener libre. Yo después de tomarme el remedio tibetano para el mal de altura, me siento somnoliento y necesito echarme un rato. Después de una pequeña siesta me siento como nuevo y tras no haber comido nada en todo el día con hambre y ganas de descubrir la cocina tibetana. ¡Esta noche Sally nos lleva a un restaurante local!

Sinceramente la cena resulto una pequeña desilusión. Los tibetanos ocupados principalmente en cuestiones religiosas, no han desarrollado una destacada gastronomía. Además en el altiplano apenas se da la agricultura de modo que los ingredientes son muy limitados. Al igual que los kirguises,  y otros pueblos de las alturas los tibetanos se ven obligados al pastoreo y por este motivo comen mucha carne. Yo, particularmente, no soy muy carnívoro así que no disfruté mucho la cena. Se me ocurrió también pedir el famoso tsampa que es una especie de puré que hacen los tibetanos con el té y la mantequilla salada de yak que tampoco me resultó excesivamente bueno.

Día 21 – ¡Verde que te quiero verde y picante!

Xiahe – Lanzhou. Tren a Tianshui. 20:52/01:31 (23 de agosto)

Despedirnos de Xiahe nos va a dejar sensibles. Ahora entiendo porque es el lugar preferido de Sally. Es un lugar único. De esos pocos lugares con muy poca influencia del exterior y la poca que recibe no deja que transforme su esencia.

Son apenas las 8 de la mañana y ya estamos de camino hacia Lanzhou. Hoy volvemos a la capital de Gansú para de nuevo montarnos en un tren camino hacia el próximo destino de nuestra caravana: Tianshui en donde pasaremos la noche. Pero antes de eso tenemos un largo día de visitas en Lanzhou y una sorpresa de la que ya casi ni me acordaba...

En aproximadamente 4 horas estamos de vuelta en Lanzhou, después de haber parado por el camino en otro monasterio budista que es incluso más antiguo que el de Labrang. Al llegar a la ciudad es la hora del almuerzo y Sally ha reservado mesa en el restaurante donde sirven los más famosos tallarines de Lanzhou.

- ¡Qué sorpresa! ¡Te has acordado de mis tallarines!

Sally es un encanto y acordarse de la petición que le había hecho de probar los famosos tallarines de Lanzhou cuando nos conocimos al llegar es todo un detalle. Los tallarines estaban muy ricos, aunque yo recordaba los que comía en Pequín mejores. También tuvimos un pequeño contratiempo en el restaurante del que ahora nos reímos, pero en su momento no nos hizo tanta gracia. 

Sally nos pregunta si nos gusta la pimienta, a lo que todos respondemos que sí. Sin embargo nuestros tallarines van a resultar super picantes pero sin rastro de pimienta. Al final descubrimos que se trató de un mal entendido en la traducción y al preguntarnos por la pimienta en realidad Sally se refería a la guindilla picante. ¡Aquellos tallarines echaban humo!

 

En occidente la fusión que preparan los restaurantes chinos de la comida de su país suele estar adaptada a los gustos del país y en raras ocasiones es picante. Sin embargo en China la verdadera comida china suele ser muy picante. A los chinos les gusta mucho, especialmente en las variedades regionales de la comida china del sur: la cantonesa y la sichuanesa.

Hay cuatro principales escuelas de cocina china: la del norte o lu, propia de la provincia de Shandong, y a la que se adscribe la comida pequinesa; la yue del sur o de Cantón, la huaiyang del este o de la provincia de Jiangsu, y la chuan del oeste o de la provincia de Sichuán.

Si hay algún lugar donde yo he visto que la gente disfruta comiendo además de en España, es en China. Lo han elevado casi a la categoría de arte. Cada plato es una perfecta combinación de sabores, colores, aromas, formas y texturas. Y cada mesa guarda un perfecto equilibrio entre ingredientes y valor nutritivo. En una comilona china no pueden faltar diferentes carnes, principalmente ternera, cerdo y pollo, un buen surtido de vegetales, a veces en combinación con la carne; un pescado que se suele servir entero y sopa para regar la digestión. No pueden faltar tampoco ninguno de los sabores principales: dulce, picante, amargo y salado.

Contrariamente a lo que pensamos en Occidente, la comida china no se asocia exclusivamente con el arroz. Sólo la del sur y la del oeste se acompaña generalmente con arroz. En el norte y el este se basa más frecuentemente en el trigo dando lugar a platos como los tallarines y los raviolis rellenos, cuya masa como la pasta se hace con harina de trigo. Esta distinción de ingredientes también responde a la división que ya hemos comentado sobre el clima del norte y el del sur. En el sur llueve mucho más lo que permite cultivar arroz que necesita ingentes cantidades de agua, mientras que el norte que es más seco, más propicio para el trigo y los cereales que no necesitan tanto riego.

Para olvidar el susto del picante nos vamos al Museo Provincial de Lanzhou, un edificio gigantesco que alberga una colección muy interesante para descubrir los orígenes de la civilización china que como sabemos surgió en esta zona. Otra parte de la colección se centra en la Ruta de la Seda, siendo ésta la que más nos llama la atención y a la que más tiempo le dedicamos.

Durante el medio día también tuvimos tiempo de visitar la Mezquita Blanca, el mayor templo musulmán de la ciudad de Lanzhou. Se encuentra en un edificio moderno pero con una combinación de elementos artísticos árabes y orientales muy exótica.

El paseo a la ciudad terminó con la visita a un templo Taoísta, una de las tres enseñanzas que explican la forma de ser y de pensar de los chinos y algo sobre lo que todavía no nos habíamos detenido. La visita al templo va a ser la mejor excusa para explicar cómo y en qué medida ha afectado el Tao a la cosmogonía china.

¿Si hoy en día le preguntas a un chino si cree en Dios o si practica alguna religión, probablemente te dirá que no. Sin embargo si le preguntas si cree en el Feng Shui, casi seguro que su respuesta será afirmativa. De igual modo que en sus hogares intentan respetar la armonía siguiendo las reglas del Feng Shui, también respetan a los padres y antepasados, en algunos casos hasta la negación de su propia individualidad. Esto son sólo un par de ejemplos de como son y como piensan los chinos y ambos consecuencia del Taoísmo y del Confucionismo.

Otros ejemplos son el equilibrio de alimentos en la mesa o lo que les gusta jugar a los juegos de azar o la consulta adivinatoria, por supersticiosos que son; o la obediencia que profesan a padres, abuelos y profesores; o su diligencia al servir a superiores y gobernantes. Todas ellas muestras intrínsecas de su cultura y representación bien del Confucionismo, bien del Taoísmo, o incluso del Budismo y en algunos casos sin posible distinción al conjunto de las tres.

Para los chinos el mundo no ha sido creado por una divinidad sino que gira en torno del qi (energía cósmica) y su manifestación en las polaridades del yin y el yang, la interacción de las fuerzas de la luz y la oscuridad, la tendencia a equilibrar reposo y movimiento o la encarnación de dicha energía en seres mitológicos y divinidades menores cuyo principal representante en la tierra es el Emperador. Así lo describió Lao Zi en su texto místico y oscuro que es la base del Tao, Dao o Daodejing y que se puede traducir como “Camino del Poder”.

Lao Zi fue contemporáneo de Confucio. Vivieron en el periódo de los Estados Guerreros, hacia el 550 antes de Cristo, una época de guerras feudales y continua desarmonía, motivo por el cual Confucio vio que la sociedad se podía mejorar si los ciudadanos se comportaban adecuadamente. Para ello debían adherirse a la costumbre y actuar siempre con propiedad.

La teoría de Confucio redactada en Los Analectas son enseñanzas y discursos que explican el conjunto de virtudes morales y sociales para armonizar la relación entre los gobernantes, los ciudadanos y sus ancestros. Según el maestro chino el sabio más sabio debe ser quien gobierne y con la moral más refinada debe servir de ejemplo para el resto.

Él consideraba 5 virtudes esenciales: benevolencia, corrección, propiedad, sabiduría y confianza que se materializaba respectivamente en la buena acción de las tareas sociales, el trabajo y obediencia a la autoridad, la veneración y respeto del hijo al padre, del gobernado al gobernante, de la mujer al marido y de un amigo para con amigo.

También defendía que si el gobernante deseaba lo bueno, la gente sería buena. De este modo la estabilidad en la sociedad se garantizaba gracias a una élite moral que servía como ejemplo. A esta misma idea recurrió Deng Xiaoping cuando en 1979 convence al Partido Comunista China para abrir su economía al capitalismo y comenzar la etapa que llaman de “Comunismo con características chinas”.

Deng Xiaoping decía que la sociedad debía permitir la creación de una élite económica que inspiraría al resto de ciudadanos a trabajar a favor de la sociedad pero con la recompensa del enriquecimiento personal.

Si Confucio describió la relación del hombre con el estado, Lao Zi se centra en la relación con la naturaleza. El Tao es una ideología muy ambigua. De hecho las primeras líneas del libro de Lao Zi dicen que “el Tao que se puede contar, no es el Tao eterno. El nombre que se puede nombrar, no es el nombre eterno...”. A pesar de todo el camino del Tao se podría identificar con el camino de la naturaleza, el principio y fuente de todo ser vivo y el enlace que une al hombre con el entorno natural que le rodea. Su principio fundamental es la no-acción, entendida como ninguna acción en contra de la naturaleza. Algo que se ha convertido en el principal argumento de los ecologistas chinos que reprochan a sus gobernantes la contaminación actual del país.

 Con la afirmación de las fuentes irracionales y naturales de la vida, el Taoísmo ofreció a la cultura china un equilibrio y compensación a las rígidas costumbres del Confucionismo. En este sentido en China siempre se ha dicho que el hombre perfecto era aquel confucionista de día en sus deberes sociales siendo un administrador o ciudadano virtuoso y un taoista una vez terminadas sus tareas del día a día para dedicarse a la meditación y a la contemplación.

La influencia de las religiones en China se fue tamizando con el tiempo hasta su prohibición total durante la Revolución Cultural en la década de los 60. En aquel momento se cerraron y destruyeron templos y casi se consiguió aniquilar la práctica religiosa. Algunos templos sobrevivieron y otros se han reconstruido con iniciativa privada después.

Actualmente los aspectos de la religión para los chinos, tales como los templos y los símbolos religiosos se han convertido casi exclusivamente en destinos turísticos, pero la doctrina de aquellas tres enseñanzas ha permanecido evolucionando poco durante los últimos 3.000 años y subyace en coco piensan los chinos. Es comparable en cierta medida a las teorías de Sócrates, Aristóteles y Platón para con Occidente.

En el templo Taoísta de Lanzhou no hay nadie. Se conserva perfectamente. Puede que incluso lo hayan reconstruido. Supone una cierta contradicción encontrar un edificio así rodeado de modernidad. Entre altares, capillas independientes unas de otras, y numerosas figuras: algunas representaciones humanas, las más mitológicas... entramos en ese universo místico que supone el Taoísmo, una filosofía muy compleja, tanto como la sociedad a la que sirve.

Así nos da la hora de cenar y para resarcir el error de la comida de mediodía, Sally nos lleva a un restaurante 5 estrellas. ¿Había dicho que en Xiahe cenamos muy bien y fue la mejor cena de todo el tramo de viaje en China? Bueno pues me corrijo... En Lanzhou esta noche también cenamos muy bien, además comida china verdadera, no la fusión que suelen hacer para el gusto occidental. Este último detalle nos hace colocar a Sally en nuestra más alta consideración. Ha resultado definitivamente nuestra mejor guía china hasta el momento. Muy de acuerdo con los preceptos confucionista pensamos que Sally bien podría formar parte de esa élite virtuosa capaz de gobernar y servir como modelo al resto de ciudadanos.

Día 22. En donde el tiempo vuelo y pasa tan despacio

Maiji Shan. Noche en tren a Xian. 00:34/07:02  (24 de agosto)

Esta noche también ha sido corta. Cuando quisimos llegar a Tianshui anoche eran casi las 2 de la mañana. Allí estaba esperándonos David, quien nos acompañará hoy a visitar las cuevas de Maiji Shan. Hemos quedado de nuevo a las 8 de la mañana en lo que parece también va a ser un día largo pues vamos a pasar en Tianshui aproximadamente 24 horas y el programa es intenso. Esta noche hacia la medianoche tomamos el tren que nos llevara a la Imperial Xi'an.

Seguimos en la provincia de Gansú y a pesar del ritmo que llevamos nadie muestra signos de cansancio. La caravana continúa con la misma energía que cuando hace 3 semanas empezamos en Uzbekistán. ¡Guau...! ¡Tres semanas ya! Pienso en Madina y en Uzbekistán, y me da la sensación de estar ya muy lejos en el tiempo y en la distancia y apenas han pasado tres semanas desde que visitamos Uzbekistán al comienzo del viaje... Pero está siendo tan intenso que cada día se extiende como si fuera una semana. Al pensar esto también me doy cuenta de que apenas nos queda una semana de viaje. Hoy entramos irremediablemente ya en el último tercio del viaje.

David resulta ser un tío feliz y muy tranquilo. Transmite una gran calma y tiene mucha paciencia para querer hablarme en chino. Durante el desayuno comentamos lo buena gente que se le ve. Además sabe mucho y le gusta contar las cosas con mucho detalle. Sorprendentemente también añade detalles de su vida personal, algo que hasta ahora ningún guía había hecho.

Cuando llegamos a las cuevas de Maiji Shan, ya nos conocemos la historia con detalle pues David se ha preocupado de hacer la introducción durante el camino. La visita a las cuevas es realmente interesante y David no deja detalle sin explicar. Esto de hecho nos va a acarrear un pequeño contratiempo después...

 

Maiji Shan es uno de los más importantes conjuntos de cuevas de arte rupestre budista de China y de todo el mundo. Cuenta con 194 cuevas entre las que se reparten más de 7.000 estatuas y mil metros cuadrados de pinturas murales. Las cuevas se encuentran excavadas en la roca del precipicio de una montaña y para acceder a ellas hay que recorrer un curioso andamio adosado a la montaña.

A pesar de ser una zona con un clima muy duro y haber sufrido varios terremotos, las cuevas se encuentran relativamente bien conservadas aunque desafortunadamente la mayoría de ellas no se pueden visitar o hay que pagar aparte para poder verlas.  Como David se detiene bastante con los detalles, el grupo decide realizar la visita de manera independiente y reunirnos de nuevo para comer a las 14:00. De todas formas un pequeño grupo nos quedamos con el guía, yo entre ellos. 

La visita a Maiji Shan es espectacular. Resulta increíble que los artistas pudieran tener acceso a determinados repechos de la montaña, especialmente considerando la altura a la que algunas cuevas se encuentran. En algunos momentos, sobre todo en la parte superior del acantilado si miras hacia abajo o hacia atrás para admirar el paisaje entra cierto vértigo. Al mirar el tamaño de algunos de los bodhisatvas esculpidos en la roca también entra una sensación cercana al vértigo. ¡Qué impresión!

Hay 194 cuevas y aunque es imposible detenerse en todas, el grupo que vamos con David paramos en numerosas de ellas. De hecho el ritmo al que vamos a hacer la visita hizo que nos demoráramos para juntarnos con el resto del grupo a la hora de comer lo que creó, y con toda la razón, cierta tensión.

Cuando nos quisimos dar cuenta ya habían pasado las 14:30 y habíamos quedado a las 14:00. En ese momento aceleramos el paso pero a pesar de los esfuerzos llegamos al punto de encuentro con casi 45 minutos de retraso lo que molestó a quienes nos esperaban. Es la primera vez que surge una tensión así en el grupo. Es algo con lo que se debe ser muy respetuoso cuando se viaja de esta manera ya que las muestras de respeto deben ser continúas y evidentes. Esta es la primera que el grupo falla en algo así. Al llegar nos disculpamos y aunque en un principio estuvimos algo incómodos, el percance no trae ulteriores consecuencias.

La relación del grupo y la dinámica que hemos venido teniendo en todo el viaje ha sido muy buena pero tampoco somos un grupo muy uniforme. Hay viajeros a los que les interesa mucho más el arte, mientras que a otros les interesa más la naturaleza, o la fotografía, las compras... de modo que el grupo en diferentes momentos también se deja llevar por sus intereses, lo que es respetable y de hecho crea una diversidad en el grupo que hace que todos tengan algo que aportar. Evidentemente no podemos ser todos iguales pero de todas formas en este viaje sí tenemos todos un principal interés común que es descubrir la Ruta de la Seda y eso cohesiona y hace que el viaje esté siendo un placer y no surjan a menudo contratiempos como este que nos acaba de suceder.

Nos vamos a comer y cuando salimos del restaurante ya nadie se acuerda del retraso. Ha vuelto la armonía al grupo y estamos dispuestos para visitar la Montaña de los Inmortales que con dicho nombre a todos nos genera bastante suspicacia.

La Montaña de los Inmortales es un recinto gigantesco. En él nada más entrar un lago da la bienvenida. Allí se puede alquilar una barca y disfrutar de las tranquilas aguas y la belleza del paisaje. También hay numerosos caminos que a través de las montañas conectan con templos taoístas, confucionistas y budistas, convirtiendo el reciento en un lugar sagrado y especial para las tres principales religiones chinas.

Los templos se esconden bien en cuevas a los pies de la montaña bien en las cimas lo que supone una gran excursión descubrirlos.  Es por este motivo que esta tarde se nos volvió a ir la hora. Pasamos todo el mediodía y hasta bien entrada la tarde descubriendo un templo tras otro y cuando nos quisimos dar cuenta estaba anocheciendo. ¡En esta ocasión, estamos todos juntos!

Al volver al autobús ya era de noche. El último tramo lo hicimos casi a oscuras y con la ayuda de las linternas. La aventura nos pone de buen humor. Algunos viajeros bromean que este lugar hace perder la noción del tiempo y quizá por eso se llame la “Montaña de los Inmortales”. La aventura también nos da hambre así que vamos directamente al restaurante.

David reservó en Tianshui el restaurante donde tuvimos la cena más copiosa de todo el viaje. Pidió tantos platos que al final algunos apenas los tocamos. Su argumento fue que como vamos a tener una noche muy larga pues vamos a estar viajando hasta llegar a Xi'an por la mañana, no quiere que pasemos hambre. Es realmente muy buena gente.

Después de la comilona estamos tan llenos que necesitamos caminar para bajar la comida. Por Tianshui también pasa el río Amarillo y en la orilla se ha construido un bonito paseo que David nos invita a conocer. La vueltecita nos resulta realmente agradable. Tianshui parece una buena ciudad para vivir. Además el paso del tiempo sucede a otro ritmo. Tras el largo paseo todavía vamos a tener tiempo de ir a un pub. Claro, nuestro tren a Xi'an no sale hasta la 1:30 de la mañana de manera que para esperar en la estación decidimos hacerlo tomando algo escuchando algo de música y descubriendo la noche de Tianshui.

El bar donde David nos va a llevar está lleno de gente joven que se alegra de interactuar con nosotros. Hay un ambiente animado y pasamos un rato agradable. Aquí comienza una conversación que yo esperaba, pues es algo que a mí también me sucedió al vivir en China...

Mis compañeros de viaje están sorprendidos de los chinos y les está cambiando la idea que de ellos tenían. En España pensamos que los chinos son muy suyos, muy cerrados, muy introvertidos... Sin embargo una visita a China y verlos en su salsa demuestra que no son tan suyos, ni tan cerrados, ni tan introvertidos... Simplemente nos distancia una gran diferencia cultural que cuando están en su país y los vemos en su contexto se salva lo que hace que se muestren más como realmente son.

Yo cuando me mudé a vivir a China también cambié mi opinión sobre los chinos y ahora sé que en realidad también son muy sociables e incluso amigables y cuando se encuentran con algún extranjero son curiosos y tienen ganas de conocer y hablar con nosotros. Lo vamos a poder volver a experimentar esa misma noche en la estación. El viaje a Xi'an lo vamos a hacer en coche cama y vamos a pasar en el tren toda la noche y entrada la mañana.

Los trenes litera en China tienen también primera y segunda clase. En primera los camarotes son de 4 camas y están cerrados, y en segunda de 6 y están abiertos. Nosotros vamos en primera pero por azares del destino no vamos juntos sino que en algunos camarotes tenemos que compartir con otros pasajeros chinos. Al subir al tren nos vamos a echar directamente a dormir porque es muy tarde. Pero al despertar, el comenzar del día va a ser otra interesante experiencia...

 

 

 

 

Día 23. Bienvenidos a la capital del Imperio

Visita Xian y soldados de terracota (25 de agosto)

Los chinos madrugan mucho y más si viajan en tren. Nada más comenzar a amanecer ya están los pasajeros danzando. Levantarse en un tren chino como todo en este país es un espectáculo. 5:30 de la mañana y debemos estar acercándonos a Xi'an, la imperial Xi'an, la primera capital del Imperio Chino.

En el tren comparto camarote con Mauri y una familia china. La mayoría de las familias en China sólo pueden tener un hijo de modo que suelen ser tres miembros. Los camarotes de primera clase en los trenes chinos tienen 4 literas pero en nuestro camarote hoy viajamos 5 personas. Hay un pequeñín que duerme con la madre en una de las camas de arriba.

Al comenzar el trajín en el tren, nos despertamos, nos levantamos y empezamos a prepararnos para la llegada a Xi'an. El niño sigue durmiendo un rato y cuando se despierta y nos ve a Mauri y a mi en el compartimento le va a entrar un sofocón que vamos a tener que salir para que se le pasara. ¡Dos extranjeros! ¡Con barbas! Nuestra imagen le ha debido de parecer tan alienante como a nosotros nos parece todo y se ha asustado.

Nos vamos a tomar café al vagón restaurante y cuando volvemos, el peque se vuelve a poner a llorar. No hay quien le calme. La madre lo intenta pero sin resultado. Al final comienzo a hablarle al niño en chino y poco a poco se va calmando. Comenzamos a hablar con los padres la típica conversación de donde somos, a donde vamos, qué hacemos en China, qué hacemos en España, cuánto ganamos... y esas preguntas de rigor de una primera conversación con chinos. Al final hasta me hice amigo del niño que cuando llegamos a Xi'an no se quiere despegar de mi.

En el vagón hay otra familia pero el niño no es tan miedoso y le hacen gracia los extranjeros. Los padres intentan hablar con nosotros pero la mayoría no les entendemos. Luego me preguntan a mí porque ya se ha corrido la voz de que me defiendo en chino. Al final medio vagón se va a arremolinar en torno a nuestro camarote. Somos la atracción del tren. Mis compañeros están sorprendidos. Yo ya estoy acostumbrado. A los chinos les llamamos mucho la atención y no son nada tímidos ni discretos para demostrarlo. A veces te miran de arriba a abajo. Otras te comienzan a hablar como si los conocieras de toda la vida. En algunas ocasiones, los más osados se han llegado a acercar a mí y a tocarme la barba y los pelos de los brazos. Para ellos es una novedad pues casi todos son imberbes.

Llegamos a Xi'an, a una estación que es enorme. Es primera hora de la mañana y esta todo lleno de gente. Este es el destino final del tren y la escena de ver bajar a la gente es más tremenda que cuando se accede al andén. Estamos medio desorientados y nos cuesta ver a nuestra guía que debería estar esperándonos ya. Al final nada más salir de la estación encontramos a Patricia, nuestra guía local china en Xi'an, con un gran cartel dándonos la bienvenida.

Patricia habla español perfectamente. Ha estudiado en Murcia en España y le gusta mucho nuestro país. Tiene un fuerte acento chino pero domina la gramática de maravilla aunque también hace los plurales como la gente de Murcia, es decir sin pronunciar las eses finales. Comienza explicándonos el programa del día que también va a ser intenso.

 

Llegamos al hotel, dejamos las maletas, desayunamos y sin tiempo que perder nos ponemos en marcha pues tenemos programada para el mediodía  la visita a los famosos Guerreros de Terracota de Xi'an.

Xi'an fue la primera y más grandiosa capital del Imperio Chino de la antigüedad. Bajo el nombre de Chang'an que significa “Paz Eterna” fue la capital de 12 dinastías diferentes. Su grandeza es comparable a míticas ciudades históricas como Atenas, Roma, Bizancio, Cuzco, Tenochtitlán o nuestra ya conocida Samarkanda.

Hoy en día son pocos los restos que quedan en la ciudad para recordar su grandiosidad. En pie sigue la muralla y algunos otros monumentos pero no son originales o están bastante reconstruidos de modo que la sensación que ofrecen es de una ciudad moderna, sofisticada, y en donde predominan los comercios y centros comerciales como cualquier otra ciudad china contemporánea.

Nos parece increíble que esta ciudad fuera el comienzo y el final de la mítica Ruta de la Seda. Aquí se concentraban todas las mercancías que desde el Imperio se exportaban a Asia Central, a Europa y hasta al norte de África. A Xi'an como sede imperial llegaban desde aquellos lejanos lugares originales inventos, nuevos materiales y valiosos productos hasta entonces nunca vistos en esta zona del mundo.

El intercambio que produjo la Ruta de la Seda fue infinito y aunque está bien documentado, es imposible saber a ciencia cierta todas las consecuencias que produjo. Se sabe sin lugar a dudas que la seda no viajó sola y China llevó a Europa también el papel, la pólvora, lacas y cerámicas, el ingenioso invento de la silla, así como numerosas frutas y flores como las naranja y los albaricoque, la mora, el melocotón y el ruibarbo, las primeras rosas, camelias, peonías, azaleas y crisantemos, entre muchas otras más.

En sentido contrario desde Europa, Persia, Arabia y Asia Central llegaron a China la vid, la higuera, el lino, las granadas, el jazmín, los dátiles y las aceitunas, así como una gran cantidad de hierbas medicinales que atravesaban la Puerta Oeste de la Muralla de Xi'an para entrar en la ciudad después de haber recorrido kilómetros y kilómetros.

Hoy en esa Puerta Oeste existe una caravana de camellos en bronce que conmemora la Ruta. La muralla tiene 18 puertas en total pero esta del oeste era la más importante por ser donde comenzaba y terminaba la que fue la primera y más poderosa red comercial terrestre de la historia de la humanidad.

Pero la visita a la Muralla la vamos a realizar al día siguiente y hoy en primer lugar vamos al Museo Arqueológico de Banpo, muy cerca del centro, aunque en la parte de extramuros. Allí se encuentran las ruinas de lo que podría ser el primero o uno de los más antiguos asentamientos que dieron origen a la ciudad.

La visita nos resultó interesante pero ansiosos como estamos de ver los Guerreros de Terracota, sólo tenemos ganas de llegar allí. Si por algo se conoce a Xi'an hoy en día es por estos guerreros. Descubiertos en 1979 de casualidad por un campesino, forman todo un ejército que como se supo después custodia la tumba del primer emperador chino Qin Shihuangdi, fundador de la dinastía Qin quien fue responsable de la primera unificación que se realizó de los antiguos reinos chinos.

Al ver el complejo funerario de los Guerreros de Xi'an es fácil advertir la ambición de este primer emperador, una ambición que China no ha olvidado nunca y que actualmente vuelve a resurgir con el intento del Dragón Asiático de imponerse de nuevo como la primera potencia económica mundial.

 

El complejo funerario de Qin Shihuangdi contiene aproximadamente 6.000 figuras de terracota que a tamaño natural representan a toda la corte del emperador. No hay dos iguales. Además de las figuras humanas, también se han conservado restos de carruajes, armas y otros elementos que indican el rango o la función social que las figuras humanas desempeñaban en la corte. ¡Son sorprendentes los detalles con los que están realizadas las esculturas!

Visitar este complejo es uno de los hitos del viaje. Están consideradas una de las 7 maravillas de la Humanidad y se trata de un yacimiento arqueológico sobre el que se sigue trabajando. Aparentemente todavía siguen enterradas muchas más figuras de las que se han descubierto. ¡Es simplemente impresionante y nos va a dejar sin palabras!

La mayor parte del día la vamos a pasar deambulando por las tres fosas que se han abierto en la excavación y luego por la tarde vamos a ir a pasear por la Gran Pagoda de la Oca Salvaje, un bonito conjunto que con este exótico nombre agrupa varios templos budistas alrededor de una gran pagoda desde la que se puede observar una de las mejores vistas aéreas de todo Xi'an.

El recinto de la pagoda es también bonito pero a estas horas y después de la emoción de los guerreros y sobre todo, tras haber pasado la noche en el tren viajando, estamos ya a medio gas y queremos ir a descansar un poco al hotel que es donde esta noche también vamos a cenar.

Antes de la cena pudimos descansar un poco y recuperar fuerzas porque por la noche volvimos a salir. Yo había visitado ya el bazar de Xi'an y recuerdo que por la noche era un lugar de encuentro muy animado entre la población local. Nuestro hotel está a relativa corta distancia del barrio musulmán de Xi'an y allí enfilamos nuestros pasos después de cenar.

Xi'an tiene una abultada población musulmana, sobre todo de chinos de etnia hui. El barrio musulmán rodea la icónica Gran Mezquita que es uno de los principales y más antiguos templos que se conservan de esta religión en el país asiático.

Como la mayoría de las ciudades musulmanas, los alrededores de la mezquita principal son un laberinto de callejones comerciales que forman un gran bazar. Así sucede también en el centro de Xi'an.

Para mí el mercado nocturno de Xi'an, muy parecido al de Kashgar, es el más interesante de toda China. Mis compañeros de viaje esta noche también van a coincidir conmigo.

Día 24 – Xi'an, tu nombre me suena a erhu y a ruan.

Visita a Xian y tren a Pekín. 16:00/23:31 (26 de agosto)

Con las exóticas imágenes todavía frescas en la retina del mercado nocturno de Xi'an nos fuimos anoche a la cama y esta mañana nada más desayunar volvemos a dirigir hacia allá nuestros pasos pues en primer lugar vamos a visitar la Gran Mezquita de Xi'an.

Es un edificio impresionante que destaca además de por lo bien conservado que está, y es el edificio original, por la riqueza de detalles con la que se construyó. Es curioso ver la fusión de una mezquita musulmana y un templo chino y esto es lo que se produce en la Gran Mezquita de Xi'an donde se alternan magistralmente elementos artístico chinos como columnas, arcos y cornisas, con arabescos y decoración vegetal típica del arte musulmán.

Los alrededores en donde anoche se extendía el mercado hoy parecen diferentes, están mucho más tranquilos. Al entrar a la mezquita es muy temprano, pero al salir tres horas después ya han vuelto a instalarse algunas tiendas del bazar.

 

Efectivamente la visita a la mezquita duró aproximadamente 3 horas. Es un lugar precioso y prolijo en detalles de modo que después de la visita guiada, Patricia nos dejó un poco de tiempo para visitar y contemplar un poco más detenidamente a nuestro aire.

También tuvimos tiempo de dar una vuelta por el bazar durante el día que es ciertamente diferente al ambiente que hay de noche cuando abundan los puestos de comida y restaurantes callejeros donde pararse a saciar el hambre y la sed. Durante el día numerosos  son los comercios que venden productos de seda en todas sus formas, precios y colores. Muy interesantes también son los artículos de artesanía china.

Del bazar a la Torre de la Campana hay un paso y de allí a las murallas otro. En la famosa Torre de la Campana vamos a coincidir con un espectáculo de música tradicional china en el que van a tener un papel principal el violín chino conocido también como erhu y el arpa o ruan. Se trataba de un concierto benéfico ofrecido por los músicos del Conservatorio de Xi'an que aparecieron vestidos con trajes tradicionales chinos, lo que junto al escenario donde se produce nos transporta a la época de cuando Chang'an era la capital del imperio.

En las principales ciudades chinas solía haber una torre con una campana y otra con un tambor. Servían para marcar el tiempo. La torre de la campana funciona para las horas de antes del mediodía y el tambor marcaba las horas de la tarde. Suelen ser grandes construcciones en forma de fortaleza en las que se podría adivinar una función defensiva pero simplemente siempre tuvieron una función informativa. Especialmente bien conservadas, o más bien restauradas, pero siguiendo el estilo original son estas que visitamos hoy en Xi'an.

El mediodía lo vamos a pasar recorriendo la muralla. Es una imponente construcción de 12 metros de ancho y entre 12 y 14 metros de alto. Es prácticamente una fortaleza. Actualmente se puede recorrer la parte superior en su totalidad, algo para lo que se tardarían varias horas pues tiene un perímetro de 14 kilómetros. Existe la posibilidad de alquilar una bici lo que reduce ese tiempo, sin embargo nosotros vamos un poco ajustados pues nos espera de nuevo un tren, esta vez será el último, para llevarnos a Pekín, la nueva capital del País del Medio y destino final de nuestra caravana.

Llevamos casi 4 semanas viajando y nos parece mentira que esta noche lleguemos a nuestro destino final. Al llegar a Xi'an hemos concluido la Ruta de la Seda, este era el destino de nuestra misión. Los dos días en Pekín van a ser extra aprovechando que es desde allí que sale nuestro avión de vuelta a casa.

Es maravilloso ver como está cambiando China y al ritmo que lo hace. Yo recuerdo que cuando vine a Xian la primera vez, el tren tardo casi 24 horas, fue como un día entero de viaje. Hoy en el tren de alta velocidad apenas serán 8 horas, en un tren que también es sorprendente cómodo.

Llegamos a Pekín poco antes de la medianoche y a una estación la del oeste que yo recordaba pero que no reconozco. Se ha triplicado en tamaño y se ha modernizado. ¡De hecho parece casi un aeropuerto!

El ritmo al que China está alcanzando el nivel de desarrollo de los más avanzados países occidentales es admirable y hace que de hecho podamos hablar de dos Chinas diferentes: la del campo y la de la ciudad, la moderna y la tradicional.

Nosotros con nuestro viaje hemos atravesado el norte de China de punta a punta, desde el extremo occidental en Kashgar hasta Pekín que se encuentra a aproximadamente 200 kilómetros de la costa oriental. Este viaje se puede ver también como una metáfora del paso del tiempo. Kashgar y las lejanas provincias del oeste viven de una manera muy tradicional y como lo han hecho durante toda su vida. Según avanza el camino hacia el este se van incrementando los elementos de modernidad. Por último visitar Pekín es hoy en día una gran contradicción. La ciudad acoge elementos, sobre todo edificios pero no sólo, casi futuristas que conviven con elementos más clásicos como podrían ser los hutones, los barrios tradicionales de la capital china.

Para ser testigos de este contraste en Pekín nos vamos a alojar en un moderno hotel lo que nos va permitir sentir como si estuviéramos en cualquier país desarrollado. Casualmente el hotel se encuentra muy cerca del barrio donde yo vivía y esto me alegra. ¡Me encantan estas coincidencias!

A pesar de que es tarde cuando llegamos al hotel, después de dejar las maletas me voy a dar una vuelta de reconocimiento por el barrio. A simple vista nada ha cambiado, sin embargo como vería los próximos dos días las cosas pueden cambiar realmente rápido en algo más de dos años.

Día 25 –¿Has visto la película los últimos días de Pekín?

Gran Muralla y Tumbas Ming  (27 de agosto)

Yo estaba especialmente emocionado de volver a Pekín. Después de haber vivido aquí 5 años, me marché a finales de 2012 y desde entonces no he vuelto. Hace ya de eso dos años y medio. Pekín es como un hogar lejos del hogar. Me conozco la ciudad casi con los ojos cerrados – o eso creía yo    y muy a pesar de las dimensiones que tiene, pues es una ciudad enorme que alberga a entre 14 y 18 millones de personas, unas cifras que fluctúan considerablemente por que realmente no existe un censo fiable de los residentes ni de esta ni de ninguna ciudad China.

Debido a que durante los últimos años se ha producido y se sigue produciendo un éxodo masivo del campo a la ciudad, para frenarlo China limita el movimiento de sus ciudadanos y en teoría no pueden cambiar de residencia. Hay muy poco casos en los que permiten a los chinos empadronarse en otra ciudad. Uno de los pocos es cuando se casan y los conyúges son de diferentes ciudades. Cualquiera de ellos puede elegir la ciudad de su pareja. A pesar de que no se pueden empadronar, eso no les frena para emigrar a las ciudades en búsqueda de mejores oportunidades y una vida más cómoda que en el campo.

La cuestión del padrón de todas formas la están intentando cambiar ciudades prósperas y populosas como Shanghai a la cabeza de la iniciativa, lo que se explica desde el punto de vista de los impuestos. Shanghai que es la ciudad más poblada de China quiere que sus residentes comiencen a pagar impuestos en la ciudad donde residen y no en la que nacieron y donde por obligación están empadronados.

Este es uno de los muchos ejemplos de la rigidez que gobierna a la sociedad china, esa rigidez que ya conocemos y que viene, sobre todo, del Confucionismo pero que se intensificó durante el régimen comunista, un régimen que a pesar de haber cambiado en lo económico continúa como una dictadura del proletariado en lo social.

El dia de hoy y como colofón a este gran viaje de la Ruta de la Seda Plus vamos a tener el que puede que haya sido el día más intenso de todo el viaje. Hemos acordado con Clara, nuestra guía local de Pekín, concentrar en el día de hoy todas las visitas turísticas de fuera de la ciudad para mañana tener un poco de tiempo libre y poder ir de compras al famoso Mercado de la Seda de Pekín, algo que para lo que no tuvimos que negociar mucho pues la idea seduce a la mayoría del grupo. ¡Una nueva unanimidad!

 

Pekín o Beijing como el gobierno chino quiere que se llame la ciudad ahora, es una ciudad enorme y los lugares que vamos a visitar se encuentran en las afueras lo que supone atravesar la ciudad de un extremo a otro. El día va a parecer una carrera contrarreloj pero nos va a dar tiempo a todo lo que teníamos planeado e incluso también a ir al teatro.

Yo había comentado al grupo que en Pekín había numerosas posibilidades de asistir a diferentes espectáculos. Algunos viajeros están interesados en la ópera de Pekín pero mi experiencia por todos los años que viví en la capital china y los de amigos que durante aquél tiempo me visitaron, creo que el espectáculo que más merece la pena es el de las acrobacias. De modo que para concluir este maratoniano día vamos a asistir a una representación de números acrobáticos chinos.

El Templo del Cielo, el tramo de la Gran Muralla China de Badaling, que es el más cercano a la ciudad y uno de los más impresionantes al estar totalmente reconstruido; las Tumbas Ming, en donde visitamos el Camino Sagrado, y el Palacio de Verano nos ocuparon la mayor parte del día. Todos son lugares excepcionales y aunque con una diferente naturaleza son los mejores vestigios para representar la grandeza de esta civilización china: un templo, la muralla, un mausoleo y un palacio.

Un templo que es en realidad el templo. Hasta el Templo del Cielo caminaba el Emperador en procesión durante las dos épocas de cosecha del año y allí se encerraba durante 3 días para pedir los favores de los dioses y que resultaran buenas cosechas. Como ya hemos mencionado el Emperador, legitimado gracias al “Mandato del Cielo”,  era el representante de los dioses en la tierra y por tanto el responsable de que cada año se produjeran buenas cosechas. Si no lo conseguía arriesgaba verse depuesto.

Las dinastías chinas se suceden en ciclos mientras los gobernantes conservan sus virtudes y sabiduría. Pero si no son capaces de aportar el bien, los súbditos tienen el derecho a rebelarse. Esto es algo que continúa. De modo que nadie asegura a la dinastía del Partido Comunista Chino que vaya a ostentar el poder de manera eterna. Por ese mismo motivo el gobierno chino teme que si el crecimiento económico no continúa estable al nivel de los últimos años, los ciudadanos pueden pensar que sus gobernantes ya no son capaces de aportar el bien a la sociedad y decidan querer cambiarlos.

El tramo de muralla de Badaling además de ofrecer una vistas preciosas, también sirve para explicar la verdadera naturaleza de su construcción. En un principio se creó con una naturaleza defensiva pero en realidad no siempre consiguió parar a los pueblos del norte a los que quería disuadir. Si sirvió por el contrario como un perfecto medio de comunicación para el envío de señales que eran de humo durante el día y con fuego por la noche.

Las Tumbas de los Emperadores Ming representan al mismo nivel la ambición y poderío de la civilización china. El mausoleo acoge en su conjunto la tumba de 12 emperadores, 23 emperatrices, de funcionarios de alto rango de las cortes, así como a las concubinas imperiales. Es una conjunto gigantesco del que nosotros sólo vamos a visitar el auspicioso Camino Sagrado, el tramo de la entrada protegido por los animales sagrados de la mitología china.

El Palacio de Verano es igualmente un palacio en mayúsculas y lo que más nos va a gustar de hoy. De hecho nos hubiésemos quedado muy a gusto todo el día. Además de las dependencias del palacio, en el conjunto existen templos, jardines y un gran lago en el que poder pasear en barca. De hecho desde el centro de Pekín hay un canal que conecta con este lago.

 

Las visitas del día nos sugieren la pompa, la grandiosidad y la magnitud que tiene esta cultura. Y el espectáculo de acrobacias de la noche va a combinar esas tres cualidades con la valentía, la soberbia y el riesgo para terminar de definir hacia donde va la China contemporánea.

Yo ya había visto el espectáculo varias veces pero esta vez han añadido un par de números nuevos que nos hicieron salir del teatro boquiabiertos. ¡Qué pasada!

Después del espectáculo y hambrientos como estábamos nos fuimos a cenar a mi restaurante favorito de Pekín. Se trata de un restaurante cantonés cuya especialidad son los dim-sum, pequeños platos típicos del sur de china que bien podrían considerarse como las “tapas chinas”.

La cena a base de dim-sum es algo que el grupo todavía no había probado y a todos nos encanta. Después del teatro la posibilidad  de cenar a un horario más cercano al español también nos complace. En Pekín, como en cualquier gran ciudad que se precie, hay restaurantes abiertos las 24 horas del día. Este horario nos va a ir acercando a la hora a la que cenamos en España. ¡Y es que en menos de dos días estaremos de vuelta en casa!

Día 26. Hasta aquí hemos llegado y volveremos

Visita a la ciudad. Por la noche al aeropuerto (28 de agosto)

Después del acelerado ritmo del día de ayer, hoy estamos derrotados. Hemos decidido comenzar el día un poquito más tarde y son las 9 y todavía estamos desayunando. Hemos quedado a las 10:00. El buffet del hotel es algo también a considerar y hoy desayunar nos lleva más tiempo que de costumbre. Hay absolutamente de todo y no sólo chino u occidental, sino también hasta japonés. ¡Desayunar sushi puede resultar bastante exótico!

Pero lo realmente exótico después de tantos días viajando es el café. ¡Café de verdad! ¡Expresso, capuccino, con leche.... pero café!

Visitar el centro de Pekín es menos estresante que andar contrarreloj como hicimos ayer. Además es un gusto. No hace demasiado calor, como suele suceder en esta época del año, ni hay contaminación. Seguramente ha llovido los días antes de nuestra llegada y se la llevado la nube tóxica.

Ahora que lo del estrés va a ser relativo porque el día para ser el último también nos va a sorprender con alguna que otra desventura...

La famosa Ciudad Prohibida, el parque de la Montaña de Carbón, la Casa Museo del Príncipe Gong y el hutong –  barrio típico pekinés de callejones y patios – que se encuentra alrededor del lago Baihai, muy cerca de la Ciudad Prohibida, está todo en lo que se conoce como el Pekín Antiguo o Imperial. Son en definitiva los alrededores del palacio imperial o también llamado La Ciudad Prohibida y la Plaza de Tiananmen.

Vamos a disfrutar enormemente de las visitas, sobre todo con este clima, pero si algo nos va a cautivar, y yo lo sabía, es el hutong del lago Baihai. Es uno de esos escenario, posiblemente el último de este viaje, que te transporta a otro lugar y a otra época. Está complemente reconstruido pero en el estilo original y además de todavía albergar hogares de familias locales, entre los callejones y plazuelas también se pueden encontrar comercios tradicionales del Pekín de toda la vida como tiendas de dulces artesanos, librerías y estudios de artistas pintores, escultores y miniaturistas.

Las tiendas y viviendas de un hutong se organizan en torno a un patio y a las afueras del mismo se encuentran los baños públicos que son compartidos por varios patios de una misma comunidad. A pesar de que para algunas cosas Pekín está a la cabeza de la modernidad del siglo XXI, para otras sigue estando anclada en el tiempo.

 

Para comer Clara nos va a sorprender con un restaurante de pato laqueado o pato pekinés, esa delicia de la gastronomía capitalina que hace que la piel del pato resulte especialmente crujiente. Tanto el ritual para cortarlo como lo ceremonioso de la preparación de los rollitos como se come nos mantuvo ocupados durante el almuerzo.

El pato no fue lo único que comimos sino que de guarnición había todo el ejército de platos chinos, la mayoría de ellos ya conocidos, con los que nos habíamos estado deleitando los últimos días. Hoy para ponerle la guinda al pastel y como ultima comida en China – ya que la cena la haremos en el aeropuerto – vamos a pedir a la carta y para ello nos pusimos de acuerdo en los platos que más nos habían gustado durante todo el viaje. Resultó emotivo el último brindis todos juntos y nos dejó un poco sensiblones.

Para no dejarnos caer en la nostalgia nada más terminar de comer nos vamos de compras al famoso Mercado de la Seda. A mí particularmente siempre me agobió este mercado. Hay demasiada gente y las vendedoras suelen ser bastante bruscas hasta el punto de llegar a agarrarte. Sin embargo cual fue mi sorpresa al llegar. Al parecer el edificio ha estado cerrado casi un año y lo han remodelado. Ahora parece mucho más un Corte Inglés que un bazar asiático. Parece que les han cambiado hasta los modales a las dependientas. ¡Que grata sorpresa!... Eso sí sigue siendo el mismo mercado en donde poder comprar cualquier producto de imitación ya sea un bolso, un reloj o un traje de supuestamente alta costura. Y si eres bueno regateando por un precio bastante módico. ¡Eso no ha cambiado!

Como a mí no me apasiona realmente el mercado, comento que me voy al que es mi lugar favorito de Pekín, la Gran Mansion de Libros de Xidan  (西单图书大厦) . Recuerdo que cuando tenía tiempo libre me pasaba las hora muertas en este templo dedicado al libro. Son 6 plantas repletas de libros, cuadernos y otros productos de papelería, agendas, diarios, mapas, pinturas, tintas: china y químicas modernas, todo tipo de papeles y pinceles para hacer caligrafía, cartillas de caligrafía para niños y no tan niños que también quieren aprender... Para mí es como un parque de atracciones. Podría vivir allí sin acordarme de comer.

Conmigo viene la mitad del grupo que ya se ha saciado de las compras en el Mercado de la Seda. Allá vamos los 7 a la aventura... Por primera vez en el viaje vamos a tomar el transporte público. Nos metemos en el metro, desde donde estamos es línea directa, no hay que hacer transbordo, de hecho son unas pocas paradas.

Estamos emocionados por ir en metro. Yo por volver a hacerlo y ellos por descubrir algo más de la vida local de esta megalópolis. Lo primero que llama la atención del metro de Pekín es, como todo en la ciudad, las dimensiones que tiene todo. Las andenes de estación son muy largos para acomodar la longitud de los trenes. Estamos en una ciudad hiperpoblada y todo tiene un tamaño mayor de lo normal. Algo que contrasta con el tamaño de lo chinos, pues suelen ser bajitos.

Llama la atención la gran cantidad de gente que utiliza el metro en Pekín. No es hora punta todavía pero está a reventar y eso que el tren pasar con bastante frecuencia.

A mí lo que más me llama la atención es el nuevo mapa del metro. Como ha crecido. En sólo dos años se han duplicado las estaciones y hay numerosas líneas nuevas. Está irreconocible. Me quedo hipnotizado imaginando viajes que antes tenía que hacer en combinación con otros transportes y que ahora se podrían hacer enteramente en metro. ¡Que gran avance!

 

La librería sigue siendo el mismo paraíso de siempre. Yo a pesar de que intento contenerme, no pude resistir la tentación y compré varios libros y cuadernos para hacer caligrafía. Todos salimos encantados. Consu hasta se compró un método para aprender chino.

Ahora que la verdadera aventura vino después de la librería. Habíamos quedado con el resto del grupo en la Plaza de Tiananmen para ver la bajada de bandera. Con la salida y la puesta del sol se organiza el izado y la bajada de bandera, una pequeña ceremonia en la que los chinos le rinde homenaje a la patria. Se produce justo enfrente de la puerta principal de la Ciudad Prohibida, aquella dominada por la icónica pintura de Mao Zedong.

Sin embargo la plaza va a estar cerrada con motivo de los ensayos de un espectáculo que se representaría próximamente, algo que suele ocurrir a menudo en Tiananmen. Ni siquiera el metro servía ya las dos paradas que ocupa la plaza y esta tarde pasa de largo sin parar en ellas. Intentar alcanzar la plaza va a ser una pesadilla. Además no teníamos teléfono local para poder avisar a Clara.

Al final después de dar muchas vueltas intentando llegar hasta la plaza, desistimos. Se nos ha hecho tarde de modo que debemos contactar a Clara para buscar un nuevo lugar de encuentro. ¡Que estrés! El tiempo pasa y nosotros debemos salir para el aeropuerto pues tenemos un avión que no podemos perder.

Consigo que alguien me deje su móvil para llamar a Clara. Hablo con ella y me dice que tampoco han podido llegar a la plaza. Quedamos en vernos en media hora en la puerta principal del Teatro Nacional. Allí esperamos y esperamos pero no vienen. Se nos ha hecho de noche y no vemos a nadie a quien poder pedirle el teléfono para volver a contactar a Clara.

De nuevo por fin consigo hablar con ella y me dice que no han podido cruzar al otro lado de la plaza que todo está cortado y que están dando una vuelta muy grande pero que nos esperemos sin movernos de allí pues vienen seguro. Al final son las 8:30 cuando vemos a Clara llamarnos desde la distancia. Han tenido que aparcar el bus lejos del teatro porque los vehículos no pueden acceder. ¡Ufff, menos mal que nos han encontrado!

Ya de camino al aeropuerto nos podemos relajar en el autobús. Nos vuelve a entrar cierta nostalgia.

La mayoría de los viajeros vuelven a sus hogares vía Madrid, pero tres de ellos volarán directamente a Barcelona y desde una terminal diferente, de modo que se acerca la hora del adiós. Yo por mi parte también tengo que despedirme en el aeropuerto ya que me quedo unos días más a disfrutar de Pekín visitando a algunos amigos que todavía quedan por aquí y luego vuelo directamente a Birmania, mi nuevo hogar lejos del hogar.

Experimentar y compartir esta Ruta de la Seda Plus ha sido un gran placer y nos ha convertido en grandes amigos. Las aventuras no sólo ponen a prueba sino que también unen. A partir de ahora pasar por Asturias supondrá saludar a Marian y a Juan Carlos, igual por Coruña con Consu, por Salamanca con Miriam, Mariajo y Ana; por Valencia con Maria Jose y Alberto; por Barcelona con Mayte y Joan o Maurí; o volver a Madrid y recordar las aventuras de nuestras caravana con mis paisanos Maripaz y Javier.

Han sido 27 intensos días de inolvidable Ruta. Si la historia no ha conseguido olvidar a la Ruta de la Seda, menos lo haremos nosotros después de habernos deleitado con su música, contemplado sus paisajes, sentido sus olores, experimentado sus sabores.... Es un bonito viaje que merece mucho la pena. Más cuando se comparte de la forma en que nosotros lo hemos hecho. Gracias compañeros y gracias a Rutas 10 por ofrecerme la oportunidad. El año que viene si existe la posibilidad, aquí estoy de nuevo, a su disposición.

Por Daniel Calderón